Cada vez que me dispongo a buscar una película o una serie que me entretenga y me haga evadirme del valle de lágrimas que es la vida, tengo una misma premisa que sopla en mi sien: ¿cuánto dura? No entiendo esa manía desmesurada que tienen los cineastas por querer alargar sus relatos. Tampoco me entra en la cabeza esa gente que murmulla aplausos cuando ve que el sol se esconde en el horizonte. Pero esa ya es otra cuestión. Es posible que el ser humano necesite eso; sentir. Los que no tuvieron problemas con el tiempo ni con las manifestaciones efusivas del personal fueron Víctor Fernández y Joseba Llorente, que, tras una jugada entre ambos, anotó el que, por ahora y desde hace más de diez años, es gol más rápido de la historia de la Primera División.

El 20 de enero de 2008 se abrió el estadio José Zorrilla para que Valladolid y Espanyol disputasen el partido correspondiente a la jornada 20 de aquella temporada. Los aficionados todavía no se habían apoltronado en sus asientos y muchos tenían que ir pidiendo perdón por chocar con las piernas de los que sí tenían el culo en su butaca. En ese mismo instante, cuando las bolsas de pipas no estaban abiertas, los vasos con publicidad de una bebida de color negro no tenían saliva en sus bordes, los seguidores del equipo siamés del Pisuerga y que jugaban como locales brincaron apasionadamente por la alegría de ponerse por delante en el marcador.

“Tuve la mala suerte de que en ese momento pasó una persona por delante de mí y, al ser un niño pequeño, apenas pude ver qué pasaba. De repente, la gente de alrededor se levantó a celebrarlo. En ese momento, no entendía nada. Con los años, me he dado cuenta que vi el gol más rápido de la Liga en el estadio”. Así lo recuerda Samuel Gutiérrez, blanquivioleta de corazón y que afirma que se enamoró del Valladolid tras ver el ambiente en directo de este gol.

 

Como si se tratasen de Walter White y Jesse Pinkman o de House y Wilson, Víctor Fernández y Joseba Llorente edificaron una artimaña del mal

 

Aquel asalto de los tres puntos tuvo dos protagonistas. Como si se tratasen de Walter White y Jesse Pinkman o de Gregory House y James Wilson, Víctor Fernández y Joseba Llorente edificaron una artimaña del mal basada en unos pilares fundamentales: balonazo arriba y hacerlo lo más fácil posible. Se estaba tramando el crimen perfecto, aunque esta vez sí se sabrían los nombres de los asesinos.

Los delanteros se encontraban en el centro del campo para hacer el saque inicial de ese encuentro. El guipuzcoano se la dio al extremeño que, con una sutil vuelta con el esférico pegado a su pie, se giró y mandó un balonazo hacia la portería ‘perica’. Como se dice vulgarmente, la defensa se zampó de lleno ese envío y Llorente, que corrió como un descosido desde el primer momento que se la pasó a su compañero, controló la pelota con un salto y con la pierna extendida. Tras ello, solo ante Lafuente, el ‘9’ se la picó con una vaselina al arquero rival. El balón rebasaba la línea y paraba el cronómetro en poco más de siete segundos.

El que marcó pateó la valla publicitaria para celebrar la descarga de rabia con los pucelanos allí congregados y el que dio la asistencia trotó media cancha de juego con una sonrisa que le bailoteaba en los labios para abrazar a su compinche. Seguro que hubo “un te lo dije” o una mueca burlona entre las cosas que se parlotearon después de la confabulación de los dos.

La casualidad o el dichoso destino no fueron amigos de esta maniobra que si parpadeaste te la perdiste. Víctor ya lo había intentando muchas veces en los entrenamientos. Anteriormente, con el Chino Losada. Después, con el vasco. “Vi la cara de Joseba, no se me olvida. Estaba confiado en que iba a salir…”, manifestó Fernández a El Norte de Castilla.

 

“Es un delantero que marcó época en el club y un referente para todos los chavales que sueñan con ser algo en el Pucela”

 

Impresionante y maravilloso son algunos de los calificativos que aficionados del Valladolid le adjudican a aquel gol de su equipo. Seguramente, no estarían tan contentos si esa fugacidad fuera en otros aspectos o situaciones de la vida. Pero, mientras tanto, Joseba Llorente y su obra siguen en el recuerdo. “Es un delantero que marcó época en el club y un referente para todos los chavales que sueñan con ser algo en el Pucela”, destaca Gutiérrez. El ariete norteño marcaría el segundo para los intereses de su club y dejaría en nada el tanto de los catalanes, que perdieron la contienda por un 2-1.

De todo esto, ya hace 12 años. En este tiempo nadie ha podido rebajar o disminuir los segundos del gol más rápido en la historia de la Liga. Por esta vez, y solo por esta vez, sí que sería buena señal que el reloj se parase antes de tiempo.