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El Rayo de Iraola, bandera de la energía

El técnico está armando un equipo desaforado, que por momentos confronta la nostalgia con la que el propio Andoni se recuerda a sí mismo como jugador

En estos momentos, la liga española premia más que nunca a los que no tienen miedo. Debemos comenzar así esta historia aunque no encaje tan bien como inicio de un texto porque el protagonista es Andoni Iraola y su primer proyecto como entrenador en Primera está basado en esto. A sus 39 años, el técnico vasco está armando un Rayo Vallecano desaforado, que por momentos confronta la nostalgia con la que el propio Andoni se recuerda a sí mismo como jugador, como si autocumpliera la palabra de darle a su pasado lo que no pudo disfrutar como lateral: energía, motor y verticalidad. Fruto de todo lo vivido desde dentro y todo lo visto desde fuera, Iraola comienza a nadar en el océano adaptándose a lo que no tiene y maximizando las oportunidades que la crisis del fútbol español le ha concedido.

Como en otros aspectos, invertir con nuevas ideas en los momento de crisis o apalancamientos es una muy buena manera de mirar hacia delante, por eso en el fútbol español, ahora mismo, se comienza a sacar mucho rédito mirando al frente; tomar lo que se consideran riesgos en estos momentos no se penaliza tanto por los mejores equipos al no haber tanta calidad, y a su vez premia más al que ataca por volumen porque esta calidad media en las áreas ha perdido lustre. Sin embargo, la fortaleza diferencial de este Rayo se explica desde la posición de destino del futbolista y no desde la posición de partida, logrando que sus jugadores terminen siempre más arriba de lo que presumiblemente deben terminar por demarcación o zona del campo. Y eso, al rival, le genera mucha inquietud.

De entrada, Andoni es un técnico joven, con energía, que ante la mayor calidad de la gran mayoría de sus rivales compensa con el ímpetu de ideas, como si se preguntara qué le faltaba a él cuando jugaba por fuera. Alumno de Marcelo Bielsa y Ernesto Valverde -constructores de los equipos que mejor y más activamente presionaban en La Liga en sus respectivos momentos-, su Rayo juega con todas las líneas muy proyectadas, siendo común ver a sus centrales posicionados cerca de la medular. No obstante, tampoco es un equipo que nazca desde la presión, sino desde su forma de escalar sobre el campo. Entre sus ideas, no sólo como más atractivas sino también mejor practicadas a través del entrenamiento, están los largos movimientos hacia delante de casi todos sus futbolistas.

 

El Rayo de Iraola utiliza su energía mejor que sus iguales y ha hecho de ello un rasgo orgulloso que el equipo lleva en su nombre

 

Para mayor mérito y relevancia, Iraola se apoya en la energía de todos los sprints que se suceden por fuera y por dentro -homenaje a Bielsa- para sostener lo que aparentemente se está cayendo cuando uno de estos jugadores se libera de la posición de partida. Con esa energía tan fulgurante, acompasada de una agresividad similar en lo que respecta a la velocidad del balón, el equipo se sujeta por su propio movimiento, hundiendo defensores, obligando a cada rival a retroceder y prestar máxima atención a rupturas tan decididas, logrando que el campo sea vivo, que las líneas se muevan y que el área se cargue con muchos futbolistas un gran número de veces. Quedándonos aquí, pensar que este concepto de la energía es verdaderamente determinante resulta muy interesante por su singularidad.

Todos los conceptos que creemos claves en el buen hacer de un equipo siempre se nombran como algo que no se da por sentado, como la organización, la calidad individual, la flexibilidad táctica o el trabajo a balón parado. Se argumenta que todos esos aspectos se consiguen, no se tienen. Tener, se tiene de base la concentración, la predisposición o la energía. O eso creemos. Pero que uno de estos atributos pueda ser profunda razón táctica, en primer plano o como importante apoyo, nos sirve para reflexionar en algo más: que en muchos equipos o situaciones colectivas los resortes pueden no ser tan racionales, y que la confianza, el uso de la energía o trabajar adecuadamente la concentración puede convertirse en rasgo de un equipo para conseguir metas y diferenciarse de los demás. El Rayo de Iraola utiliza su energía mejor que sus iguales y ha hecho de ello un rasgo orgulloso que el equipo lleva en su nombre.

 


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Fotografía de Imago.