Mi fa male la gamba. José Antonio Camacho escuchaba esas palabras de boca de su delantero y se encendía como una hoguera de San Juan, quejoso porque pensaba que a Florin Raducioiu siempre le dolía algo. Con o sin dolor, el rumano ‘Radu’ era puro talento goleador, y como tal desembarcó en el Espanyol en el verano de 1994. No fue un fichaje fácil: venía de ser campeón de Europa con el Milan (aunque no jugó la final de Atenas) y de firmar un sobresaliente en el Mundial de Estados Unidos. Además, el Espanyol acababa de ascender a Primera y Raducioiu no estaba del todo seguro del potencial del equipo. Perelló y Lacueva, presidente y gerente del club, lo convencieron durante el Mundial. 400 millones de pesetas hicieron el resto.

Aterrizó en El Prat como si fuese una estrella del rock: media melena rubia y expectativas por todo lo alto. “Este es más rápido que Gento y más bueno que Stoichkov”, dijo José Manuel Lara, que había financiado parte del fichaje. Su primera temporada fue notable: formó una gran pareja atacante con Lardín y se embolsó el cariño de la grada. Se convirtió en uno de los delanteros más codiciados de la Liga. Tanto, que la prensa italiana publicó que Sean Connery, el mismísimo James Bond, estaba dispuesto a pagar para llevarse a Raducioiu al Glasgow Rangers. “A mí no me saca del Espanyol ni 007 ni nadie”, contestaba el rumano al día siguiente. Todo había sido un bulo, fake news de los 90.

 

Fue traspasado al West Ham, donde las cosas no le fueron demasiado bien. Se peleó con su entrenador, Harry Redknapp, y en enero de 1997 volvió al Espanyol, a tiempo para convertirse en el goleador del último derbi de Sarrià

 

No fue James Bond, sino una lesión en el codo, lo que interrumpió su romance con la afición del Espanyol. Tardó en recuperarse y a Camacho se le acabó la paciencia: fue traspasado al West Ham, donde las cosas no le fueron demasiado bien. Se peleó con su entrenador, Harry Redknapp, y en enero de 1997 volvió al Espanyol, a tiempo para convertirse en el goleador del último derbi de Sarrià. Fue su epílogo: ya empezaba a despuntar un tal Tamudo y ‘Radu’ se fue cedido al Stuttgart. Acabaría su carrera como delantero del Mónaco, cerrando un círculo del que pocos pueden presumir, el de haber marcado goles en las cinco grandes ligas de Europa.

Tras ser seleccionador rumano sub-15 y sub-18, también dirigió la escuela del Atlético de Madrid en Bucarest y ahora vive a caballo entre Italia y Rumanía, donde colabora en el canal de televisión Telekom Sport. “Ahora me falta algo… Me falta el fútbol, el césped, el gol”, confiesa.

 


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