“Hola Arsène Wenger. Soy Michael Olunga Ogada, delantero del Gor Mahia FC de Kenia. Mi sueño es jugar por el Arsenal. Confío en que considere mi petición. Gracias”. El vídeo apenas dura 40 segundos, pero es una auténtica joya para los amantes del deporte rey. En él, Michael Olunga, un futbolista que, cuando se publicó la grabación, en diciembre de 2015, tenía tan solo 21 años y acababa de ganar el galardón al MVP de la Kenya Premier League, le rogaba una oportunidad al técnico gunner de una forma tan inocente como entrañable.

Por aquel entonces, el espigado atacante africano ya se había dado cuenta de que, después de cuatro buenas temporadas con la Liberty Sports Academy, el Tusker, el Thika United y el Gor Mahia, el campeonato local y los estadios humildes de Kenia se le habían quedado pequeños. Quería destacar más allá de las fronteras de su país e hizo unas pruebas en el SuperSport United y el Bidvest Wits de la primera división de Sudáfrica, pero le rechazaron. Finalmente, en febrero de 2016, cambió el Nairobi City Stadium por el Tele2 Arena del Djugårdens IF Fotboll de la máxima categoría del balompié sueco, la Allsvenskan. No había llegado al Emirates Stadium, pero ya estaba más cerca de poder cumplir su sueño.

Los inicios no fueron nada sencillos, algo fácil de prever tratándose de un chico que jugaba a 12.000 quilómetros de su casa, que tenía que hacer frente al fuerte choque cultural y que había cambiado el caluroso clima africano por el frío escandinavo; los amigos y la familia, por la soledad; y el fútbol anárquico de Kenia, por el fútbol europeo. “Nunca es fácil venir desde África”, reconocía el propio jugador en una entrevista en la que también admitía que sus referentes futbolísticos son Robin van Persie y James Rodríguez.

 

En Suecia, los inicios no fueron fáciles: los hinchas del Djugårdens acusaron a Olunga de ser el peor jugador que había fichado el club en sus 125 años de historia

 

Los problemas de aclimatación tuvieron rápidamente sus primeras consecuencias: a través de las redes sociales, los hinchas del Djugårdens acusaron a Olunga de ser el peor futbolista que había fichado el club en sus 125 años de historia. El conjunto sueco incluso se planteó cederlo a un equipo menor, pero el keniano despertó de repente.

En la jornada 17 del campeonato, empezó a marcar goles y ya no dejó de hacerlo hasta que el curso bajó el telón. En total, anotó 12 tantos en los últimos 14 encuentros de liga, una cifra que le sirvió para ser nominado como uno de los mejores recién llegados a la Allsvenskan -el premio lo ganó Alexander Isak, ahora en el Borussia Dortmund-, para reconvertir las críticas de su afición en elogios… y para que el Guizhou Hengfeng Zhicheng de la Superliga china se fijara en él y no dudara en pagar unos cuatro millones de euros por hacerse con sus servicios.

Tras unos meses discretos en el fútbol asiático, el delantero fue cedido al Girona en el último día del mercado del pasado verano, completando así un atípico y exótico currículum para un jugador de 23 años: Kenia, Suecia, China y España.

Aunque en su presentación como nuevo integrante del cuadro de Montilivi, Olunga dejó una clara declaración de intenciones –“El Girona está viviendo un sueño y yo quiero formar parte de él”, afirmó-; lo cierto es que el fichaje no ilusionó demasiado a la hinchada rojiblanca, que lo recibió con la duda de si era suficientemente bueno como para completar una plantilla que iba a afrontar el complicado objetivo de la permanencia.

La incertidumbre alrededor de la figura de Olunga, el segundo keniano en saborear la primera división española tras el exjugador de la Real Sociedad McDonald Mariga, no hizo más que aumentar con el nulo acierto mostrado en sus escasas participaciones. Condenado al banquillo y a tener pocas oportunidades por la falta de aclimatación a los complejos esquemas de Pablo Machín y por las excelentes actuaciones de Cristhian Stuani, el ‘14’ del Girona tan solo acumulaba 92 minutos en la liga hasta el sábado pasado. De hecho, el último recuerdo que tenían de él los seguidores rojiblancos eran malas las sensaciones que dejó en los siete minutos que jugó en el choque contra el Espanyol, a mediados de diciembre.

