Que los países asiáticos están haciendo una apuesta clara por ganar peso en el mundo del fútbol parece una evidencia. Pero la lucha por lograr influencia en el panorama mundial no es solo en el ámbito profesional, con la inversión de gobiernos que atraen a estrellas que viajan a ligas menores como la china. Asia busca también formar jugadores desde la base que puedan hacer de sus selecciones nacionales una potencia de cara a mundiales venideros. Una voluntad que en Tailandia se han encargado de emprender cuatro jóvenes catalanes dedicados a las selecciones inferiores del país. 

Uno de los que ha puesto la semilla es Marc Alavedra, encandilado por una aventura que rezuma fútbol a todas horas. Aunque empezó la carrera de ingeniería industrial, a los tres días se dio cuenta de que lo suyo estaba cerca del césped. Tras acabar su grado en Ciencias del Deporte, se enroló en el proyecto futbolístico de la empresa Soccer Service. Basándose en el método ekkonomethod, la compañía busca exportar un sistema de entrenamiento propio que ya ha llegado a varios países. El fútbol base del PSG, un club de la primera división sueca o distintas escuelas de Japón y Tailandia están entre sus beneficiarios. Junto a Oriol Alcázar, Julián Marín y Salva Valero, Marc integra el cuerpo técnico de las selecciones inferiores de Tailandia, desde la sub-14 hasta la sub-21, distribuyéndose los cargos en cada categoría.

LA EXPORTACIÓN DEL MÉTODO

La labor, admite, es bastante compleja. Aunque disponen de un traductor inglés-tailandés, las dificultades empiezan con algo tan básico pero vital como la comunicación. Sobre todo porque buscan transmitir conceptos para que los jóvenes jugadores entiendan el fútbol, no solo que lo ejecuten. Para ello han creado una especie de diccionario propio con palabras cortas tailandesas e inglesas que hagan pensar al jugador en lo que ha entrenado. El objetivo: que el joven tenga su propia toma de decisiones. “Si un pivote tiene el balón y puede hacer un dos contra uno, decimos fix, ejemplifica Marc. Es la base del entrenamiento cognitivo.

“Nos encontramos problemas para poder convocar a los jugadores”, lamenta Marc ante la poca colaboración existente

EL SCOUTING: EN BUSCA DEL MESSI ASIÁTICO

Entre los cuatro, realizan un scouting continuo que se intensifica durante los meses previos a las múltiples competiciones que llenan el calendario. Es un trabajo sin tregua por la acumulación de torneos en las distintas edades. Entre los 70 millones de personas en el país, defiende, hay mucho talento futbolístico. Pero lo que para los europeos es talento, quizás para los tailandeses no lo es. “Los conceptos no están explicados. El que es bueno lo es de forma innata, pero no lo ha aprendido”. La falta de teorización y comprensión del fútbol a nivel conceptual dificulta la tarea en las selecciones, que trabajan a veces a contracorriente de los equipos de origen.

Los clubes no acostumbran a poner facilidades para ceder a sus promesas. “Nos encontramos problemas para poder convocar a los jugadores”, lamenta Marc ante la poca colaboración existente. “Es bastante frustrante porque quizás tienes controlados a siete que eran los mejores y al final no pueden venir”. Los cuatro técnicos todavía están adaptándose a esta nueva mentalidad, distinta de la que conocían en Europa. A pesar de las complicaciones, y tras varias convocatorias, asegura que han dado un salto cualitativo muy grande. El crecimiento se observa especialmente en los menores de 15 años, cuando los futbolistas aún están en plena fase de aprendizaje. Poder trabajar con los distintos grupos seleccionados ha ido allanando un camino que presentaba mucha pendiente al iniciar la aventura.

Como el propio Alavedra confiesa, a su llegada al país, se vieron obligados a hacer mucho trabajo de oficina. Una labor teórica, con charlas y presentaciones para explicar lo que iban a desarrollar, un plan que resultaba muy nuevo para los jóvenes valores tailandeses. En los entrenamientos, por ejemplo, han cambiado las dinámicas. Sesiones más cortas, como mucho de una hora, en las que han aumentado la intensidad. Su ritmo, por naturaleza, es menor, algo que Marc atribuye a razones culturales y del clima. A pesar de las adversidades, siguen adaptándose a las circunstancias. Es la exportación de un sistema casi contracultural, que lucha por mejorar el rendimiento y las prestaciones de los jugadores, sin cortar las raíces que les ligan al fútbol del país. 

CUANDO EL FÚTBOL REFORMULA SUS RAÍCES

Con todo, Asia parece estar viviendo un proceso de fusión entre los valores autóctonos que deben mantenerse y las costumbres futbolísticas europeas de las que impregnarse para lograr crecer y crear un sello propio. La puesta en escena en las competiciones, antes de empezar los partidos, es un claro ejemplo de las diferencias existentes respecto al fútbol occidental. “Al principio nos sorprendía que en un encuentro de niños de 14 años se hiciera una performance como si fuera un partido de profesionales: acreditación colgada del cuello, himno del país, salida en fila…”. Los jugadores, cuenta entre risas, tienen que saltar al campo veinte minutos antes de que el árbitro pite el inicio para completar todo el paripé. Además, los calentamientos también duran mucho más.

