El mundo parece recobrar parte de su gracia, aunque solo sea momentáneamente, cada vez que dos seres muy diferentes entre ellos aplastan la distancia que los separa dándose un abrazo. Esta clase gestos de reconocimiento mutuo entre dos extraños nos remite a un paraíso perdido.

El dia de la sípia es un maravilloso documental en el que el periodista Emili Manzano reúne a Enrique Vila-Matas y a Miquel Barceló en el estudio que este segundo tiene en París. La idea es juntar a dos personajes que no se conocen personalmente y cuyas obras discurren por caminos separados. Uno, barcelonés, enigmático y esquivo, dedica sus días a la literatura; el otro, mallorquín, inquieto y campechano, prefiere arrojarse cada mañana a la pintura. Y sin embargo el instante más fascinante de su conversación es cuando descubren un punto de encuentro en sus vidas: ambos se hicieron pasar por locos para no hacer la mili. No queda claro a quién de los dos le costó menos trabajo conseguirlo.

Mohamed Salah y James Milner no tienen nada que ver. El primero es más bien sutil y gracias a sus etéreas conducciones, con las que avanza por el campo con el vuelo de una mosca hasta encontrarse con el gol, tiene fans en todo el planeta; el segundo, cada vez que sale del vestuario, en lugar de ir al campo da la sensación que baje a la mina: es básico y comprometido y se mete en la ducha con sangre en los codos.

Más allá de la camiseta del Liverpool, cuesta encontrar otro vínculo que los una.

Por esto fue tan especial que este fin de semana, cuando obtuvo el premio Man of the Match por su hat trick al Bournemouth, Salah rechazara el galardón y se lo cediera con sus propias manos a su compañero, que justo ese día celebraba sus 500 partidos en la Premier League. Quizá, en un momento de lucidez, Salah hizo números y calculó que de esos quinientos encuentros hubo al menos cincuenta en los que Milner, con su esfuerzo opaco, le ayudó a ser más famoso. Después de todo, debió pensar el egipcio, resulta hasta útil que los extremos se toquen.