El mercado de fichajes no se cierra nunca. Imaginen un inmenso bazar 24/7, de pasillos sempiternos, con estanterías a ambos lados, cuatro lejas, cada una de ellas rebosante de artilugios atractivos en permanente venta. En eso se ha convertido el mercado, en un período sin fin, sin toque de campana, un cuento eternamente infinito, como los que duermen en Narraciones incompletas, de Felisberto Hernández. En un reciente artículo, Juan Tallón maldecía la transformación de los domingos, ese día de la semana en que estaba antes todo cerrado y era una obligación divagar sin rumbo. Ahora ya ofrecen las mismas prestaciones que un lunes, o incluso, un sábado. Los nuevos domingos son el fiel reflejo del nuevo mercado de fichajes, abierto de par en par tanto en julio, para los europeos; como en febrero, el mes más nimio del calendario, para el resto del mundo. Cualquier momento del año es válido para emprender un fichaje, fugaz y pasional, como el que hizo Mae West para a elegir su acompañante en Lady Lou. Ella, que tenía el privilegio de elegir a los actores por la calle, vio a un entonces desconocido Cary Grant, al que quiso fichar al momento. Cuando le dijeron que tan solo era un principiante, ella contestó: “Si sabe hablar, le quiero en mi película”.

Que el mercado está permanentemente abierto también implica que los rumores no cesan. Es una costumbre de un bando del periodismo deportivo mantener la maquinaria encendida aunque no haya posibilidad de realizar traspasos. En esta nueva era, la hormigonera de los dimes y diretes no deja de dar vueltas. Siempre recuerdo lo que le contó Roberto Bolaño a Eliseo Álvarez en una entrevista acerca de su corta estancia en una cárcel de Chile. El escritor de Los detectives salvajes y 2666 tan solo estuvo ocho días en prisión, pero en muchos coloquios le preguntaban cómo había sido sus seis meses entre rejas. “En un libro en alemán pusieron que estuve medio año en prisión. Al principio me ponían menos tiempo. En el primer libro que me editan en Alemania me ponen un mes de prisión, en el segundo, en vistas de que el primero no ha vendido tanto, me suben a tres meses, en el tercer libro, cuatro, y como siga, todavía voy a estar preso”, contaba con desparpajo Bolaño.

 

Que el mercado está permanentemente abierto también implica que los rumores no cesan

 

A la espera de que en verano el foco mercantil se centre exclusivamente en Europa, China y Estados Unidos amenizan la espera de la rumorología veraniega. Las ligas extranjeras son las nuevas portadoras de una manzana que ha tentado a futbolistas como Bakambu, Vela, Viera y que ahora ha apuntado con su mirilla al Atlético de Madrid. Gaitán y Carrasco son los nuevos renegados, los últimos en llegar al centro de las críticas de sus aficionados y del romanticismo más pragmático. Clamamos a veces por la diferencia abismal que existe entre los futbolistas y los aficionados pero cada vez tengo más claro que la culpa es nuestra. Proyectamos en ellos nuestras frustraciones y les exigimos perfección, heroicidad, valores y principios que nosotros mismos, de ser futbolistas, quizás no respetaríamos. Les criticamos que no sean profesionales, que vivan la vida a mayor velocidad que la nuestra, que tengan una ambición sosegada. Carlos Vela, del que siempre se ha dicho que pudo hacer más, fue preguntado sobre la ausencia de títulos en su palmarés. “Gané una novia y un hijo”, respondió escuetamente antes de marcharse a la MLS.

Vela, como Bakambu, Viera y compañía, deciden aparcar los focos, la ambición y la vanidad para empezar de nuevo, lejos. Huir y dejarlo todo, ese recurso tan literario, es el motivo principal; el dinero es la excusa perfecta para marcharse. Ya lo explicó a la perfección Marcel Beltran cuando comparó a Giovinco con el psiquiatra Pasavento, el personaje de Vila-Matas que se ausenta de una conferencia y comienza una nueva vida en el anonimato. Estas huidas son siempre tentadoras, y nos gustan tanto porque siempre nos vamos a echar atrás, atrapados por la calma y la rutina del día a día. El propio Vila-Matas decía que si vivimos aún con una cierta alegría es porque sabemos que, por tarde que ya sea, la oportunidad de dejarlo todo y marcharnos no la hemos perdido aún. El motivo del cambio de Pasavento fue su pasión por los manicomios y la literatura. El de Giovinco, como el de Bakambu, Vela y Viera, fue el dinero. “Irme a China arregla la vida de toda mi familia”, asentó Viera antes de irse, haciendo bueno el mandamiento de Piglia, que decía que detrás de todo está el dinero y el tiempo. Y ahora el mercado de fichajes no tiene fin.