Marcelo Bielsa y Eduardo Rodrigálvarez apenas debían haber empezado a andar cuando, en la temporada 56-57, el Athletic Club se enfrentó al Manchester United en los cuartos de final de la segunda edición de la Copa de Europa. El conjunto bilbaíno, dirigido por el checoslovaco Ferdinand Daučík, se impuso a los ‘Red Devils’ por un memorable 5-3 sobre la nieve de San Mamés en el primer partido de la eliminatoria. Aun así, en el encuentro de vuelta, los Cedrún, Orúe, Garay, Trapero, Ugartemendia, Maguregui, Artetxe, Marcaida, Merodio, Uribe y Gainza sucumbieron por un doloroso 3-0 a manos de los ‘Busby Babes’, aquella maravillosa generación de jóvenes futbolistas que nos robó la Tragedia de Múnich, y cayeron eliminados.

Y es que, tal y como reconocía Mikel San José en el #Panenka71, el Athletic Club, además de ser un club diferente a todos los demás, siempre ha sido un equipo de extremos, un equipo capaz de lo mejor y de lo peor. Es algo que está en su particular e inigualable esencia, puede ganarle la Supercopa de España al Barcelona a doble partido y puede ser eliminado a las primeras de cambio por el Formentera en su torneo fetiche, la Copa del Rey.

Con todo, entre las grandes noches que adornan la centenaria historia del combinado vasco, dos de las más recientes son las de la eliminatoria de octavos de final de la Europa League del curso 11-12 contra el Manchester United. Después de acabar la fase de grupos por delante del Red Bull Salzburg, el Paris Saint-Germain y el Slovan Bratislava y de superar, con apuros, al Lokomotiv de Moscú en los dieciseisavos; el destino hizo que el camino del Athletic Club de Marcelo Bielsa se cruzara con uno de los grandes favoritos al título, un United que había llegado a la competición rebotado desde la Champions League y que en la ronda anterior había eliminado al Ajax. “Cuando se hizo el sorteo, dijimos: ‘¡Buah!, con lo que nos ha costado llegar hasta aquí y nos toca el Manchester. Verás vaya meneo nos van a pegar’. Llegamos hasta allí por méritos propios y nadie nos regaló nada, pero si te toca el Manchester United es evidente que lo más lógico es que pierdas”, apunta Gaizka Toquero, uno de los hombres más carismáticos de aquel vestuario. Y, en la misma línea, Óscar de Marcos añade que “para nosotros estar en el bombo ya era para sentirnos orgullosos. Estábamos entusiasmados con que nos saliese algún equipo grande para vivir una experiencia en algún campo espectacular y, por suerte, nos cayó el Manchester. En Bilbao, todo el mundo se lo tomó como una fiesta. No porque creyeran que no podíamos pasar o porque ya nos dieran por muertos, sino porque jugar contra el Manchester era como un premio”.

 

“Cuando se hizo el sorteo, dijimos: ‘¡Buah!, verás vaya meneo nos van a pegar'”

 

Pero ese premio no solo era para la afición, también era para los futbolistas rojiblancos. “Jugar en Old Trafford era muy ilusionante para todos”, rememora el guardameta Gorka Iraizoz. Y la ilusión, como no podía ser de otra forma, se plasmó en sus rostros desde que pisaron el Teatro de los Sueños el día antes del encuentro para someterse a uno de esos desafíos herculinos a los que Marcelo Bielsa llamaba entrenamientos. Bien podía ser también la última vez que visitaran ese campo histórico en sus carreras deportivas, así que había que inmortalizar cada instante para retenerlo eternamente en la memoria. “Tenemos fotos muy guapas, muy chulas. Y en el vestuario había una fiesta… La tarde antes del partido estábamos como niños pequeños, es que eran tales las ganas de jugar en ese estadio y de jugar contra ese equipo que todos estábamos muy emocionados”, recuerda De Marcos, justo antes de admitir que “nuestras sensaciones eran buenísimas, pero jugar contra el Manchester… Estoy seguro de que no conocían ni a ocho jugadores de nuestro once inicial”.

