La historia de Enric Gallego no es la más común en un deportista. Siempre estuvo alejado de las facilidades y de los lujos que rodean a la mayoría. .“La vida de un futbolista no siempre es fácil, por lo menos la mía no la ha sido”, nos comenta Enric. Hasta sus 32 años, no se ha dedicado al deporte de manera profesional. Su pasión por el fútbol la compaginó durante mucho tiempo con otros oficios. Algunos jugadores en juveniles ya disponen de su propio salario, con el que ya tienen suficiente para vivir. Pero esta no ha sido la realidad de Enric. Su camino hasta alcanzar Segunda División ha sido mucho más largo.

Su sueño siempre fue dedicarse al fútbol de manera profesional. “Es la ilusión de todos los niños a los que les gusta”, indica. Comenzó como cualquiera de ellos, en el equipo de su barrio, Bon Pastor. Desde los cuatro años hasta juveniles jugó allí. Pero durante aquella temporada hubo un altercado que cambió su rumbo. Una tangana durante un partido tuvo como consecuencia la expulsión del equipo de la liga. Esto le mantuvo alejado de los terrenos de juego un par de años. Pero volvió, comenzando por categorías inferiores, luchando por poder llegar algún día al lugar donde está hoy. “Jugó en primera regional, ha tenido que pasar por campos complicados, con condiciones pésimas para llegar dónde está. Todos los jugadores esperamos una oportunidad así. Pero a él le llegó porque se lo ha ganado”, nos apunta Pep Caballé, jugador del Cornellá y en su día compañero de vestuario de Gallego.

Enric Gallego es un futbolista que siempre intenta aportar lo máximo en el campo. Sabe crearse las ocasiones sólo, sin la necesidad de un centrocampista que le dé buenos balones. “Es un jugador alto y físico, que además posee mucha técnica. Es raro que un jugador de su altura sea tan técnico. Es rápido y con gol, lo tiene todo para ser un buen delantero”, explica Pep Caballé. Es un jugador humilde y trabajador, consciente de sus orígenes y del recorrido lleno de obstáculos al que ha tenido que enfrentarse. Xavi Calm, entrenador del Cornellá, nos explica: “Enric es un ejemplo de respeto, de buen comportamiento, de sinceridad. Parece muy grande y fuerte pero es muy cercano. Es un gran futbolista y una persona familiar”.

 

“Cuando te levantas a las seis de la mañana para trabajar ocho horas y después te vas directamente a entrenar es todo más complicado”

 

En todos los clubes por los que he pasado he aprendido muchísimo, desde los más humildes hasta ahora en la Liga 123. Me quedo con los recuerdos bonitos y con las lecciones aprendidas en cada uno de ellos”, recalca Enric. El Premiá fue el primer equipo que apostó por él. Es un club al que le guarda un cariño especial porque le dio la oportunidad de debutar en una liga semiprofesional.“Vi que era la oportunidad de mi vida”. Pero su andadura en Tercera no fue fácil. Trabajó como camionero, montador de aires acondicionados o repartidor. “Con trabajo y fe todo se puede conseguir. Trabajar es duro, son muchas horas. Pero sí quieres algo, tienes que esforzarte un poco más. Todo esfuerzo tiene su recompensa. Y aquí tengo yo la mía”, añade.

Del Premiá pasó al Cornellá. Un club en el que estuvo casi cinco temporadas. Allí compaginó su trabajo como futbolista con su empleo en Bicing, un trabajo que los propios directivos ofrecieron a los jugadores. “Nos levantábamos cada día a las seis de la mañana. Y trabajábamos de siete a tres. Cuando te levantas a las seis de la mañana para trabajar ocho horas y después te vas directamente a entrenar es todo más complicado”, indica su compañero Pep Caballé.

Mientras el equipo estaba en Tercera División jugó con el Olot y el Badalona, que estaban en Segunda B, pero no le funcionó. La mentalidad también juega un papel esencial para madurar como futbolista. Él tiene que sentirse importante para brillar. En Cornellá simepre fue un icono por su entrega.”Aquí explotó como jugador. Cada año fue mejorando. Cuando llegó no era un jugador que destacase técnicamente. Ahora es capaz de hacer una vaselina o de driblar”, comenta Pep Caballé.

La última temporada en Cornellá, la ejerció como capitán. Siempre fue un jugador poco hablador, pero por su comportamiento ejemplar, sus compañeros le seguían. Era un referente, una figura importante en el campo pero también fuera de él. Fue la mejor campaña que disputó allí. “Se asentó y no se preocupó por marcar, simplemente disfrutaba en el campo”, recuerda Xavi Calm. Marcó 18 goles en media temporada. Cuando marcas tantos goles los equipos se fijan. Además del instinto goleador, yo destacaría que es un punta que provoca que los centrales siempre estén en alerta. No se pueden relajar porque es un jugador que te gana en carrera, te supera en el uno contra uno con el movimiento de cuerpo”, explica.

 

“El Extremadura es un buen club, que me recibió con los brazos abiertos y que siempre está muy pendiente del jugador”

 

Si me tuviera que quedar con algún momento de mi carrera sería el ascenso [con el Extremadura, el curso pasado]. Fue un momento mágico. Jugar en Segunda es un sueño cumplido”, explica Enric. Para cualquier jugador de Segunda B uno de los retos que se marca es poder aspirar un día a la Liga 123. Su oportunidad le ha llegado en esta temporada. Después de fichar por el Extremadura en el pasado enero, consiguieron el ascenso: “Son dos ligas muy diferentes, tanto por la manera de jugar como por las condiciones en las que están los campos. Es todo muy profesional. Hay más calidad y más intensidad. El inicio de temporada sabíamos que iba a ser complicado. Segunda División es una categoría en la que hay equipos históricos de Primera. Sean equipos de arriba o de abajo de la tabla te pueden complicar las cosas. Sino lo das todo en el campo es muy difícil llevarte los tres puntos”, confiesa.

Es un año complicado para el Extremadura. Siempre es difícil para un equipo que asciende. “Pero con trabajo siempre se puede conseguir”, indicaba. “El Extremadura es un buen club, que me recibió con los brazos abiertos y que siempre está muy pendiente del jugador. Soy muy feliz aquí”. Xavi Calm destaca su sacrificio: “Individualmente puede aspirar a lo que está haciendo, a destacar, a que se hable de él, a ayudar y a vivir esta experiencia que después de muchos años la está disfrutando y viviendo”.

Esta es la historia de Enric Gallego. Un jugador que ha vivido una experiencia diferente al resto de sus compañeros. Ha conseguido hacerse un hueco en Segunda División a base de esfuerzo y sacrificio. A base de caerse, levantarse y volverlo a intentar. Su talento ha brotado tarde pero con fuerza, situándose ahora mismo como el Pichichi de la categoría, empatado a ocho tantos con Juan Muñoz. A sus 32 años se encuentra en el punto álgido de su carrera. Un futbolista al que no le han regalado nada pero que, como decía su ex-entrenador Xavi Calm, todo lo ha conseguido por su propio mérito. Si alguien se merece vivir esta experiencia, es un jugador como él”.