Tailandia, admite, vive todavía un fútbol bastante ordinario, en el que lo que más prima es el físico, aunque también basado en grandes dosis de talento en ataque. Los partidos, que también duran 90 minutos a pesar de las duras condiciones del clima, se convierten en correcalles y no hay control posicional. Algo que, para un técnico que pretende organizar el desorden, supone un verdadero quebradero de cabeza. En este viaje han empezado una nueva misión: descubrir qué perfil define al jugador tailandés para darle las herramientas que le permitan potenciar sus virtudes sobre el césped. “La idea es enseñar lo que sabemos de fútbol, ordenarlos y que aprendan a entender e interpretar el juego”, argumenta el técnico catalán. A pesar de los progresos, siguen habiendo costumbres que les ligan al tipo de fútbol que siempre ha reinado en el país.

“Aquí comen muy mal, los hábitos no son buenos y si queremos crecer en el plano futbolístico también debemos poner el foco en esos aspectos”

LAS GRANDES COMPETICIONES, EN EL PUNTO DE MIRA

El objetivo principal con su labor es clasificar a la selección de Tailandia sub-21 para los próximos Juegos Olímpicos de 2020, que además se celebrarán en Tokio. En Asia, Tailandia no es ninguna potencia futbolística, pero este cuarteto de entrenadores está convencido de poder establecer bases sólidas para el futuro. A nivel personal, además, para un joven de 28 años como Marc, llegar al país le ha permitido crecer como entrenador, comprendiendo y ejecutando un método bien estructurado que le permite estar inmerso de lleno en el mundo del fútbol. De momento, el desafío no contempla más allá del próximo año, aunque hay opción de alargar la aventura dos cursos más. Tras seis meses allí, la culminación de la experiencia sería llegar a vivir los JJOO en primera persona.

Para entonces, en 2020, se espera se haya producido un relevo generacional que dibuje una realidad curiosa en el fútbol del país. “Esperamos que dentro de tres o cuatro años, con los conceptos aprendidos, aquellos jugadores que van un paso por delante puedan ser profesionales y mejoren el nivel actual”. Hasta ahora, los dos o tres jugadores que por edad tienen más talento, son introducidos en grupos de élite, con mayor asesoramiento personal e individualizado. Es el camino para formar el ‘Messi asiático’ con el que sueñan los amantes del fútbol en los países orientales.

Para ello, más allá de focalizar la atención en el césped, desde el cuerpo técnico buscan llevar a cabo una formación integral, incluyendo aspectos como la nutrición, la prevención de lesiones y todos aquellos detalles que hagan crecer a los jugadores con mayores capacidades. “Aquí comen muy mal, los hábitos no son buenos y si queremos crecer en el plano futbolístico también debemos poner el foco en esos aspectos”. Quizás sea la capacidad de equilibrar en la balanza todo esto lo que acabe por construir un fútbol tailandés renovado, moderno, pero con identidad propia.

PRIMEROS FRUTOS DEL PROCESO

Los primeros frutos parecen ir llegando poco a poco. El premio a la constancia y el trabajo desde su llegada. Con la sub-15, en la Copa Suzuki AFF, en la que participan países del sureste asiático, llegaron a la final, donde perdieron en los penaltis contra Vietnam. El gran éxito llegó con la sub-18, con la que ganaron el torneo.

Como consecuencia de los buenos resultados en las competiciones previas a las grandes citas, recientemente han clasificado a las selecciones sub-16 y sub-19 para la Copa de Asia, que se disputarán en 2018. Un hecho histórico que nunca habían conseguido en Tailandia. Aún así, Marc pone los pies en el suelo: “la competición no para”, avisa. Aunque pueda parecer complejo, para ellos está siendo muy positivo conocer a todos los jugadores. Estar a la vez en todas las selecciones inferiores les permite hacer buenas convocatorias y seguir mejorando, teniendo controlados a los jugadores y viendo cuál es su evolución en su paso por las distintas edades. 

LAS PERSPECTIVAS DE FUTURO

Aunque el reto de participar en unos Juegos Olímpicos está en el horizonte, Marc admite que es difícil prever el futuro porque en el fútbol, especialmente en Asia, todo cambia muy deprisa. “En cuestión de tres días se presentan nuevos torneos en el calendario”, explica ante la masificación de competiciones. Clasificar un combinado para la Copa Asia ayuda a dar mayor repercusión y les refuerza en su tarea al frente de las categorías inferiores.

De momento, el seguimiento y la implicación de los distintos actores del país está siendo muy grande. “Tenemos, por ejemplo, muchos fans que comentan por las redes, ven resúmenes, entrevistas…”. El trabajo para dar visibilidad a los logros también es clave. Es la semilla que están haciendo crecer estos cuatro jóvenes para convertir el fútbol tailandés en una referencia de Asia. Un ejemplo de la profesionalización del fútbol de base en los países orientales. Una tendencia que amenaza, a largo plazo, con introducir un nuevo potencial aspirante en la lucha por las competiciones internacionales de selecciones.