Cada vez está más extendida y ratificada la teoría de que las primeras civilizaciones europeas se congregaron en torno a la encrespada zona caucásica. Ese primerizo núcleo cívico ha visto, con el paso del tiempo, las más profundas barbaries de la misma especie que, teóricamente, comenzó a asentarse al resguardo de las cumbres caucásicas. Romanos, bizantinos, otomanos… La zona caucásica ha estado en manos de varios de los principales imperios medievales, modernos y contemporáneos de la historia. El continuo cambio de las fronteras ha llevado a luchas internas constantes entre las distintas nacionalidades allí presentes. La inestabilidad política tuvo que lidiar con una presencia religiosa muy importante, además, ya que Armenia fue la primera nación en adoptar el cristianismo como religión oficial. Pese al destacado patrimonio cultural e histórico del país transcontinental, Armenia fue objeto de uno de los genocidios más sangrientos tras el Holocausto Judío. Esa catástrofe, que comenzó en los albores de la Primera Guerra Mundial, se llevó por delante a más de medio millón de vidas y provocó una diáspora importante. De hecho, la tranquilidad en Armenia todavía hoy no es palpable, ya que en pleno 2020 regresaron las confrontaciones con Azerbaiyán por la región del Alto Karabag, un conflicto territorial en el que estas dos ex repúblicas soviéticas son meros satélites de dos potencias más grandes: Rusia y Turquía.

Sin embargo, las alegrías para una población aletargada y refugiada sobre su fe cristiana están llegando en forma de orgullo nacional. Y no un orgullo bélico. El fútbol, con su poder unificador, ha inundado de algarabía las calles de las poblaciones armenias al ver sus vecinos que su selección está cosechando sus éxitos más importantes desde que se fundara en 1992. Y a los mandos de ese seleccionado armenio hay una cara conocida para los españoles. Joaquín Caparrós quiso saborear una aventura diferente siendo la cabeza visible de una selección nacional por primera vez en su dilatada trayectoria profesional. El de Utrera se topó con un país hospitalario y acogedor, a la vez que ansioso por dar rienda suelta a su efusividad siempre amarrada con los grilletes de un pasado manchado de sangre. Y qué mejor canalizador de emociones que el fútbol. Sin contar con la gran figura del fútbol armenio actual, Henrikh Mkhitaryan, Caparrós ha conseguido los primeros éxitos importantes en toda la historia de una selección que no ha participado en ninguna fase final de Eurocopa o Mundial. La denostada Liga de Naciones, entre otras muchas cosas, ha servido para que un país como Armenia gozara y disfrutara del éxito de su selección nacional, compitiendo en igualdad de condiciones y consiguiendo el ascenso de la Liga C a la Liga B para la siguiente edición.

El comienzo de la trayectoria de Joaquín Caparrós como seleccionador de Armenia no fue el deseado. Se estrenó con derrota por la mínima en Macedonia del Norte en el primer encuentro de la Liga de Naciones de 2020, en la reanudación del fútbol de selecciones tras la pandemia. Pero desde aquel tropiezo el 5 de septiembre de 2020, Armenia no sabe lo que es perder un partido. Los hombres de Caparrós empataron dos encuentros y ganaron otros tres, entre ellos el duelo decisivo en el último encuentro ante Macedonia del Norte, selección que estará en la Eurocopa 2021, y consiguieron el ascenso de categoría. Después de ese grandioso éxito, Armenia afronta una clasificación mundialista para Qatar 2022 en la que la ilusión está puesta en disfrutar de un equipo representativo para su propio público. Después de la disputa de las tres primeras jornadas de esta clasificación mundialista, muchos ojos armenios están enrojecidos de tanto frotárselos. Armenia es líder del Grupo J, por delante de selecciones como Islandia, Rumanía o Alemania. El 9/9 en puntos es tan sorpresivo como justo: victoria por la mínima en Liechtenstein, victoria convincente ante Islandia en Ereván y éxtasis absoluto con la remontada ante Rumanía también en la capital armenia.