Mientras se imagina los futbolistas bilbaínos subiéndose por las paredes del vestuario visitante de Old Trafford víctimas de una felicidad desatada y de unos nervios incontenibles, uno casi puede ver a ‘El Loco’ Bielsa quieto en un lado de la sala, observando a sus pupilos y preparándose el partido con la normalidad más absoluta, como si fuera a jugar contra un equipo de Tercera División. Tal y como subraya Eduardo Rodrigálvarez, periodista de El País y autor de Un soviético en la Catedral, “su estilo es innegociable, es un ganador. Él no entendía que por jugar la final contra el Barça tenías menos posibilidades. Aquel Athletic de Bielsa era un equipo en el que el rival importaba poco, casi daba igual cual fuera. Era un equipo descarado y desacomplejado, que creía en sí mismo y que pensaba: ‘¿Por qué coño voy a jugar mal este partido porque sea en Old Trafford?'”. “Era un espectáculo escucharle todos los días. Con él, empezamos a creer en nosotros mismos y a convertirnos en un equipo ganador. Era un motivador nato”, continúa De Marcos; “Marcelo era un genio. Vive por y para el fútbol, y fue un privilegio tenerlo. En ese momento, nos inculcó cosas que tanto los jugadores como el club necesitábamos para seguir creciendo”, sentencia Gorka.

Así que, inevitablemente, justo antes de saltar al césped del Teatro de los Sueños, llegó la charla. Bielsa, que en la rueda de prensa previa al encuentro ya había remarcado que, a pesar de la innegable magnitud del rival, aquello continuaba siendo un partido de fútbol, juntó a todos sus futbolistas y les espetó: “Jugar en Old Trafford es un sueño, pero ganar es una realidad”.

 

“Jugar en Old Trafford es un sueño, pero ganar es una realidad”

 

Con aquella frase, una de las más brillantes de una colección verdaderamente interminable, ‘El Loco’ pretendía que sus once jugadores -Gorka Iraizoz, Andoni Iraola, Javi Martínez, Mikel San José, Jon Aurtenetxe, Ander Iturraspe, Ander Herrera, Óscar de Marcos, Iker Muniain, Markel Susaeta y Fernando Llorente- superaran el miedo escénico que podía infligir Old Trafford y se enfrentaran de tú a tú a David de Gea, Rafael da Silva, Chris Smalling, Jonny Evans, Patrice Evra, Park Ji-Sung, Phil Jones, Ryan Giggs, Ashley Young, Wayne Rooney y ‘Chicharito’ Hernández, los elegidos de Sir Alex Ferguson. Y lo consiguió, vaya si lo consiguió.

Una vez dominados los nervios iniciales -De Marcos reconoce que “al principio tenía las piernas bastante tensionadas y agarrotadas por el escenario”-, el Athletic se fue encontrando más cómodo sobre el terreno de juego con el paso de los minutos. Espoleado por los más de 8.000 bilbaínos que inundaron la ciudad y las graderías de un Old Trafford que parecía San Mamés, el cuadro vasco empezó a acercarse con peligro a las inmediaciones de De Gea; pero fue el United el que, haciendo gala de su condición de equipo grande, aprovechó la primera ocasión clara de la que dispuso. En el minuto 23, después de una buena conducción de Giggs, Chicharito disparó a puerta con un chut raso que obligó a Gorka a intervenir. El meta navarro desvió el balón en primera instancia, pero Rooney acudió al rechace y, desde la frontal del área pequeña, hizo subir el 1-0 en el marcador del Teatro de los Sueños.

El golpe ni siquiera inmutó al Athletic, que aprovechó las concesiones de un Manchester apático e indolente para continuar buscando estoicamente la portería contraria. “No nos descompusimos, supimos aguantar y continuar generando ocasiones”, destaca Gorka, el futbolista que más sufría la apuesta decididamente ofensiva de Bielsa. Escribió Rodrigálvarez en la crónica de El País, que “el United tenía como un aire a diva desposeída del mejor camerino, mientras el Athletic abría la puerta con la energía del actor de carácter aún joven. No solo le quitó el protagonismo, sino que le robó el papel, el libreto, el guion y la jerarquía”. Finalmente, en una de las últimas acciones de la primera parte, los futbolistas de Bielsa encontraron el premio que habían estado buscando con tanto ahínco. Tras recibir un balón del incombustible Iraola, Susaeta puso un centro medido al área y Llorente, la gran referencia ofensiva de aquel equipo, apareció entre Smalling y Rafael para equilibrar de nuevo el resultado. El día antes del encuentro Ferguson ya había avisado de que el espigado delantero de Pamplona era “particularmente peligroso” por su dominio del juego aéreo, pero sus defensas no pudieron hacer nada para neutralizar su poderío en el área.

