Grada azulada, cubierta grisácea, césped cuidado y puerta cerrada. El Helmántico se lo quedó Hacienda. Arrancado de las manos de todos los que lo sostuvieron durante los últimos años, dejándolo mudo y vacío, se puso a subasta y nadie quiso pujar por él. Un estadio que ya solo alberga recuerdos, 90 años de fútbol, gritos y llantos que resuenan en el eco de un graderío que va acumulando polvo. La Unión puso punto y final bajo la atenta mirada de los que quisieron salvarla y viendo la espalda de los que pudieron hacerlo. Casi dos años después la afición que unía un mismo sentimiento ha ido dividiéndose en maneras de pensar, de hacer y recordar un símbolo de Salamanca. Coexisten, en definitiva, tres actitudes delante de la muerte deportiva en una ciudad que desde entonces divaga huérfana de un equipo de fútbol referente.

Sustitutivo emocional

El último de los presidentes que tuvo la Unión, Juan José Hidalgo, tampoco fue capaz de salvar el club, como prometió, pero en junio de 2013 y cuando acabó todo, él tenía pensado un plan. Sus intenciones eran refundar el equipo, sin deudas, aprovechando su imagen, su categoría y su historia. Este propósito desató la rabia del grupo mayoritario de seguidores de la Unión que, sintiéndose profundamente ofendidos y traicionados, vetaron enseguida la iniciativa que a la postre fue detenida por la RFEF y el Consejo Superior de Deportes. Las voces que se oponían a la refundación sonaron con tanta fuerza en la capital charra que Hidalgo quedó defendiendo prácticamente solo su nuevo Salamanca Athletic Club, que de momento no es nada más que un proyecto.

Paralelamente a todo este proceso apareció en escena el Club de Fútbol Salmantino, que hoy por hoy puede presumir de ser el equipo que reside en categoría más alta, Tercera. Nació a partir de la adquisición de los derechos de la cantera de la Unión antes de que ésta desapareciera, y por eso mismo no acaba de ser vista con buenos ojos por un sector de la afición que sostiene que por motivos éticos no puede apoyar esta iniciativa.

Homenaje continuo

Mientras toda España lamentaba el fin de la histórica Unión Deportiva de Salamanca hubo un grupo de socios, accionistas y peñistas que se negaron a quedarse de brazos cruzados. No podían vivir sin fútbol. Tampoco podían aficionarse a otro equipo, de esos ya hay bastantes en la ciudad. Así que, activos desde el principio contra la refundación del club de toda su vida y enfrentándose a la directiva cuando ésta afirmaba que era la única solución, apostaron por una idea que les permitía seguir siendo fieles a sus valores. Aquellos que, como ellos mismos afirman, les dejó en herencia la Unión. Su equipo nunca podía ser reemplazado, pero si homenajeado. ¿Cómo? Con fútbol modesto.

El club Unionistas de Salamanca CF nació pocas semanas después del fin de la Unión. Arrancó entonces una aventura que llenó de voluntarios las oficinas de una nueva plantilla de regional, la categoría más baja del fútbol salmantino, y su formación consistió en la captación de socios y ayudas publicitarias que tendrían que compaginarse con la difícil tarea de convencer a los fieles de la Unión que en ningún caso se trataba de sustituirla, sino al contrario, recordarla y evitar que con los años llegue a olvidarse. Un año sin fútbol repleto de marketing online, formación de la cantera, búsqueda de instalaciones y construcción de una primera plantilla competitiva.

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“Durante meses no teníamos ni terreno de juego, ni jugadores ni cuerpo técnico. Afrontamos muchísimas críticas exteriores porque nos veían como un club virtual, además de la dificultad de conseguir transmitir el mensaje de que no éramos unos embusteros”, explica a Panenka.org Miguel Ángel Sandoval, vicepresidente del Unionistas FC. “Hidalgo quería copiar sus colores y aprovecharse de su historia. Como para nosotros la Unión nunca más será recuperable, luchamos para que el nuevo club no sea confundido”, añade. Para conseguir dejar clara la diferencia entre el club histórico y la entidad que la homenajea, se decidió mediante el voto de sus socios la equipación de Unionistas –que en ningún caso podía presentar la misma distribución que la mítica Unión–, el escudo representativo –donde luce el emblema “ad astra per aspera” (“hasta lo más alto por el camino más difícil“)–, y el himno que, por votación popular, lo interpreta un grupo de ‘metal’ salmantino.

