“Llegó hasta nosotros un terrible rumor sobre ciertos acontecimientos en Occidente. Nos decían que Roma estaba sitiada, y que la única salvación para sus ciudadanos era que la pudiesen comprar con oro, y que después de ser despojados de éste fueron sitiados de nuevo, de manera que no solo perdieron sus posesiones, sino también sus vidas. Nuestro mensajero transmitió las noticias con voz entrecortada y apenas podía hablar debido a sus sollozos”

Cartas de Jerónimo de Estridón

 

En el año 410 Roma, la ciudad que se había apoderado del mundo, había sido conquistada. Las tropas godas tomaron el 24 de agosto la Ciudad Eterna, una tarea que parecía imposible pero que en los años precedentes se había ido percibiendo. El saqueo de Roma fue la culminación de 15 años de rebeldía bárbara, tiempo en el que el ejército -liderado por Alarico- amenazó a Constantinopla, Atenas, Milán y finalmente la ciudad más importante del imperio. Esta es una de las derrotas más recordadas por los romanos pero seguro que la que sufrió uno de los equipos de la ciudad, el AS Roma, en Bodø, Noruega, también va a quedar en la retina de muchos.

Cuando se sortearon los grupos de la nueva competición de la UEFA, la Conference League, pocas voces auguraban que el humilde Bodø/Glimt, de una competición doméstica tan desconocida como la Eliteserien -al menos en los últimos años con la caída del Rosenborg-, pudiera hacer algo en un grupo con CSKA Sofia, Zorya y Roma. Pero el equipo del norte del país ha demostrado que está dispuesto a romper todos los pronósticos. Después de caer en las primeras de cambio de la Champions League contra el Legia Warszawa -equipo que se está saliendo en la Europa League- el Glimt pasó a jugar las rondas previas de la Conference. La competición que ha suscitado muchas críticas por parte, sobre todo, de los equipos de las grandes ligas ya que carga aún más su sobresaturado calendario, ha hecho las delicias de los clubes y ligas con menor tradición europea. ¿A quién no le apetece ver a su humilde equipo enfrentarse a uno de los grandes europeos? El Glimt se aprovechó de la ilusión de sus aficionados y los dirigentes del club para eliminar, primero al Valur islandés, después al Prishtina kosovar y finalmente al Zalgiris Vilnius lituano, y hacerse un hueco en la competición.

Creer en una idea

Corren tiempos de felicidad en Bodø, el principal equipo de la ciudad, el Glimt, es el actual campeón de la liga noruega y va camino de conseguir su segundo título consecutivo. Un palmarés inédito para un club que hasta el año pasado solo contaba con dos copas, conseguidas en los cursos 1974-75 y 1992-93. Parece pues que los tiempos de fútbol de segundo nivel han terminado en el equipo de más allá del círculo polar ártico. Cosa que entristece a sus vecinos del Tromsø, acostumbrados a ser el conjunto más grande del norte. Hubo un tiempo en que fueron tan grandes que incluso llegaron a vencer por 3-2 al Chelsea, en 1997; un partido recordado por la cantidad de nieve que cubría el campo y que hizo que, más que un partido de fútbol, aquello pareciera los saltos de esquí de Holmenkollen, en Oslo. Así pues, el Glimt se ha empapado de la cultura futbolística que el entrenador Kjetil Knutsen y los dirigentes del club han querido implementar. El año pasado se pasearon en liga, con 19 puntos de ventaja respecto al Molde y con solo una derrota y tres empates firmaron el mejor curso de la historia en Noruega. Pero sus principales baluartes ofensivos se marcharon -Jens Petter Hauge al Milan, Philip Zinckernagel al Watford y Kasper Junker al Urawa Red Diamonds japonés-, así que parecía que lo conseguido en 2020 había sido un milagro. Pero lejos de arrugarse, el equipo, comandado en gran medida por Patrick Berg y Ulrik Saltnes, decidió que ese cuento de hadas no terminaría ahí y siguieron creyendo en el proyecto de Knutsen. Para suplir las bajas se ficharon a Sondre Sørli, del Kristiansund, Erik Botheim, del Rosenborg, y Hugo Vetlesen, del Stabæk, entre otros. Y a partir de aquí se volvió a edificar. Manteniendo siempre las mismas bases en el campo; laterales profundos, Berg como director de juego y Saltnes y Fet como acompañantes de lujo en la medular. Los norteños encontraron su ritmo mientras la temporada avanzaba. Porque creyeron en la idea y no se desprendieron de lo aprendido la temporada pasada.

