Este texto está extraído del #Panenka30 [mayo de 2014], un número que todavía puedes conseguir aquí.


 

En 2012 ya habían pasado 30 años de aquel instante en el que todo se detuvo, pero Bernadette Adams explicaba a un diario local que pese al avanzar del tiempo, no había día en que no rememorara aquella mañana del 17 de marzo de 1982. Era miércoles. Su hijo Laurent estaba en la escuela de fútbol y ella tenía que encargarse de abrir la tienda de deportes que la familia regentaba en la ciudad de Chalon, pues Jean-Pierre, su marido, había partido en tren hacia Lyon, donde tenían que practicarle una, aparentemente, sencilla operación para reconstruirle los ligamentos de una de sus maltrechas rodillas. Horas después, antes de entrar en quirófano, para tranquilizarla, el ex internacional francés la llamó. “Empiezan a prepararme. En unos minutos vendrá el anestesista”. Esa fue la última vez que Bernadette oyó la voz de su esposo.

El aullido del lobo blanco

Jean-Pierre Adams nació el 10 de marzo de 1948 en Dakar, la capital del Senegal. Dicen que no aprendió a andar sino a chutar. No es extraño, bien cerca tenía un gran modelo al que imitar, su tío Alexandre Diadhiou, en aquellos años una de las estrellas del ASC Jeanne d’Arc, una de las entidades más representativas del fútbol senegalés con varios títulos nacionales en su palmarés. Sus padres, sin embargo, anhelaban para el primogénito de su numerosa familia un futuro lejos de los terrenos de juego. Así, no solo le prohibieron darle al balón mientras no sacara unas notas que rozaran lo excelso, sino que, cuando Jean-Pierre cumplió los ocho años, decidieron enviarlo a Francia en pro de una educación mejor. Ignoraban que desterrándolo a la metrópolis le estaban abriendo las puertas de los estadios.

En tierra gala, Adams recaló en Montargis, un enclave de belleza bucólica de unos 15.000 habitantes situado al sur de París, donde fue adoptado por la familia Jourdain. De carácter encantador y sonrisa perenne, no le costó demasiado destacar como uno de los alumnos más populares de su nueva escuela, el Liceo Saint-Louis, más cuando en el recreo empezó a demostrar sus dotes balompédicas. Expeditivo y portentoso, sus compañeros acabaron apodándole ‘Lobo Blanco’. Desde entonces, miles de niños y niñas han seguido jugando tumultuosos partidillos, pero aquel patio no ha visto un central mejor. Acabados los estudios primarios, Jean-Pierre, desoyendo el deseo de sus padres, abandonó las aulas y entró a trabajar en una fábrica de plásticos. Era una brega rutinaria y desagradecida, pero en la mente de Adams se trataba simplemente de un peaje a pagar hasta conseguir su primer contrato profesional. Trayectoria futbolística que se inició cuando pasó a formar parte de la plantilla del RC Fontainebleau (club en el que años más tarde también debutaría otro defensa en muchos aspectos idéntico a él, Lilian Thuram). Pero no todo sería tan fácil.

Poniéndoles firmes

El coche se salió de la vía. Jean-Pierre no sufrió más que algunos rasguños. Guy Beaudot, uno de sus mejores amigos, murió en el accidente. Aquella tragedia le hizo replantearse su futuro balompédico. Cumpliendo con el servicio militar podría evadirse de todo aquello que le había deparado la vida, incluso del fútbol. Pero hubo alguien en el cuartel que intuyó que aquel tipo grandote podía ser un buen fichaje para el equipo del ejército. En aquel entorno marcial volvió a despuntar, ya fuera en el centro del campo de batalla, aportando músculo y garra, o en el eje de la retaguardia, revelándose como todo un seguro de vida. Tanto es así, que los mandos de la tropa futbolística no dudaron en recomendarlo a los técnicos del Nîmes, que tomaron nota, pero aconsejaron al jugador que regresara a casa y siguiera fogueándose en el RC Fontainebleau, conjunto en el que se erigiría en uno de los pilares en la conquista del Campeonato Francés Amateur los años 1968 y 69. Fue antes de iniciar la siguiente campaña cuando recibió la ansiada llamada del Nîmes. Kader Firoud, técnico del club sureño, había estado siguiendo la evolución de Adams y organizó un amistoso contra los normandos del Rouen para comprobar si realmente podía hacerse con una plaza en su escuadra. Hecho un manojo de nervios, Jean-Pierre acudió a la cita acompañado de Bernadette, una bellísima rubia que había conocido en un baile a su regreso del servicio militar y con la que se había casado pocos meses después. Cuando acabó el partido, Firoud le dijo a la joven pareja que ya podían empezar a hacer las maletas. Adams había pasado la prueba con brillantez.