 

Olunga es uno de los grandes referentes de la población de Kenia

 

La opinión que se tenía de Olunga en Girona contrasta con la imagen que tienen de él en Kenia, un país en el que “el fútbol es, de lejos, el deporte rey” y que ha encumbrado al delantero de Nairobi como uno de sus grandes referentes, destaca Kamau Githure, un trabajador de la embajada de la república africana en España. En este sentido, sorprende que el keniano, que es uno de los jugadores más prometedores de los Harambee Stars, la selección oficial del país, y que apareció en la lista de 30 nominados para el galardón al mejor futbolista africano del 2017 que terminó coronando al egipcio Mohammed Salah, no solo es idolatrado por su rendimiento dentro de los terrenos de juego. También lo es fuera de ellos, donde es conocido como Michael ‘The Engineer’ Olunga porque en 2013 empezó a cursar una carrera de Ingeniería Geoespacial en la Technical University of Kenya, unos estudios que podría continuar ahora en Girona.

La prueba más evidente de la admiración que provoca Olunga en su tierra es una de las formas escogidas por una televisión de Kenia para promocionar sus retransmisiones de los partidos de LaLiga. En un enorme cartel publicitario, el africano aparece como el gran protagonista, por delante de Leo Messi, Cristiano Ronaldo, Andrés Iniesta, Marcelo, Sergio Ramos y Luis Suárez. Y, en la parte izquierda de la composición, una pregunta incomprensible para todo aquel que conozca al conjunto de Machín: “¿Conseguirá Olunga clasificar al Girona para Europa?”.

Con todo, la opinión de Olunga que tenía la afición del Girona cambió, quizás para siempre, el pasado sábado, cuando el cuadro rojiblanco se impuso a Las Palmas con una goleada histórica (6-0). La cosa no empezó bien, porque el jugador, que había entrado tras el descanso en sustitución del lesionado Cristhian Stuani, erró una ocasión clara ante Raúl Lizoain que hizo desesperar por enésima vez a la hinchada local, pero, tal y como apuntaba el propio Olunga en una entrevista en la televisión keniana K24: “Al final del día no importa cómo has empezado. Cómo acabas la carrera es lo que importa”.

Dicho y hecho. En la siguiente que tuvo, mandó el balón a la red para celebrar su primer gol en partido oficial con el Girona. Un tanto que, por cierto, tiene su historia. Y es que, según declaraciones recogidas por el Diari de Girona, en el último entreno antes del choque contra Las Palmas, Jordi Balcells, el preparador físico del equipo, se acercó a Olunga y le aseguró: “Sé que el partido de mañana es muy importante y estoy convencido de que ganaremos. Tú saldrás y harás el 2-0 en el minuto 88, el gol de la sentencia”. El día del encuentro, mientras se preparaba para entrar en juego, el keniano se acercó a “My friend Jordi” y le dijo: “Recuerda aquello que comentamos ayer”. “Y tú también”, le contestó Balcells.

No fue en el minuto 88, pero, efectivamente, Olunga marcó el 2-0. Y, cuando lo hizo, corrió hacia la zona donde calientan los suplentes para fundirse en un abrazo con el preparador técnico, uno de sus puntos de apoyo a lo largo de una temporada que no había empezado de la mejor manera. De hecho, el propio Balcells retrata a la perfección la complicada situación que vive el delantero: “Es un chico muy joven, de Kenia, que viene de jugar en China y que ahora se encuentra en Girona, en la primera división española. No tiene que ser fácil”.

