Tras unos cuantos días cogiendo polvo en lo alto de la estantería, hoy comenzaré, por fin, El tercer hombre, una novela de Graham Greene. Aunque todavía desconozco el argumento de la obra, el título me remite inevitablemente al Leipzig de Julian Nagelsmann y a uno de sus métodos para generar ventajas. La cantidad de variantes que maneja el entrenador de 33 años convierten a su equipo en un oponente realmente peligroso para cualquiera, un enemigo que no deja de crecer y perfeccionar su juego. El club de la marca de bebidas energéticas probablemente sea el más odiado en Alemania, pero su atrevida y efectiva propuesta sobre el terreno de juego es digna de elogio.

El Leipzig es un equipo joven y valiente que siempre propone un ritmo alto y está dispuesto a morir con la idea. La versatilidad se aprecia en los diversos esquemas que puede presentar Nagelsmann según el rival que tenga enfrente, aunque para él, como ya recalcó en una entrevista en El País cuando era entrenador del Hoffenheim, lo más importante es el potencial de su plantilla: “Tratamos de analizar a los oponentes, pero siempre teniendo en cuenta los puntos fuertes de nuestros jugadores y mis principios básicos. Un ejemplo de estos principios es que el jugador de cara a la portería rival es el que siempre recibe la pelota y quien abre el juego. Siempre intentamos respaldar la circulación del balón a través de la creación de triángulos”.

Las triangulaciones son una de las máximas de Nagelsmann, y aquí entra en escena el concepto del tercer hombre, explicado fenomenalmente en un hilo de Twitter por Miquel Villarroya, meses antes de que el club sajón se plantara en las semifinales de la Champions. La concentración, la velocidad y la confianza son esenciales para superar líneas de este modo. El futbolista poseedor del esférico se lo entrega al primer receptor, que se ofrece, arrastra al rival y genera el espacio para un tercer jugador al que entregará el balón de primeras después de que este haya aprovechado el hueco. El Leipzig acumula muchos hombres en ataque para abrir espacios con movimientos constantes. Se sitúan en zonas de confusión para que los contrincantes creen el espacio cuando salten a la presión.

 

“Muchas áreas mentales aún no se utilizan durante el juego. Se trata de aumentar la capacidad de procesar informaciones, seleccionar qué informaciones son importantes y tomar las decisiones adecuadas”, expresó Nagelsmann en El País

 

A veces puede parecer un equipo desordenado por el intercambio permanente de posiciones, pero el caos forma parte del guión. Nagelsmann tiene a los miembros de su plantilla hipnotizados, les transmite seguridad y fe. Cometen un error y siguen intentándolo porque están convencidos de que el planteamiento de su líder les llevará a buen puerto. La mentalidad es clave para el técnico: “Allí reside el potencial más grande del fútbol en general: la velocidad de la toma de decisiones y la rapidez para procesar la información.

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Físicamente, no hay mucho espacio de mejora, según los estudios científicos del esfuerzo físico de los jugadores. Donde sí podemos mejorar es en el potencial mental. Muchas áreas mentales aún no se utilizan durante el juego. Se trata de aumentar la capacidad de procesar informaciones, seleccionar qué informaciones son importantes y tomar las decisiones adecuadas”.

“Los medios de comunicación pueden crear una imagen sobre tu personalidad, positiva o negativa. Actúan como un multiplicador de tu personalidad y de tu trabajo. Los jugadores perciben la imagen que los medios dan de ti como entrenador, leen las cosas que dices… Si logras que sea buena, ellos lo notaran. Es algo esencial hoy en día”, destacaba en El País un entrenador consciente de que sus palabras en rueda de prensa afectarán al jugador y al entorno para bien o para mal. Julian es un tipo meticuloso que pone atención en cada detalle y maneja múltiples recursos para hacer estragos en la defensa enemiga.

El Leipzig puede hacer daño al rival mediante jugadas elaboradas, al contraataque o con balones en largo que favorecen la participación de carrileros como Angeliño. El español actúa prácticamente como extremo, pues los jugadores que en teoría se ubican en los costados penetran en la zona central para dejar las bandas libres. Siete goles y cinco asistencias suma esta temporada Angeliño gracias su determinación en los últimos metros y al rol que le ha adjudicado Nagelsmann. La defensa de tres centrales le otorga cierta libertad para proyectarse en ataque. El ritmo trepidante del club germano le favorece, aunque también provoca que en los encuentros aumente el número de transiciones, algo con ventajas e inconvenientes. 

Si bien el dinamismo permite al Leipzig pisar el área rival con facilidad, su juego conlleva asumir riesgos en defensa. El rival, ante el posible desorden del medio campo y las líneas adelantadas, puede castigarle con pases a la espalda de la defensa. Aun así, Nagelsmann insiste en la intensa presión tras pérdida para no dejar respirar al adversario y recuperar deprisa la posesión. El trabajo colectivo de todos los componentes y su inteligencia táctica con y sin el esférico han convertido a los sajones en una de las mejores entidades del continente. El tercer hombre de Greene poco tendrá en común con el Leipzig, pues el tiempo ha demostrado que la obra de Julian Nagelsmann no es ninguna copia, que tiene su propio estilo.