“Ahora estamos primeros a 6 puntos del segundo” afirma Sandoval. Pero el primer ascenso de la historia del club no es lo que más preocupa a sus fundadores. “Sería genial ir escalando categorías hasta llegar a una liga nacional, pero no podemos olvidar que nuestro principal objetivo es recordar lo que para nosotros fue la Unión, los días de su nacimiento y muerte son fechas marcadas en nuestro calendario y en las que siempre haremos actos conmemorativos”, declara. En este aspecto resulta imprescindible el contacto entre generaciones. La memoria que abuelos, padres, presidentes y entrenadores transmiten a hijos y jugadores de la escuela será la que perpetúe aquello que duró 90 años. “Todos nosotros somos seguidores de la Unión desde que éramos pequeños, nos hemos criado en el Helmántico, así que cuando vemos que los niños miran el escudo que luce en nuestras instalaciones les contamos lo que fue ese club para nosotros. Les decimos que una vez vivimos enfrentamientos épicos contra el Atlético y el Barcelona y que la Unión nunca se rendía, que llevaba el nombre de la ciudad por todos los sitios”, concluye. Algún día serán estos jóvenes, que ya no pudieron disfrutar del equipo de sus generaciones anteriores, quienes tendrán la responsabilidad de evitar que caiga en el olvido. Por el momento, son un equipo de regional con casi 2.500 socios, algo insólito para una entidad de esta categoría a la que se le empiezan a quedar pequeñas las instalaciones.

De espaldas al fútbol

Fueron peñistas y miembros de grupos de animación, también fieles aficionados y hasta aquellos simpatizantes que siguieron de reojo el equipo de su ciudad, motivo de orgullo histórico y atracción turística durante tanto tiempo. En todos los estamentos del club hubo a quienes la muerte de la Unión los dejó apáticos, vacíos y sin ánimo ni intención de seguir creyendo en un fútbol en el que el dinero lo decide todo. Ateos tras la decepción y completamente en contra de apoyar proyectos que puedan suplantar la identidad del club charro, son muchos los que desde junio de 2013 viven huérfanos de equipo.

Uno de los miembros de la peña Imperio Charro, Jesús Macías, recuerda el momento en el que su teléfono móvil le confirmó lo que tanto temía. Cómo él, muchos de sus compañeros de la joven peña sentirían impotencia de haber fracasado en su intento de evitar que llegara ese día; todas las iniciativas para captar socios y capital habían servido para poco más que para constatar lo cuantiosa que era la deuda que arrastraba el club y que quienes llevaban las cuentas tenían otras prioridades.

“Nuestra peña nació en 2007, a través de Internet, y con la única intención de reanimar a la afición que hacía unos años que se mostraba plana” explica Jesús Macías, “Aunque nunca llegamos a ser una referencia a nivel de animación en la estructura de la Unión, descubrimos con nuestra peña una nueva manera de animar al equipo, mucho más activa, comprometida”. Sin embargo, el concepto ‘desaparición’ empezó a escucharse en las gradas del Helmántico demasiado pronto para un grupo de jóvenes que había encontrado en el equipo una razón de ser. “Sabíamos que la situación era adversa, pero no nos creíamos que esto llegara a suceder” admite Macías. “Y en el momento que más estábamos creciendo como aficionados, nos la quitaron. Y con ella también nos quitaron la eterna esperanza charra de volver a épocas pasadas, cuando la Unión era la Unión”, sentencia.

Como Imperio Charro había en Salamanca otras muchas peñas, sectores y grupos de animación y todos ellos, sin excepción, cesaron totalmente su actividad una vez se puso el candado a las instalaciones que les habían visto crecer. Perfiles de redes sociales, blogs y webs sin contenido desde ese recordado junio son hoy la única prueba de que existieron. Desde el anonimato y ocupando en algunos casos los domingos con mucho fútbol pero sin sentimiento guardarán ese luto para siempre.

La vida sigue en la provincia salmantina. El CD Guijuelo siempre ha sido uno de sus mejores equipos y cada fin de semana tanto ellos como el Salmantino se reparten la atención mediática con el incipiente Unionistas FC. Aun así, el vacío que dejó la Unión es notable. Con el paso de los meses el Helmántico ha pasado a ser carne de promesas, de futuras renovaciones y proyectos municipales que muy probablemente acaben llevándose a cabo cuando Hacienda ceda su uso al ayuntamiento de la capital. Mientras tanto, una empresa privada se encarga de conservarlo en perfecto estado, por si acaso.