En cambio, la forma con la que el ‘14’ fue sumando goles a su casillero individual sí que lo pareció. En tan solo 33 minutos, Olunga completó una exhibición extraordinaria y se convirtió en el héroe inesperado del día al conseguir tres tantos y regalar una asistencia a Portu. Nadie se lo esperaba cuando saltó al césped, pero el ariete lideró al Girona y lo condujo hacia la goleada más abultada del curso… y la más contundente lograda por un debutante en Primera división desde que el Gimnàstic de Tarragona avasallara al Athletic por 7-1 en 1948.

 

Superados por lo que acababan de presenciar, los aficionados optaron por entonar un estribillo inefable: “Olunga, Balón de Oro”

 

La sorpresa era mayúscula en las graderías de Montilivi, así que los seguidores gerundenses, que no debían saber cómo reaccionar, se rindieron ante el killer y empezaron a entonar un estribillo inefable: “Olunga, Balón de Oro”. Superados por los hechos que acababan de presenciar, fue la única manera que encontraron de responder a una realidad inimaginable.

Justo después del encuentro, ya en la zona mixta, todo el mundo le buscaba a él: el protagonista indiscutible del duelo, el primer futbolista del Girona en marcar un hat-trick en Primera División y el primer keniano en celebrar un gol en la máxima categoría del balompié español. Las cosas podrán irle mejor o peor en Montilivi, pero esto ya no se lo quitará nadie.

Consciente de ello, cuando atendió a las televisiones no dudó ni un instante en proclamar que “hoy es el mejor día de mi carrera”. “Marcar tres goles en una competición como la liga española no es poca cosa, es algo que cualquier jugador quiere conseguir y estoy muy contento”, sentenció. Y, en los micrófonos de RAC1, añadió: “Ha sido un partido increíble. Nunca pensé que podía hacerlo tan bien”.

Olunga había logrado siete tantos con la Liberty Sports Academy en 2012 y cuatro con el Gor Mahia en 2015, pero los tres goles del sábado contra Las Palmas son algo que supera de largo todo lo anterior. Tanto es así que incluso el presidente de Kenia, Uhuru Kenyatta, utilizó las redes sociales para felicitar al futbolista con un mensaje que terminaba con una sincera petición: “Continúa haciendo que la bandera de Kenia vuele alto”.

En la misma línea, desde la embajada de la república africana apuntan que el hat-trick de Olunga “es muy importante para que el país se dé a conocer”. “Todo el mundo está hablando de él en Kenia, lo que ha hecho ha tenido mucha repercusión”, añade Kamau Githure.

En Montilivi, el impacto de la gesta del africano no ha sido mucho menor. “Yo mismo dije que podía salir porque tenía pocos minutos, pero si lo digo ahora me matáis. Así de bonito es el fútbol: ha sucedido algo que nadie esperaba y ahora su futuro es más próximo al Girona que a cualquier otro sitio”, admitía en el Diari de Girona Quique Cárcel, el director deportivo de la entidad. De hecho, la trascendencia del hat-trick de Olunga ha sido tal que, cuando ya han pasado varios días, el club continúa recibiendo peticiones para entrevistarle.

La lista es casi interminable. Pero él, como buen admirador de Nelson Mandela que es, las acepta todas con la sonrisa que le caracteriza y con el buen humor que siempre le ha acompañado, incluso en los momentos más difíciles. Porque, en definitiva, Michael Olunga Ogada es esto: un chaval, alegre y agradecido a partes iguales, que ha luchado de forma incansable, silenciosa y paciente contra todas las adversidades hasta conseguir lo que anhelaba cuando corría por los campos de Kenia: jugar en una de las cinco principales ligas europeas.

Sus otros grandes sueños, defender la camiseta del Arsenal o la del Real Madrid, parecen francamente imposibles, pero seguro que a él le reconforta pensar que nunca ha estado más cerca de alcanzarlos que ahora. “This is football, everything can happen”, afirma. Y mientras atiende a la prensa, desde algún lugar de su casa, el balón del hat-trick firmado por todos sus compañeros permanece ya como un recuerdo eterno e imborrable del 13 de enero de 2018, el día en que Montilivi se desgañitó al grito de “Olunga, Balón de Oro”.