Cualquier final de una gran competición deja vencedores y vencidos y situaciones y momentos que no se olvidan. Que se lo digan a Karius. La historia del fútbol está llena de momentos tallados para la eternidad, poca cosa comparado con lo que va a ocurrir cuando uno de los dos, River o Boca, levante la Copa Libertadores el 24 de noviembre en el Monumental.

Llevamos años merodeando un Madrid-Barça en el partido definitivo de la Champions y resulta que en Buenos Aires se nos han adelantado. Por primera vez en los 58 años de existencia de la ‘Copa de Campeones de América’ los dos grandes, eternos y perpetuos enemigos de la capital de Argentina, se van a jugar el título. Solo puede quedar uno y el país futbolístico más caliente del fútbol está dividido, también el universo más allá de Sudamérica. Unos ‘bancan’ al Millo, otros ‘bancan’ al Xeneize, unos pasarán a la historia como el equipo que le ganó el título más importante jamás vivido al otro que será señalado como aquel que le permitió a su gran rival regodearse en su sufrimiento. Una mancha imborrable, una marca sin cirugía que nadie quiere hacer suya. Boca sueña con levantar el trofeo en la cancha de River y pasearlo con orgullo y sorna; River se ilumina pensando que después de pasar por la ‘B’ han renacido para ganarle delante de todo el planeta fútbol la final más importante de la historia a sus principales adversarios.

Y detrás de todo esto hay fútbol, jugadores y un balón. Todos deseamos que sea bien tratado, pero no será fácil. La extrema tensión propia de un clásico se va a multiplicar por la trascendencia de lo que hay en juego. Los futbolistas saben que no se les permitirá errores desde la grada. No quieren ser objeto de escarnio como culpables del desastre. Es, por lo tanto, una final para elementos de enorme personalidad. Han de tener tanta como para que no les sobrepase porque el exceso puede ser tan dañino como la carencia. En un clima así habrá chicos que rozan la adolescencia, empezando por Exequiel Palacios a quien casi le están poniendo la camiseta del Real Madrid a sus 20 años. Sobre sus hombros muchas semanas de comentarios y miradas que no han minado su rendimiento. Verle jugar es la constatación de que es un ‘pibe’ especial. No le pesan los partidos, él pasa por encima de ellos porque le sobra carácter. La pide, la quiere y llega, sobre todo eso, porque tiene un gran golpeo desde la frontal. Gallardo le ha dado el mando de la zona ancha junto a Ponzio, pero el ex del Zaragoza no está por lesión y esta vez su escudero será otro ex ‘español’ como Enzo Pérez, que salió del Valencia hace no mucho.

 

La extrema tensión propia de un clásico se va a multiplicar por la trascendencia de lo que hay en juego

 

Enfrente otra juventud descarada que está a semanas de volar a Europa. Los que entienden de esto dicen que Cristian Pavón está muy cerca del Arsenal. Talento tiene para ello. Puede ser irregular, sí, pero te puede ganar una final, también. Rápido, eléctrico, gambeteador, directo y, cuando está inspirado, definitivo. Se presenta en la Final después de tatuarse un águila que le recorre el torso de hombro a hombro. Quiere volar y filtrarse para la eternidad en el Museo de la Bombonera donde hay referencias permanentes a Tévez, Riquelme y compañía por aquellas noches mágicas donde la Libertadores entró en el Barrio de La Boca.

El duelo futbolístico tendrá alicientes tan interesantes como un ex Boca convertido en líder y referente de Ríver en la zaga donde Jonathan Maidana tendrá como siempre a su lugarteniente, Javier Pinola. En los laterales Gonzalo Montiel y Milton Casco. El primero ha jugado todos los minutos de la Libertadores en el lateral derecho. Joven, profundo, veloz y muy deseado también en el Viejo Continente. La creatividad en River la ponen Juan Fernando Quintero y el ‘Pity’ Martínez. El colombiano está recordando a aquel futbolista que aterrizó en Porto. Su zurda es un deleite. Cuando lleva el balón pegado, cualquier pase interesante puede salir de ahí. Futbolista de conducción y manejo frente a un ‘Pity’ que es el desborde, el regate, la gambeta argentina de toda la vida. Está camino de Estados Unidos aunque tiene nivel para jugar en cualquier campeonato. No discutiré su irregularidad pero esto es inherente a montones de futbolistas de desborde como él. No hay garantías de que jueguen juntos, la opción Nacho Fernández dejando a uno de los dos para el revulsivo está encima de la mesa como sucedió en las semifinales en Portoalegre. Fernández es otro jugador que me gusta porque es muy completo. Tiene criterio con la zurda, pero además marca y tiene presencia. Con él River gana en equilibrio. Y para el ataque, tres para dos puestos. Santos Borré parece fijo porque siempre lo ha sido para Gallardo. Es un gladiador, no para quieto, lo pelea todo. Salió del Atleti para ser héroe en las semis, donde marcó el primero. El otro puesto se lo jugarán entre Lucas Pratto y Scocco. El primero llegó bien pagado desde Brasil y ofrece referencia y fortaleza. Scocco es más oportunismo e intuición en el área. Eso lo tiene más que nadie.