El Guardián negro

Jean-Pierre Adams debutó con el Nîmes en septiembre de 1970 en un partido contra el Reims, reivindicándose desde aquel día como titular indiscutible de una alineación de la que también formaban parte nombres como Adolf Scherer, Jacky Vergnes, Ion Pircalab o Gilbert Marguerite. ‘Les crocos‘ acabaron la temporada en segunda posición por detrás del Olympique de Marsella. Algoritmos que volvieron a repetirse de forma idéntica la siguiente campaña. Obteniendo pasaporte para disputar competiciones europeas, sin duda alguna aquella fue una de las mejores épocas en la historia del club. En lo colectivo, algo más discreto fue el tercer curso de Adams con el Nîmes, alcanzando (sólo) el séptimo puesto al fin de la competición doméstica. Sin embargo, en lo individual, siguió despuntando como uno de los centrales más fiables de la liga, hecho que le llevó a ser convocado por la selección francesa. Jean-Pierre vistió la zamarra bleu en 22 ocasiones, formando tándem en el eje de la defensa con otro impenetrable torreón de ébano, Marius Trésor. Nacido en Guadalupe, Trésor se hartó de atrancar ocasiones rivales defendiendo los intereses del AC Ajaccio, el Olympique de Marsella y el Girondins de Burdeos, donde colgó las botas en 1984. Juntos formaron ‘la Guardia Negra’, una dupla defensiva temida hasta por los más dotados contrincantes. “Adams y Trésor formaban una de las mejores parejas de centrales de toda la historia del fútbol europeo”, llegó a afirmar sin titubear Franz Beckenbauer.

Tras unos años en el pozo de la segunda, a inicios de la década de los 70 el OGC Nice no sólo había regresado a la máxima categoría del fútbol francés, sino que esperaba poder instalarse en la zona más noble de la clasificación, debatiéndose con los rivales de mayor entidad. Para ello, ‘Les Aiglons‘ habían empezado a modelar un escuadrón trufado de los peloteros más destacados del momento en el fútbol galo. Cuando supo del interés del club de la Costa Azul por hacerse con sus servicios, a Jean-Pierre Adams le faltó tiempo para preparar la mudanza. En total fueron cuatro las temporadas que pasó en Niza, período en el que si bien no se alcanzó el objetivo de alzar el título de liga, sí que se vivieron momentos de euforia, como aquella eliminatoria de la Copa de la UEFA de la temporada 73-74 en la que dejaron fuera al FC Barcelona; sin desmerecer el subcampeonato galo de 1976, siendo tan solo superados por el aquel entonces todopoderoso AS Saint-Étienne. Logros que, a nivel individual, se completaron con una inclusión en el once ideal de la campaña 1975 de la revista France Football. “Adams sigue sin rival en su papel, donde sus extraordinarias cualidades atléticas pueden igualar la mejor de las condiciones técnicas”, se afirmaba desde las páginas de la prestigiosa gaceta balompédica.

 

Adams, que dejó Senegal para estudiar en Francia, despuntó en el Nîmes y jugó 22 partidos con la selección gala

 

El Paris Saint-Germain se fundó el 12 de agosto de 1970 de la unión del París FC (club que recobraría su identidad poco después) y el Stade Saint-Germain. Una especie de experimento sociológico liderado por la crème de la crème de la gauche divine parisina con el diseñador de moda y avispado hombre de negocios Daniel Hechter a la cabeza. Chovinistas como son los franceses, pretendían hacer de la capital administrativa de la nación, también su epicentro futbolístico. Tentado por el nuevo reto, Jean-Pierre Adams volvió a recoger sus bártulos y se instaló en la siempre apetecible ciudad del Sena, donde compartiría vestuario con, entre otros, un aún imberbe Luis Fernández. Tras dos campañas irregulares en las que el PSG no logró superar la mitad de la tabla, el club le concedió la carta de libertad. Con 31 años y unas rodillas que hacía tiempo que le venían torturando, Adams puso rumbo a la segunda división fichando por el FC Mulhouse. Un año después se retiraría en el modesto FC Chalonnais.

Y el tiempo se detuvo

Como muchos otros que, habiendo saboreado las mieles del éxito balompédico, temen alejarse del césped cuando su etapa de jugador llega a su fin, Jean-Pierre Adams decidió seguir su idilio con el fútbol desde los banquillos. Para ello primero debería obtener el título de entrenador. Licenciatura táctica que realizaría durante la primavera de 1982 en la ciudad de Lyon. A los tres días, sin embargo, se vio obligado a abandonar el curso de forma repentina. Realizando un ejercicio físico, notó que algo se quebraba en la parte posterior de una de sus rodillas. En una primera exploración en el hospital de la capital del Ródano, se le detectó una rotura de los ligamentos de la articulación, aconsejándole el cirujano que, para evitar males innecesarios, pasara por el quirófano. La operación se programó para pocas jornadas después, el 17 de marzo. No era una intervención complicada, pero su cuerpo reaccionó mal a la cantidad de anestesia inyectada, sufrió un broncoespasmo, una contracción de los músculos de los bronquios, que causa dificultades al respirar, y su cerebro quedó privado de oxígeno.

Adams estuvo en coma durante 39 años. “Su rostro está intacto. Más allá de unas pocas canas que le han salido, no ha envejecido. Tengo la impresión de que el tiempo se ha detenido en aquel 17 de marzo de 1982”, relataba en 2012 al periódico francés Midi Libre su esposa, Bernadette Adams. El matrimonio vivía en una casa a la que la propia Bernadette bautizó como ‘La Casa del Deportista del Bello Dormir’. Cada mañana, cuando se levantaba, como si se tratara de un cuento, ella le daba un beso con la esperanza de que su ‘guardián negro’ por fin abriera los ojos.

 


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