El 15 de diciembre de 1995 se decretó una sentencia que cambiaría el panorama del fútbol para siempre. Un embrionario proceso judicial que desencadenó lo que hoy conocemos como fútbol moderno, a través de un protagonista que actuó en segundo plano en cuanto al balompié se refiere: Jean-Marc Bosman. Con este nuevo road map sobre la mesa y todas las consecuencias que este conllevó, quedan muy pocos jugadores que se mantengan fieles a unos colores, por no decir que los One Club Men ya están en peligro de extinción. En muchos casos, los jóvenes talentos formados en la cantera de un club se ven ‘forzados’ a buscar una salida alternativa que les permita dar el salto para alcanzar su sueño de poder ser futbolista profesional. En raras ocasiones dicho jugador vuelve para defender la zamarra del club que lo vio crecer. Jack Grealish (Birmingham, 1995) es uno de los que sí regresó.

Con tan solo cuatro añitos, el bueno de Jack ya era un habitual los fines de semana en el Villa Park. Acunado con el granate de los ‘villanos’, llegó a las filas del club con seis años, hasta que, en 2013 y con la mayoría de edad recién cumplida, se marchó cedido al Notts County durante una temporada, mirando de reojo al que una vez fue campeón de Europa en 1982. Un año bastó para curtirse con las ‘urracas’ y volver al que siempre fue su hogar, consolidándose como pieza fundamental y líder indiscutible de aquel conjunto de Birmingham. Para la familia Grealish, ver a su hijo de vuelta al club significó algo más; algo que trascendería de lo meramente deportivo. De hecho, el tatarabuelo de Jack fue Billy Garraty, jugador de los ‘lions’ durante once años, y elegido Man of the match en la final que le dio el campeonato de la FA Cup en 1905 al Aston Villa. 114 años después, el descendiente pródigo de aquel delantero es el fiel capitán de los ‘villians’.

UNA FIGURA CARISMÁTICA

La vida de Grealish, no obstante, se ha visto envuelta en polémicas extradeportivas con demasiada asiduidad. Como aquella ocasión cuando le fotografiaron después de una fiesta en Tenerife, tumbado en la calle, medio inconsciente y lleno de cigarrillos a su alrededor; o la vez que provocó la ira de un aficionado del Birmingham en un derbi, en el que dicho personaje saltó al campo y le propinó un puñetazo. Pero el británico ha ido madurando hasta convertirse en la imagen del club. Según su entrenador, Dean Smith, “en muchas ocasiones, Jack se queda en las instalaciones del club para hacer trabajo extra cuando todos se marchan a casa”. A eso, le sumamos la fidelidad y el cariño que empeña Grealish siempre que anota un gol, dedicándoselo a su hermano pequeño Keelan, fallecido a los nueve meses.

Así pues, nos encontramos con una figura humilde, trabajadora, algo rebelde (o villana, como prefieran) y muy supersticiosa. Tanto que en la final del pasado play-off de ascenso a la Premier, el británico jugó con unas botas absolutamente destrozadas, por considerarlas como ‘las de la suerte’. También le añadimos su ya típica vestimenta con las medias cortas y las pequeñas espinilleras que utiliza, más propias de un niño que de un profesional. Para una persona así de fetichista, el destino le impuso una maldición desmesurada: desde su debut en la máxima categoría inglesa y hasta su vigésimo partido en la élite, perdió todos los encuentros en los que participó. Desde marzo del 2015 hasta agosto del 2019; rompiendo la estadística en la tercera jornada de este año ante el Everton.

CURTIDO Y ELEGANTE

Pese al peligro que conlleva llevar las medias a lo George Best, el británico ha demostrado que, con unas piernas delgadas, también se juega bien al fútbol. Tiene una tremenda facilidad para sobrepasar a sus rivales con un regate que destila exquisitez. Escorado a banda cambiada o actuando de mediapunta, Grealish habitúa a hacer transiciones por el interior, teniendo en cuenta su gran visión de juego y su determinación en los últimos metros; ya sea porque acierta en la mayoría de decisiones de pase o por el golpeo que tiene. Eléctrico, incisivo y calculador, cualidades impropias de un jugador de 24 años; con una elegante conducción con el balón pegado a su pie de seda, con un buen entendimiento y lectura de juego, ya sea a la hora de poner pausa al partido -como vimos ante el Newcastle- o fluyendo en transiciones rápidas. Eso sí, debe curtir aún más si cabe su fuerza y su implicación para llegar a zona de remate para aumentar su capacidad goleadora.

Estamos, sin duda, ante una de las mayores sensaciones de la Premier, que en octubre ya fue galardonado como Player of the month. De hecho, en su momento ya le llovieron ofertas de clubes como el Tottenham, el Chelsea o el United, rechazados por el amor incondicional que siente por los colores del Villa. También se debate a la hora de hablar de su internacionalidad. De abuelos irlandeses, Jack Grealish disputó varios partidos en las inferiores con la República de Irlanda. No obstante, en 2016, escogió Inglaterra para jugar con la sub-21, pero todavía no ha llegado a debutar con la absoluta de ninguna. La pregunta es qué va a hacer ahora que llega el momento de la verdad. Una respuesta que, de momento, está regateando con la misma facilidad con la que se marcha de un rival.

Tal y como está el panorama post-Bosman, es muy difícil encontrar ese jugador apasionado que defienda el escudo a muerte para estar en un club de por vida. Grealish ya no pertenecerá a la entidad de los One Club Men, pero la fidelidad que desprende por los ‘lions’ de Birmingham, transmitida generación tras generación, no tiene lugar para las dudas. Seguramente estemos ante un jugador que vivirá eternamente en el cielo de los ‘villanos’.