A Giggs los 40 le pillan con las botas puestas. Ya sea sentado en el banquillo deseando que llegue su momento de saltar al campo, o dejándose la piel durante 90 minutos como en el último partido de la Liga de Campeones (contra el Leverkusen corrió 11 km) en un partido más. Y ya van más de 1000. Este 29 de noviembre cumple 40 años y nadie duda de que el futuro de Giggs solo tiene un color. Las nuevas funciones que va adquiriendo como entrenador aseguran su continuidad en el mismo banquillo que le ha hecho joven, hombre y leyenda. Si el jugador aprovecha su aniversario para echar la vista atrás verá el vivo retrato de alguien que sabe cuál es la mejor manera de ganarse el respeto de un club, de una afición y de un entrenador: no abandonarlo nunca.

Cuentan que Ferguson vio jugar al pequeño Ryan Joseph Wilson –que entonces aun conservaba el apellido de su padre – desde la ventana de su despacho y fue entonces cuando decidió que aquel pequeño crack debía jugar para él. El galés se había trasladado a Manchester a los seis años como consecuencia de la carrera deportiva de su padre, un reconocido jugador de rugby. El propio Alex Ferguson convenció a la familia para que Giggs pasara a formar parte del Manchester United, un equipo que pasaba por una de sus peores épocas.

Sir Ferguson llevaba cinco años al frente de los ‘red devils’ y la escasez de títulos que arrastraba el club durante más de 20 años se sumaba a la hegemonía inalterable del Lipervool. Todo eso ponía en duda la extrema tenacidad con la que trabajaba ese escocés que acababa de tomar las riendas del primer equipo. Pero con la llegada del extremo galés y otros jóvenes como Paul Scholes o los hermanos Neville todo cambió. En la temporada 1992-93 y después de 26 años de frustración este grupo inauguraría con un título de Liga la década más prolífica del club inglés, hasta llegar al clímax el año 1999, en la que el Manchester United se convirtió en el primer equipo en lograr el triplete, ya con Beckham, otra figura ilustre, en sus filas.

Desde entonces y hasta hoy, Giggs es el resultado de haber sabido adaptar al paso del tiempo muchos aspectos de su vida y haber querido mantener intactos tantos otros. La transformación más evidente la ha hecho como jugador. Si antes era un extremo puro, con regate y velocidad, se ha ido convirtiendo en un mediapunta con más pausa y control, en un excelente pasador. De hecho, la mejor manera de hablar del galés es aludiendo a todos los récords que ha ido acumulando a lo largo de su carrera: el que ha jugado más partidos con el United; el que ha jugado más partidos de Champions, el que ha marcado en todas y cada una de las temporadas de su carrera, el jugador que nunca ha sido expulsado (como Raúl, por cierto)….

Aun así, hay algo inquebrantable en la personalidad de Giggs. La determinación con la que concibe su carrera deportiva y la obsesión por mantener su estado de forma son la clave de su perpetuación como mito en activo. También la ilusión por defender la selección de Gales por mucho que esto conlleve no participar en torneos internacionales.

Sólo una gran personalidad sería capaz de frenar el paso del tiempo como él lo ha hecho y convertir cada momento en una oportunidad. Este joven de 40 años aguanta estoico todas las voces que le empujan a la retirada, porque aun queda fútbol en las botas de alguien que ha sabido estar en un segundo plano cuando le ha tocado. Observando fielmente todas las estrellas que pasaban por su lado, animándolas, aconsejándolas, disfrutándolas antes de verlas partir. El día que se retire Giggs será una fecha histórica. Pero aun así no será un adiós, porqué él no sabe decir adiós al Manchester. Ni siquiera será un hasta pronto, porque tiene reservado el trono que perteneció durante tanto tiempo a su maestro.