Huele a gol, marca Kuyt. Otro rey de reyes cuelga las botas. El olfato goleador holandés cuelga las botas. Finaliza la historia de Dirk después de 20 años como profesional. “Es una decisión difícil de tomar, pero estoy orgulloso de mi carrera, cumplí todos mis sueños”, afirmó el delantero en su despedida del fútbol. Se va como un ídolo del Feyenoord y como una figura histórica que ha dejado huella en todos los equipos en los que ha estado. La guinda al pastel ha sido ganar la Eredivisie siendo capitán del equipo de sus amores.

El equipo que le vio dar sus primeras patadas a un esférico fue el Quick Boys y con 18 años abandonaría dicha entidad para poner rumbo al Utrecht, equipo con el que ganaría la Copa de los Países Bajos ante el Feyenoord. Curiosidades de la vida, esa misma temporada ficharía por el equipo al que venció en la final copera. En el año 2007 llama a las puertas de Kuyt un equipo que marcaría un antes  un después en su vida, en su carrera: el Liverpool. En su primer año en el conjunto británico perdería la final de la Champions League frente al Milán de Kakà. Marcó una época en la Premier League, pero le faltó conseguir levantar algún título de relevancia. El punta tan sólo consiguió una Carling Cup y a pesar de eso su recuerdo será eterno en Anfield. En 285 partidos con los ‘reds’ anotó 71 goles.

El próximo destino de Kuyt estaría muy lejos de Liverpool, concretamente sería el Fenerbahce –allí estuvo entre los años 2012 y 2015–. En aquel conjunto marcó 37 goles en 130 partidos jugados. El rubio de las carreras por la banda que acababa rematando incluso desde la frontal también pisaba con fuerza. Un tipo peculiar con un olfato de goleador temible entre los grandes del mundo. Hizo las maletas con la Copa, la Supercopa y la Liga de Turquía. Un ganador nato que había encontrado en el Fenerbahce un lugar cómodo y en el que buscar seguir engrandeciendo su leyenda. En un total de 809 encuentros enchufó entre los tres palos de la portería rival 298 tantos.

Sin suerte con la oranje

La suerte que tuvo en Turquía no la tendría jamás con su combinado nacional. El primer Mundial que disputó fue el de Alemania en el año 2006, cayendo eliminado en octavos de final. La próxima decepción para el goleador estaría en al Eurocopa de Austria y Suiza, donde lograron llegar hasta cuartos pero perdieron y volvieron a casa con las manos vacías. Un hombre con una carrera profesional de éxito, pero sin la suerte necesaria para levantar un gran torneo con su selección nacional.

En España le ocurrió algo así al mítico Raúl González Blanco, con una trayectoria intachable en el Real Madrid plagada de éxito aunque sin alegrías en el ámbito internacional. Dirk Kuyt rozó con sus dedos el Mundial de 2010, pero un gol de Andrés Iniesta al borde del final de la prórroga tumbó a Holanda y a los sueños del atacante. Un golpe durísimo, tanto en lo profesional como en lo emocional. En 60 encuentros que ha jugado, ha marcado 15 goles.

Se cierra otro capítulo bonito en el fútbol. Un ejemplo de deportividad y sacrificio. El balompié comienza a dejar atrás a sus viejos rockeros. Primero Totti, después Kuyt. Gracias a este deporte tan hermoso por permitir disfrutar de su talento al mundo.