La rivalidad futbolística entre Copenhague y Malmö nació hace 15 años en la Royal League, una competición ya extinta. El puente de Øresund une ambos estadios en algo más de 30 kilómetros, de ahí que el doble duelo vivido en la fase de grupos de esta Europa League haya significado un récord de proximidad en un choque entre equipos de países distintos. La entidad danesa se vanagloria de ser un clásico en Europa en lo que llevamos de siglo; la entidad sueca reivindica su historia y tradición. Los dos clubes estarán en dieciseisavos. Los dos clubes se miran con recelo. Los dos clubes representan a dos países que, puente mediante, continúan hermanados.


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El majestuoso puente de Øresund, inaugurado a mediados del año 2000, conecta Malmö con Copenhague, Suecia con Dinamarca. Aunque un éxito televisivo ha hecho que lo conozcamos como The Bridge [spoiler: la serie no está nada mal], podría llamarse perfectamente ‘El puente de los espías’, por el recelo que los años han despertado entre los clubes de fútbol homónimos de cada ciudad. Hubo consenso entre suecos y daneses respecto a las bondades que traerían los 16 kilómetros de este faraónico puente: la prueba es que el intercambio de habitantes entre un país y otro no ha dejado de crecer.

Unos lo cruzan a diario para ir a trabajar o conectar vuelos; otros, para fijar una residencia o comprar productos a un precio más barato. En coche o, sobre todo, en tren, el puente ya es una articulación indispensable para suecos y daneses. De hecho, esta es una comunión que se selló con todos los honores. Cuando en agosto de 1999 la estructura colgante conectó definitivamente ambas ciudades, Victoria de Suecia y Federico de Dinamarca, respectivos herederos al trono, se encontraron en el centro del puente para darse un abrazo simbólico y compartir un almuerzo real.

Hace 15 años, sin embargo, un partido de fútbol de la Royal Leaguetorneo extinto que solo duró tres ediciones en el que competían clubes de toda Escandinavia– levantó ampollas entre el Malmö FF y el FC Copenhagen. “La de 2005 fue la segunda edición de la Royal League. El Copenhague recibía al Malmö y, todavía no se sabe por qué, la policía se empleó con dureza con los aficionados suecos. Nunca se demostró que provocaran incidentes. El club danés jamás se disculpó… Hasta hace dos meses, a través de su expresidente. ‘Solo’ le costó 14 años“, explica Olof Lundh, especialista deportivo de la cadena sueca TV4, que añade: “Desde entonces, el mal rollo es total“.

El pasado 3 de octubre los dos clubes se vieron las caras en la Europa League. Fue histórico: jamás se había registrado un duelo transfronterizo de tanta proximidad en Europa. Puente de Øresund mediante, el Copenhague solo tuvo que recorrer 36 kilómetros hasta llegar al Swedbank Stadion, rompiendo el récord establecido un año antes entre el Slovan Bratislava (Eslovaquia) y el Rapid de Viena (Austria), separados por 85 km.

Troels Bager Thøgersen, periodista danés de la revista deportiva Tipsbladet, incorpora a la rivalidad elementos simbólicos: “Los seguidores del Malmö aspiran a ser considerados el mejor equipo de Escandinavia. Por eso reivindican su historia [finalistas de la Copa de Europa 78-79] y acusan al Copenhague de ser un imperio comercial sin alma financiado por parques temáticos. Desde el otro bando, en cambio, se vanaglorian de sus muchas más participaciones europeas en lo que llevamos de siglo“. Turno para Lundh, que valida esta teoría y va un poco más allá: “Es cierto, el Malmö acusa al Copenhague de ser un símbolo del fútbol moderno. Existe, por lo tanto, una cuestión ideológica, de pureza. Uno representa la tradición, el otro cotiza en bolsa…“. Y una es capital de país; y la otra, la tercera ciudad más grande de Suecia. Pero la animadversión futbolística no amenaza lo social. Al contrario, la cooperación es absoluta. Dos líneas de tren y cuatro carriles de carretera hacen el resto. “El puente alentó a los ciudadanos a vivir y trabajar en las dos ciudades y a compartir proyectos sociales, culturales y económicos. Es una de las rivalidades ciudadanas más amistosas que encontrarás en el mundo. Lo darán todo en fútbol y balonmano, pero culturalmente suecos y daneses tienen un profundo entendimiento y respeto mutuo“, aclara Troels.

Nada más conocerse el sorteo, clubes y autoridades de cada país se pusieron en alerta. Por primera vez en competición europea, el Malmö iba a recibir a su ‘odiado’ vecino. Y viceversa. Para dos clubes que se escrutan prácticamente a diario con tal de reforzar la superioridad del uno respecto al otro, el acontecimiento se midió en términos históricos. “La atmósfera del partido de ida fue tensa pero no hubo incidentes mayores. Los hinchas del Copenhague desplazados trataron de ridiculizar al Malmö diciendo que este era solo el segundo partido más importante de la semana, ya que tres días después se medían al Brondby. Mientras, los fanáticos locales lograron crear un ambiente intimidatorio [la pancarta ‘100% anti FCC‘ se desplegó bien visible en la grada donde se concentran los seguidores radicales]”, confirma el periodista de Tipsbladet. El duelo acabó en empate a uno, la competición prosiguió y tras cinco jornadas ayer el ‘derbi del puente’ viajó hasta Dinamarca, partido en el que el Copenhague, ya clasificado, tenía en su mano dejar a su rival fuera de Europa -siempre y cuando, en el otro partido, el Dinamo de Kiev le ganara al Lugano-.

Para ‘menospreciar’ esta rivalidad en el duelo de ida, nadie diría que los ultras del Copenhague no se esforzaron en hacer del Parken Stadion un espectáctulo de color y pirotecnia. El ambiente fue estremecedor pero, como en el partido disputado en Suecia, tampoco hubo incidentes. Tan solo en lo deportivo se alteró el guion. El Malmö marcó a diez minutos del final y logró tres puntos que lo catapultaron hasta la primera posición del grupo. El cuadro danés tuvo que conformarse con ser segundo.

 

 

La rivalidad, pues, no dejó vencedores ni vencidos. Cada uno obtuvo finalmente plaza para dieciseisavos. Un reparto justo como el que motivó la creación de un puente que une a dos países que hacen de la frontera un elemento prácticamente imperceptible. Aunque Lundh advierte: “El puente nos ha unido, sí. Pero algo está cambiando. En 2015, los suecos cerraron la frontera para controlar la llegada de inmigrantes. Ahora hay controles fronterizos entre Dinamarca y Suecia y se necesita el pasaporte para cruzar el puente“. Troels recoge el guante: “Cuando el puente se construyó y planificó hace 25 años, las tendencias nacionalistas en Europa no eran tan contundentes como lo son hoy“. Los tiempos cambian, y con él, el sentido de las divisiones. Veremos qué nos depara el futuro sobre el sentir de esta rivalidad.