River intentará imponerse, como ha hecho en los últimos clásicos, pero enfrente está Boca con todo lo que eso supone. Su carácter, su competitividad, su mística, su Bombonera y sus títulos. De ganar esta Libertadores igualarán a Independiente como el equipo más laureado del continente, impensable antes del año 2000. Este es el siglo de Boca y además ha llegado hasta la final creciendo. Después de una dudosa primera fase, ha liquidado a Cruzeiro y Palmeiras en cuartos y semis con mucha solvencia. Ha golpeado en los momentos justos y lo ha hecho con un futbolista en estado de gracia. Darío Benedetto ha sido el jugador de las semifinales en el torneo. Tres goles en los momentos de la verdad, marcados en apenas veinte minutos y además de una bellísima factura. Suena raro decir que puede que no sea titular pero esta es una posibilidad verdaderamente real. No lo fue contra Palmeiras y funcionó. ¿Y si es titular ahora y nada funciona igual? Seguro que el Mellizo lo piensa. En principio la corpulencia del cordobés Ramón Wanchope Ábila es el eje sobre el que va a gravitar el ataque bostero, aunque si hay alguien que levanta a la hinchada es Wilmar Barrios, siguiendo la tradición de futbolistas colombianos (Bermúdez, Serna, Córdoba) que han dado tanto a Boca. Ídolo del club, también relacionado con grandes equipos europeos. Muy fuerte en la marca, poderoso, contagioso, la grada le quiere. Tendrá a su lado a Pablo Pérez, gran capitán, hombre de despliegue, llegada y sentimiento. Conocido también en España, ahora es referente de Boca. Y su otro lugarteniente propondrá la intensidad y el carácter uruguayo que va en las venas de Nahitan Nández. Por fuera, además de Pavón, se esperan el desborde, la velocidad y la irrupción de Sebastián Villa. Otro colombiano más, aunque tampoco descarten a Mauro Zárate. Mucha gente le pide, por su clase, su capacidad para definir, el talento que abre partidos pero le quieren por dentro aunque él haya jugado más de una vez por fuera. Atrás no hay dudas: Izquierdoz y Magallán en el centro, Jara y el uruguayo Olaza en las bandas. Aquella lesión de Frank Fabra le mató cuando mejor estaba, pero ha tenido un buen remplazo. Lucas Olaza, hincha confeso de Boca y que pasó por la cantera del Celta, crece cada partido que pasa desde que llegó de Talleres. Una zaga que ha ido mejorando aunque deja alguna duda, portero incluido. De Rossi se habla mucho y no siempre con seguridad en su rendimiento. La batalla arquera la gana River porque Franco Armani es ahora el mejor portero argentino. Claro que a Boca siempre le quedará Tévez. Si hace falta la luz del ‘Apache’ está lista. Es un jugador que define partidos y lo será siempre por muchos años que cumpla.

 

La historia del fútbol está llena de momentos tallados para la eternidad, poca cosa comparado con lo que va a ocurrir ahora con River y Boca

 

Es la Final de las Finales, de puro sentimiento millonario y xeneize, por eso sus entrenadores son grandes jugadores de la historia del club. Gallardo tiene detrás una aureola de gran especialista en este tipo de partidos. ‘Napoleón’, como le apodan, suma éxito tras éxito en River. Hace tiempo que se espera su salida a Europa aunque no estará en el banquillo por su incorrecto comportamiento en las semifinales. Guillermo, El Mellizo, sabe lo que fue ganar la Libertadores con aquel equipo de Riquelme y Palermo. Brilló en Lanús y acabó en Boca. Ha crecido como entrenador, va a ser muy interesante verle plantear este encuentro de máima tensión.

Realmente interesante va a ser todo. Dos partidos ante la atenta mirada del planeta fútbol. Ojalá que no deje marcas físicas, de ello se está preocupando todo el mundo en Argentina. Las emocionales son inevitables y para los que lo vamos a vivir con enorme pasión pero sin apego a un escudo serán dos citas de un disfrute bárbaro.