Aquella exhibición de fútbol asociativo, aquel derroche de determinación e insistencia, se multiplicó después del descanso. Convertidos en meros espectadores de un espectáculo impensable e incomprensible, empequeñecidos por un equipo excepcionalmente joven que atacaba en masa, que defendía con una presión asfixiante e intensa y que creía ciegamente en las ideas y en la filosofía de su entrenador; los jugadores del Manchester United no podían hacer más que perseguir las sombras de sus contrincantes y confiar en la calidad de De Gea, que evitó un resultado de escándalo al salvar a los ‘red devils’ en innumerables ocasiones. Sin embargo, en el minuto 71, el arquero madrileño no pudo evitar que De Marcos, “el inagotable, el inacabable, el futbolista sin límite de kilometraje”, según lo definió Rodrigálvarez en las páginas de El País, culminara, en clara posición de fuera de juego, una triangulación tan exquisita como vertiginosa con una volea que supuso el 1-2.

La alegría para la parroquia rojiblanca aún fue mayor cuando, en el minuto 90, llegó el tercer gol de la noche para el conjunto vasco. El ‘Lehendakari’ Toquero, el eterno ‘2’ de aquel equipo, se alzó entre Evans y Jones para habilitar con la cabeza a De Marcos, que chutó desde lejos. De Gea, en su enésima intervención providencial, pudo despejar el balón, pero Muniain, el más listo de la clase, aprovechó un despiste infantil de la zaga local para hacer el 1-3, dejar la eliminatoria encarrilada y poner el broche de oro a un partido que sintetiza la esencia del Athletic de Bielsa, a un partido que “fue la culminación de un proyecto”, señala un Rodrigálvarez que recuerda cómo, mientras intentaba concentrarse para relatar una de las noches más increíbles que ha vivido, Ángel Iturriaga, el autor de Diccionario de jugadores del Athletic Club, se levantó detrás suyo al grito de: “Esto es la canarinha, esto es la canarinha.

 

“Esto es la canarinha, esto es la canarinha

 

Justo antes del final del encuentro, De Marcos cometió un penalti por unas manos clarísimas que Rooney se encargó de transformar con un chut potente, imposible para Gorka. Aquel 2-3 le daba muchas más opciones al United. “Me quedé con un poco de mal sabor de boca, pero entonces Iraola entró al vestuario y me dijo: ‘Estate tranquilo, que tú no sabes lo que hemos hecho aquí hoy…'”, rememora emocionado el polivalente futbolista vasco. Y es que, ciertamente, aquella pena máxima no empañó ni un ápice la magnitud de una victoria memorable y completamente merecida, conseguida por un equipo que no se dejó impresionar ante la mística de un escenario único y de uno de los grandes colosos del fútbol continental.

“El Athletic ha impartido una majestuosa lección en Old Trafford. En un campo mítico, histórico, ante un equipo con tres Copas de Europa, el cuadro rojiblanco, 23 años de media, ha ofrecido todo un recital de cómo se juega al fútbol. Con valentía y sin complejos. Una obra maestra en un Teatro de los Sueños que se ha despedido del encuentro con un solo grito: ‘¡Athletic, Athletic!’. Y miles de bufandas rojiblancas al viento. Los hombres de Marcelo Bielsa han caricaturizado al Manchester United de Alex Ferguson, han aplastado con un juego de otra galaxia a uno de los grandes de Europa y se han alzado con un triunfo inolvidable que quedará grabado con letras de oro en la memoria colectiva de la afición. Una gesta. Una victoria (2-3) que no refleja, ni con mucho, la distancia sideral que ha existido en el césped”, relataba la crónica de El Correo, el mismo periódico que el día después del encuentro concluía que “la afición del Athletic se ha levantado hoy con una certeza: la victoria de ayer en Old Trafford es uno de los mejores partidos de la historia rojiblanca”.