 

Armenia es líder del Grupo J de la clasificación mundialista, por delante de selecciones como Islandia, Rumanía o Alemania. El 9/9 en puntos que ha conseguido es tan sorpresivo como justo

 

De hecho, el final de ese encuentro ante los rumanos demostró hasta qué punto esta población está necesitada de alegrías. Los dos goles en los últimos diez minutos de partido desataron la locura en un estadio que, pese a la pandemia, contaba con gente en las gradas. Un público hastiado de tanta calamidad que festejó los tres puntos como si dieran el billete para Qatar. Es justo admitir que el calendario ha sido tímidamente benevolente en este comienzo de clasificación con el seleccionado de Caparrós, pero no hay que obviar que los dos únicos rivales a los que no se ha enfrentado el cuadro transcontinental son Macedonia del Norte, rival que ya venció en Liga de Naciones, y una Alemania que da una de cal y otra de arena. Sea como fuere, el principal artífice de esta epopeya en plena frontera imaginaria entre Europa y Asia ha sido Joaquín Caparrós. El técnico sevillano ha moldeado su equipo a base de confianza y sentido común. Implantó un 4-4-2 clásico, sin muchas estridencias, y que permite al equipo conservar un orden a veces complicado de asegurar en estos equipos tan pasionales.

La Armenia de Caparrós no es una selección propositiva, ni mucho menos. No tiene materia prima para eso y el técnico ha adaptado el equipo a esas mismas circunstancias. Es más, el único encuentro donde tuvo que proponer a partir del balón (Liechtenstein) fue en el que más sufrió para conseguir el gol. Los dos partidos que ha disputado de forma consecutiva en casa, ante Islandia y Rumanía, fueron encarados con el plan de partido más favorable. Tramos, sobre todo el inicial, con una presión agresiva alta. Casi intimidatoria, al ritmo de un público que, sin copar todas las plazas del campo, se hacía sentir y fue un factor fundamental para sacar hacia adelante sobre todo el encuentro ante Rumanía. Esos tramos de presión comentados se diluían hacia un repliegue en campo propio en 4-4-2 en bloque medio y liderados en defensa por un Haroyan que es omnipresente, tanto en ayudas a sus perfiles como en materia de anticipación al atacante contrario. La defensa armenia no se entendería sin el contagioso carácter de su capitán.

Ya en la zona de tres cuartos de campo es donde encontramos a los jugadores de mayor calidad técnica individual de todo el equipo. Dentro del 4-4-2, los dos centrocampistas de banda que Caparrós utiliza juegan a pierna cambiada, con mucha tendencia a irse hacia dentro y facilitando la subida de los laterales. Todo automatismos, a priori, sencillos, pero que necesitan de un enorme trabajo específico, sobre todo tratándose de una selección nacional. Bayramyan, en la izquierda, tiene alma de centrocampista ofensivo. Posee desborde, pero casi siempre se le puede ver pisando pasillos interiores y ubicándose entre líneas para llegar al área desde atrás. Por la derecha está Berseghyan, quien ha sido el elemento diferencial de estas tres jornadas de clasificación mundialista. Es el jugador del equipo que mejor golpeo de balón posee, de ahí su ubicación en la banda derecha para aprovechar su disparo con su pierna izquierda cuando rompe hacia dentro y, además, ocupar una zona del campo donde pueda transitar con cierta facilidad a la hora de contraatacar. A estos dos fantásticos jugadores les acompaña, en un rol de segundo punta con mucha libertad de movimientos por dentro, Adamyan. Se trata del jugador mejor dotado técnicamente del equipo; es el único que juega en un gran torneo como la Bundesliga. El futbolista del Hoffenheim tiene una importancia muy exagerada tanto lejos del área contraria como a la hora de llegar para rematar.

Obviamente, Joaquín Caparrós cuenta con otras piezas importantes que realizan un trabajo menos vistoso. Curioso es el caso de su punta titular. Norberto Briasco juega en Huracán de Buenos Aires y posee ascendencia armenia por parte de madre, lo que le permite ser seleccionable por Caparrós. Su buena técnica y físico le convierten en un recurso muy utilizado de espaldas a portería rival y para servirse de sus buenos apoyos. Dentro de estas piezas mencionadas más llamativas a nivel estético subyace un equipo construido desde el colectivo y con la firme intención de ser la bandera de la ilusión de un país marcado desde hace décadas por el sufrimiento y la desgracia.