La Primera Guerra Mundial pilló a Italia en una dicotomia, entre dos mares, chapoteando por las aguas de la Triple Alianza, pero sin tenerlo del todo claro para tocar suelo firme y unirse al frente junto a Alemania y el Imperio austro-húngaro. Los transalpinos entendieron el acuerdo sellado en 1882, y reafirmado en años posteriores, como un pacto ante posibles amenazas ajenas. Si nos atacan Francia o Rusia, nos defendemos juntos, sí. Si el que ataca es uno de nuestro bando, ahí ya la cosa cambia. Así leyeron los italianos la letra pequeña de la Triple Alianza y, por ello, cuando en 1914 Austria-Hungría decidió atacar Serbia tras el asesinato de Francisco Fernando sin el conocimiento de los italianos, estos se abstuvieron de entrar en el conflicto. Aquello, sumándose a la tensa relación existente desde hacía ya un siglo entre helvéticos y transalpinos por la propiedad de regiones históricamente italianas por parte de los austriacos, acabó desembocando en un giro en los acontecimientos en 1915. El 26 de mayo de aquel año, Italia declaraba la guerra al país vecino, al imperio que hasta hacía poco tenía como aliado.

Como en todo conflicto bélico, el balón quedaba en casi todos los rincones involucrados en un segundo plano. A Inglaterra le dio tiempo de acabar su liga a duras penas. Mientras el resto de deportes del país ya habían bajado la persiana, el Everton conquistó la última liga antes del parón por la guerra en 1915. En Alemania, el fútbol tuvo un punto y aparte a finales del año anterior, conquistando el Fürth su primer título. Y el campeonato francés cerró el telón al acabar la temporada 1913-14, con el extinto Olympique Lillois como campeón.

Al fútbol italiano la incursión del país en la Primera Guerra Mundial le cogió a contrapié. Por aquel entonces, el calcio estaba organizado de una manera un tanto caótica. No era una liga como tal, pues la competición se dividía entre los clubes del norte y los del centro meridional, que sumaban apenas tres participaciones en un torneo donde el norte cobraba mayor relevancia. A partir de ahí, con 52 clubes en la Prima Categoria, el campeonato gozaba de diversas etapas. La primera, una fase regional en la que los del norte quedaban encuadrados en seis grupos de seis y los tres primeros de cada uno -a excepción del Grupo F, con solo dos plazas- pasaban a la siguiente fase. Los clubes de la Toscana y el Lacio, las regiones centrales del país, formaban dos liguillas de ocho y seis participantes, respectivamente, en las que los dos primeros accedían a la siguiente fase. Y los clubes meridionales, de Campania, siendo únicamente el Internazionale Napoli y el Naples, debían jugar una semifinal entre ellos para acceder a una nueva ronda.

 

Cuenta la historia que la federación italiana decretó al Genoa campeón, argumentando que iba líder en su grupo y que la Lazio no ganaría en una hipotética final

 

Así, la segunda ronda constaba de cuatro grupos de cuatro en el norte, con un único lugar para la liguilla final de cuatro en la que se decidía quién sería el finalista norteño del campeonato italiano. En aquella última ronda se encuadraron Genoa, Inter de Milán, Torino y Milan. Y solo tres días antes de que Italia decidiera entrometerse de pleno en la Primera Guerra Mundial, debía disputarse la última jornada para conocer al finalista. El Genoa visitaba a un Torino que le pisaba los pies a solo dos puntos en la clasificación. El Inter, empatado a puntos con los turineses, recibía al Milan, ya fuera de la lucha. Pero ni el Genoa viajó a Turín ni hubo derbi en Milán.

Por otro lado, en la Italia central ya había concluido la segunda fase. La Lazio se había impuesto con cinco victorias y una sola derrota a Pisa, Roman y Lucca. Esperaba el partido de desempate entre Internazionale Napoli y Naples, después de que ambos ganaran sus respectivos encuentros ante su afición, en una eliminatoria que ya había tenido su desenlace un mes antes pero que tocó repetir por irregularidades en las alineaciones del Internazionale. Pero aquel partido nunca se dio y la Lazio no tuvo rival. La liga nunca se acabó. El pallone quedó a un costado mientras el frente italiano libraba interminables batallas en los Alpes ante los austro-húngaros, se sucedían las revueltas civiles y el país caía en 1917 en una crisis social y económica de la que le costaría tiempo salir.

Al acabar todo aquello, con el fin de la Primera Guerra Mundial, el balón regresó al pasto. Y con él, una decisión inexplicable. Cuenta la historia, pese a no existir documentos manifestantes, que la federación italiana (FIGC), en mayo de 1919, decretó que el Genoa sería el campeón de la Prima Categoria 1914-15, argumentando que en el momento de la suspensión de la competición iba líder en su grupo y que la Lazio no tenía nivel suficiente para derrotar a aquel Genoa en una hipotética final. Pese a las teorías, el primer escrito oficial acerca de la resolución definitiva de la liga 1914-15 data de 1930, con la publicación del cuadro de honor del Anuario italiano giuoco del calcioAquella polémica decisión de la federación, sin bases ni lógicas para decretar a un campeón que no tenía ni un lugar asegurado en la final, aún hoy, más de un siglo después, despierta controversias y discrepancias en el fútbol italiano. Desde diversos sectores ‘laziales’, en 2016, se pidió a la FIGC una revisión de aquel título, motivando al organismo a decretar campeones tanto a genoveses como a romanos, después de demostrarse que no había ninguna resolución, como tal, que adjudicara el torneo al Genoa. Un año después, llegó la réplica de los ‘Rossoblù’, defendiendo la validez de aquel título y del Genoa como único campeón de la temporada 1914-15.

Mientras las ligas miran de qué manera concluir las competiciones nacionales e internacionales en pleno confinamiento a causa del Coronavirus, al respecto de aquel campeonato de hace más de cien años aún no está todo dicho, pues desde la FIGC se sigue estudiando el caso. Pero, de momento, el Genoa sigue siendo el campeón de aquella liga que no ganó.

 


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