Desde las mismas entrañas de Old Trafford, mientras trataba de digerir aquella victoria, De Marcos afirmó que “todos confiábamos en que podíamos ganar en El Teatro de los Sueños. El entrenador nos lo había metido en la cabeza, que nadie era mejor que nosotros, que podíamos competir contra cualquier equipo. Y esta noche lo hemos hecho ante uno de los mejores equipos del mundo. Es una noche para sonreír, para disfrutar”. 2.204 días después, el recuerdo de aquella noche aún está vivo en su memoria: “Es imposible olvidar ese día, ese recuerdo es imborrable. El partido fue brutal, es el mejor recuerdo que tengo en el fútbol. He ganado una Supercopa, pero dentro de un campo lo más especial que he vivido es ese partido. La afición estuvo gritando sin parar todo el partido. Estaban mis padres y mi hermano, habían venido amigos… Cada vez que metíamos un gol pensaba en ellos y decía: ‘¡Buah!, lo que estarán gozando’. Además, mi marca al hombre era Giggs… Y me acuerdo perfectamente de que, mientras le seguía por todo el campo, pensaba: ‘Joder, estoy cubriendo a Giggs’. Para mí, para un chaval de Laguardia, imagínate… Es que era una locura, si es que yo a él lo había elegido mil veces para jugar con la Play.

 

“Es imposible olvidar ese día, ese recuerdo es imborrable”

 

Tras el 2-3 de Old Trafford, la euforia invadió Bilbao. Aun así, desde Lezama se insistió en remarcar que la eliminatoria no estaba ni mucho menos sentenciada. De hecho, el propio Bielsa ya se había dado prisa en avisar de ello desde la sala de prensa del Teatro de los Sueños: “Todo lo positivo de esta noche no servirá de nada si no logramos el pase a la siguiente ronda”. “Aunque nadie daba un duro por nosotros, hicimos algo histórico y conseguimos dar la sorpresa, pero para nosotros los favoritos todavía eran ellos. Habiendo hecho un partidazo, ganamos 2-3 y pidiendo la hora. Sabíamos que ellos tenían calidad y jugadores de sobra para darle la vuelta a la eliminatoria tranquilamente”, recalca Toquero.

Pero en esa ocasión el destino no había decidido ser cruel con el Athletic y con los 40.000 aficionados que abarrotaron las gradas del viejo San Mamés. Respecto al encuentro de ida, Ferguson, que ya había visitado Bilbao en su etapa como jugador con el Dunfermline y el Glasgow Rangers, introdujo a Rio Ferdinand por Smalling para tratar de dar más consistencia a la zaga y a Michael Carrick y Tom Cleverley por Jones y ‘Chicharito’ para intentar fortalecer el centro del campo, el agujero negro del Manchester en Old Trafford. El cuadro británico jugó mucho mejor que en el encuentro anterior, pero se topó una y otra vez con la férrea defensa del Athletic, completamente convencida de la necesidad de que su rival no creyera en la posibilidad de la remontada en ningún momento. Como si hubieran olvidado el 2-3 de la semana anterior, los locales salieron a controlar el duelo y a ganarlo. Sin especular, Marcelo Bielsa en estado puro.

Las intenciones del Athletic quedaron más que claras antes de que se cumpliera el cuarto de hora de juego. En el minuto 14, tras una buena combinación entre Ander Herrera y Llorente, Muniain y De Marcos estuvieron muy cerca de avanzar a los bilbaínos. Aquella doble ocasión fue el preludio de lo que vendría diez minutos después, cuando Fernando Amorebieta, que había recuperado su puesto en el eje de la zaga rojiblanca tras cumplir un partido de sanción, asistió a Llorente con un magnífico pase de más de 50 metros. Sin dejar caer el balón en el suelo, el killer navarro conectó, de primeras, un derechazo descomunal con el que hizo temblar los cimientos de La Catedral. Llorente tuvo que dejar su sitio en el campo a Toquero antes del descanso por culpa de una inoportuna lesión, pero la huella del ‘9’ quedó grabada para siempre en el recuerdo de aquella eliminatoria gracias a aquella soberbia volea.

