“Del sufrimiento han surgido las almas más fuertes. Los caracteres más sólidos están plagados de cicatrices”

Khalil Gibran

 

Muchos conocemos la versión feliz de Jakub Blaszczykowski celebrando un gol en sus años dorados en el Borussia. Le recordamos algún partido capitaneando a Polonia y ejerciendo de líder junto a Lewandowski. ‘Kuba’, como le apodan, no solo se ha convertido en un buen jugador de fútbol, sino que también es un ejemplo de superación, una persona que ha combatido contra una de las adversidades más duras que te puede deparar la vida. Preparado ya para soplar las 34 velas, debe estar orgulloso de sí mismo porque ha salido adelante y es feliz pese a la gran desgracia que sufrió cuando era pequeño. Esta no es solo la historia de una persona que sufrió, también es la de una persona que luchó y ganó.

La infancia es maravillosa. No te preocupan grandes cosas, tu misión es ser feliz y divertirte en todo momento. El joven Jakub, nacido en Polonia, era un niño al que le encantaba jugar al fútbol y que, por cierto, no se le daba nada mal. Su idilio con el balón empezó pronto, cuando con ocho primaveras se unió a la disciplina de fútbol base del Raków Częstochowa, cerca de su Truskolasy natal. En su familia ya había referentes deportivos como su tío Jerzy Brzeczek, quien fue internacional con la selección polaca hasta en 42 ocasiones y siempre apoyó a su sobrino en el sueño que tenía de ser algún día un gran futbolista. Sin embargo, a veces ocurren contratiempos que cambian drásticamente nuestras vidas, y el pobre Jakub vivió la mayor tragedia que puede presenciar un niño: la muerte de su madre.

Tenía solo diez años cuando vio junto a su hermano mayor, Dawid, como su propio padre asesinaba a puñaladas a la mujer que le había dado a luz, la persona más importante de su vida. Fue un golpe durísimo que trastocó toda la vida del pequeño Jakub, quien perdió a sus dos progenitores en un momento: su madre falleció y su padre, a quien jamás volvió a dirigirle la palabra, fue encarcelado. Ya siendo mayor, llegó a declarar: “Nunca entenderé por qué pasó. Siempre estoy preguntándomelo y tendré que vivir así hasta el final de mi vida”. Triste y desolado empezó una nueva vida bajo la tutela de su abuela y de su tío, el mismo que meses después le convenció para que regresara al césped y siguiera peleando por cumplir sus sueños. El destino le había golpeado con un tremendo revés, pero los terrenos de juego seguían esperándole.

 

“Ella está mirándome. He tenido algunas dificultades en mi vida, pero las he superado todas y siento que es porque está en algún lugar ayudándome”

 

Regresó al Raków Częstochowa para vestirse de corto. El pequeño Jakub creció y, tras pasar por otros dos clubes polacos, dio el salto a una de las entidades más grandes del país, el Wisla Cracovia. Fue allí donde catapultó su carrera erigiéndose como un extremo técnico y con una gran visión de juego, lo que le permitió fichar por el Borussia Dortmund y debutar con el combinado nacional. Se destapó ante el mundo bajo las órdenes de Jürgen Klopp, el gran entrenador con el que ‘Kuba’ ganó diversos títulos teniendo un papel importante en el equipo. Dos veces alzó la Bundesliga, otras dos la Supercopa de Alemania y una la Copa, pero no solo eso, también disputó la final de la Champions en 2013 con los de la cuenca del Ruhr. La cara de la moneda es que fue titular, la cruz es que un gol de Robben en el minuto 89 le privó del éxito europeo. Aun así, Jakub ya había logrado hacer realidad su fantasía de convertirse en un gran futbolista. Había bajado hasta el sótano del infierno antes de acabar tocando el cielo, el mismo lugar al que alza su mirada y sus dedos índices cada vez que marca un tanto para dedicárselo a su madre. “Ella está mirándome. He tenido algunas dificultades en mi vida, pero las he superado todas y siento que es porque está en algún lugar ayudándome”, explica ‘Kuba’.

Respecto a la selección, Jakub Blaszczykowski comparte el récord de partidos disputados junto a Roman Lewandowski, ambos con 108. Además, ha ejercido de capitán en numerosas ocasiones y ha participado en grandes torneos como la Eurocopa de 2012 que se celebró en su Polonia natal —junto a Ucrania—, la Eurocopa de 2016 y el Mundial de 2018. Por si fuera poco, su nombre figura en la novena posición de la lista de máximos goleadores de la historia del país, una hazaña más para este jugador que ya es un símbolo futbolístico para sus compatriotas. Casualidades de la vida, su tío Jerzy Brzeczek, la persona que le convenció cuando era pequeño de regresar a los terrenos de juego, es el actual seleccionador polaco, un cargo que aceptó en julio de 2018 y que le permitió estar todavía más cerca de su sobrino Jakub.

Tras sus años dorados en el Westfalenstadion, ‘Kuba’ pasó por la Fiorentina y el Wolfsburgo; estuvo una temporada en Italia y dos y media en Alemania. En enero de este 2019, y ya con 33 años, abandonó la Bundesliga para volver a su tierra natal y formar parte del club que tan bien desarrolló su talento, el Wisla Cracovia. La entidad de la primera división polaca pasaba por un periodo convulso en el que las deudas y los ultras estuvieron a punto de condenar al equipo a perder la categoría, pero llegó Jakub, junto a dos socios, e invirtió capital para garantizar la permanencia y evitar el descenso administrativo. Blaszczykowski pasaba a ser jugador del Wisla otra vez, 12 campañas después de marcharse a Dortmund. Regresaba el hijo pródigo para salvar al club de la ruina y ejercer la capitanía con mucho orgullo.

Han pasado ya 23 años desde que Jakub viviera en primera persona el trágico asesinato de su madre, pero él nunca la olvidará y seguirá recordándola cada día. Celebrará sus tantos con el Wisla pensando en ella, mostrando en lo que se ha convertido y ayudando a todos aquellos que han vivido un caso similar, ya que el salario mínimo que cobra en Cracovia va destinado a los huérfanos de la ciudad. La vida fue dura con él, pero luchó, lo superó y se ha ganado el respeto de todos. Esta, a resumidas cuentas, es la historia de una persona que nunca se rinde.