Venía de salirse en el Cruzeiro y el fútbol europeo ya estaba atento a aquel crack en ciernes que se estaba cociendo en Brasil. Pero antes de llegar al viejo continente, una parada previa en Estados Unidos. Con apenas 17 años entró en la lista de Carlos Alberto Parreira para disputar la Copa del Mundo de 1994, aunque tuvo que vivir todos los partidos desde el banquillo ante la competencia que tenía en la delantera. Por aquel entonces, Bebeto y Romário acaparaban el gol de una ‘Seleçao’ que marcharía de suelo yankee con la cuarta estrella bordada sobre su escudo.

Tras el éxito brasileño, tocaba poner rumbo a Europa. Ronaldo fichó por el PSV, guiado por los consejos de la estrella brasileña del momento, Romário, quien también había llegado a Eindhoven unos años antes; pero cuando su compatriota dio el salto, él ya estaba liderando el ataque del ‘Dream Team’ de Johan Cruyff.

El primer curso de Ronaldo en la Eredivisie fue espectacular a nivel de cifras. Marcó 30 goles en 33 partidos ligueros, casi nada. La carta de presentación perfecta para postularse como heredero de la etiqueta de mejor ‘9’ del mundo. Pero esos números de escándalo no serían suficientes para ganar el título de liga, que cayó en manos de un Ajax invicto, intratable, anticipando lo que le ocurriría también en su primer y único curso de azulgrana.

 

“Nunca en mi vida había visto hacer algo así a un chico de 18 años”, señalaría Rudi Völler tras el choque entre Bayer y PSV. Pero lo cierto es que se equivocaba: todavía tenía 17

 

De aquella primera temporada en el Phillips Stadion hay muchos y muy buenos recuerdos. Se podría destacar su primer hat-trick, ante el Utrecht, en la jornada 28, con uno de los tres tantos regateando al portero, marca registrada y repetida hasta la saciedad por un Ronaldo que, por mucho que su juego fuera mutando a causa de su físico, nunca perdió el amor por driblar a los guardametas antes de celebrar el gol. Tampoco debería pasarse por alto el debut, con un gol y una asistencia ante el Vitesse, para iniciar el curso con una victoria inapelable por 1-4. O los siete dobletes, ni más ni menos, que logró en aquel curso contra Go Ahead Eagles, MVV Maastricht, Feyenoord, Roda, Sparta de Rotterdam, NEC Nijmegen y NAC Breda. Como decíamos, una de las presentaciones más impresionantes que haya visto el fútbol europeo en a saber cuánto tiempo, o quizá, sencillamente, en toda su historia.

Aunque, entre todos los flashes que evocan aquel primer Ronaldo en el viejo continente, si hay un partido que trasciende sobre todos los demás es el de su debut en competiciones europeas. Aquel 13 de septiembre de 1994, una vez más, el nombre de Ronaldo apareció en boca de todos tras su actuación en el Ulrich-Haberland-Stadion (el actual BayArena). Era la ida de los treintadosavos de final. Se medían Bayer Leverkusen y PSV. Y en apenas 90 minutos, Ronaldo arrasó con (casi) todo. Firmó un hat-trick y provocó un penalti. A pesar de su actuación individual, el PSV acabaría perdiendo el partido por 5-4 y también la eliminatoria.

Después del partido, pese a la derrota, solo existía la actuación de Ronaldo. “Nunca en mi vida había visto hacer algo así a un chico de 18 años”, señalaría el jugador alemán del Leverkusen Rudi Völler tras el choque de ida. Pero lo cierto es que se equivocaba: todavía tenía 17.