La superioridad del Athletic aún fue mayor en la segunda parte, hasta el punto de que Iraola estuvo a punto de hacer un auténtico golazo, pero tras regatear a tres rivales como si fuera el mismísimo Garrincha su remate con la izquierda salió ligeramente desviado a la izquierda de la portería de De Gea. “Fue una jugada impresionante, para llevárselo a los altares de San Mamés. Aquella jugada solo se la he visto hacer a Leo Messi y a Andoni Iraola”, señala Rodrigálvarez.

Iraola quizás falló el gol de su vida, pero el guion del encuentro ya estaba escrito: el segundo de los pupilos de Bielsa tenía que caer en cualquier momento. Finalmente, en el minuto 65, tras una gran acción de Susaeta y un buen centro de Iraola que Toquero no pudo rematar correctamente, el esférico quedó muerto en el punto de penalti. Justo allí apareció De Marcos, siempre omnipresente, para bajarlo con el pecho y destrozarlo con la izquierda, certificando la clasificación para los cuartos de final de la Europa League y provocando el delirio en un San Mamés enloquecidamente enamorado de sus jugadores y de su entrenador. “He visto ese gol un millón de veces. Recuerdo cómo se me tiraron todos encima justo después… Es la eliminatoria más guapa que he vivido. Tuve la suerte de marcar en los dos partidos, y eso ni se me olvida a mí ni se les va a olvidar a mis hijos de las chapas que les voy a pegar… y mira que aún no tengo ninguno”, admite De Marcos entre risas.

A diez minutos del final, Rooney recortó distancias con un zapatazo impresionante desde la frontal que entró por la escuadra de Gorka. Pero aquel tanto no importó en absoluto, no disminuyó en nada la belleza de “un espectáculo que mereció ser visto y disfrutado”, tal y como aseguró Bielsa en la rueda de prensa posterior al encuentro. Justo antes que él, Ferguson ya había atendido a los medios de comunicación, afirmando que el Athletic se merecía llegar hasta la final de la competición y que era “una maravilla verlos jugar de esta manera”.

Sin duda, quienes tienen un recuerdo más grato de aquella eliminatoria son sus propios protagonistas, los jugadores. “Recuerdo aquella eliminatoria con la ilusión de un niño pequeño, porque en la previa tuve la oportunidad de poder charlar con Carmelo Cedrún. Verte comparado con porteros de semejante talla e historia en el club siempre te llena de responsabilidad y de ilusión. Agarramos el toro por los cuernos y supimos jugar la eliminatoria”, subraya el actual guardameta del Girona Gorka Iraizoz, el mismo que aún recuerda con cariño sus diez años en San Mamés: “Aún me siento un privilegiado por haber podido defender esa portería que tanto amo, la del equipo en el que siempre soñé jugar desde pequeño”. En la misma línea, Gaizka Toquero, que ahora sueña con ayudar al Real Zaragoza a regresar a Primera División, rememora que “había un ambientazo en San Mamés increíble… La afición estaba contentísima, orgullosa del equipo. Los futbolistas tenemos la fortuna de poder hacer feliz a la gente, y aquella noche en Bilbao hicimos feliz a mucha gente. Fue una de las noches más especiales de la historia del Athletic, fue una alegría tremenda. Fue una noche muy bonita, y eso es con lo que te quedas”.

Ciertamente, el Athletic Club no consiguió alzar aquella Europa League al cielo de Bucarest, pero a los aficionados nadie podrá quitarles nunca lo que sintieron las noches del 8 y el 15 de marzo de 2012, cuando los ‘Bielsa Babes’ homenajearon la memoria de Carmelo Cedrún, José María Orúe, Jesús Garay, Nicanor Trapero, Mauricio Ugartemendia, José María Maguregui, José Luis Artetxe, Félix Marcaida, Armando Merodio, Ignacio Uribe y ‘Piru’ Gainza.