 

El Glimt se aprovechó de la ilusión de sus aficionados y los dirigentes del club para eliminar, primero al Valur islandés, después al Prishtina kosovar y finalmente al Zalgiris Vilnius lituano, y hacerse un hueco en la competición

 

Desafíos

Domésticamente, el equipo no empezó de la misma manera. Los nuevos fichajes no se terminaban de adaptar y las bajas y los descuidos temporales hicieron que el Molde se despegara en la clasificación. Pero el Glimt tenía una tarea más importante por delante, conseguir culminar lo conseguido la temporada pasada con el título. La primera posición en la Eliteserien da acceso a los equipos a las rondas previas de la Champions, que a su vez, si caen eliminados, como les pasaría a los escandinavos, les brinda la oportunidad de disputar la Conference. En septiembre el Bodø ya había conseguido uno de sus propósitos: pisar Europa, circunstancia que los liberó y les permitió acercarse cada vez más a la cabeza de la liga y hasta sobrepasar al Molde, posición que aún mantienen. Además, también se encontraban bien en competiciones europeas. En el debut vencieron por 3-1 al Zorya ucraniano y luego empataron a cero contra el CSKA Sofía. Aunque en la mente de todos los aficionados solo estaba marcada una fecha en su calendario, la visita de la Roma y de Mourinho a Bodø y al Aspmyra Stadion.

Noruega recibió a los italianos en su máxima pureza, con mucho frío y nieve, lo más normal en Escandinavia. Pero no era lo único que le tenía que ofrecer la ciudad. El Glimt preparó el partido de la mejor manera, Kjetil Knutsen supo como contrarrestar las armas de la Roma y propuso un guion de partido no apto para cardíacos. Desde el primer minuto los noruegos salieron a presionar a una Roma que no encontraba la manera de superar las líneas avanzadas rivales. Y entre tanto derroche físico, apareció la clarividencia de Erik Botheim. El delantero noruego de 21 años e íntimo amigo de Haaland, se erigió como el héroe del partido. Del ostracismo a la gloria. Este mismo verano el Rosenborg decidió prescindir de los servicios del ariete después de una muy mala temporada cedido en el Stabæk, sin llegar a anotar ni un gol. Pero donde algunos vieron el fin de una carrera, el Glimt vio una oportunidad de mercado irrechazable. Y a base de trabajo y de darle las mejores condiciones para que su fútbol fluyera, Botheim se ha reivindicado en Europa. Para sorpresa de muchos fue un torbellino contra la Roma; para otros, la consecuencia de trabajo, esfuerzo y sacrificio. De sus botas nació el primer gol nórdico, con una gran combinación con Fet. Luego, el eterno Patrick Berg, emblema y pieza fundamental del equipo, puso el segundo con un golpeo angelical desde fuera del área. Los pupilos de Mourinho recortaron distancias después de un error defensivo pero el vendaval de los locales no paró. Con Botheim -autor de dos goles y tres asistencias- como punta de lanza, los noruegos fueron marcando goles y ofreciendo espectáculo a los seis mil aficionados que llenaban las gradas. Mientras Mourinho lo miraba desde el banquillo, sabiendo que aquella era la mayor derrota de su carrera. 6-1, set y partido.

 

Para sorpresa de muchos Erik Botheim fue un torbellino contra la Roma; para otros, la consecuencia de trabajo, esfuerzo y sacrificio

 

Never ending story

Al luso no le faltó tiempo para criticar a sus jugadores y, alegando que había jugado con su segundo equipo, intentó quitar hierro al asunto. Pero la realidad es que aquel partido fue la demostración de que el Glimt ha venido para quedarse. Y no solo en la competición doméstica, sino también en la continental. Ese día fue la consolidación de una idea y de unos jugadores que desde el primer momento han creído en una idea, pocas veces antes vista en Noruega y que seguro que va a cambiar la visión balompédica del país. Porque, igual que la Ciudad Eterna, la idea de fútbol del Glimt no se construyó en un día y tampoco se va a destruir de la noche a la mañana.

 


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Fotografía de portada: @Glimt.