Siempre hay gente que nos sorprende en la vida. Alguien que aparece en nuestro mundo para ponerlo patas arriba y que nos hace llegar a cuestionarnos hasta el color de nuestro pelo o la mano con la que escribimos. Esas personas tienen un don, una característica que no se puede adquirir, que está ahí y punto. Tampoco son personas dotadas de un físico envidiable, más bien es algo interior, algo inapreciable. Gente, al fin y al cabo, inesperada, como lo ha sido la atronadora aparición de Christopher Nkunku como líder de un Leipzig dubitativo.

El centrocampista francés es uno de los ejemplos de ascenso meteórico que cada vez parece más habitual entre los jóvenes futbolistas. Pero empecemos desde el principio. Nkunku nace en 1997 en Lagny-sur-Marne, una bella población a las afueras de París que, curiosamente, también es el pueblo donde nació Paul Pogba. Con 13 años se une ya al PSG y con 18 Laurent Blanc lo hace debutar con el primer equipo. Es ahí donde comparte vestuario con su jugador de referencia, Marco Verratti. “Me inspiro en su juego, no es el más fuerte pero sabe cómo usar su cuerpo en el campo”, reconoció Nkunku cuando aún compartían equipo. Después de pasar cuatro temporadas en la capital francesa en las que no terminó de afianzarse en los esquemas de los técnicos, el medio decide cambiar de aires y marcharse a Alemania, concretamente al RB Leipzig. Ahí, su rendimiento es inmediato, Nagelsmann consigue encontrarle su sitio ideal en el campo como medio ofensivo -aunque es un jugador muy versátil- y consigue, en su primera temporada, 15 asistencias en 32 partidos de Bundesliga. Además, en un partido contra el Schalke 04 en Gelsenkirchen, reparte cuatro asistencias en una actuación personal deslumbrante que termina con un abultado 0-5 a su favor.

Constante evolución

Es en su desembarco en la ciudad de Sajonia donde Nkunku empieza a encontrar su hueco en el campo. Y es bajo las órdenes del prodigioso Nagelsmann cuando el PSG se empieza a cuestionar porque le ha dejado marchar. El centrocampista francés es uno de aquellos jugadores que se acostumbran a jugar en cualquier parte del campo sin rechistar y además aportando exactamente lo que el entrenador le pide. En su etapa con el hoy entrenador del Bayern, Nkunku juega en todas las posiciones de medio campo hacia adelante que uno se puede imaginar. Y aunque predomina el rol de centrocampista ofensivo, en los partidos contra los equipos grandes actúa por la izquierda o por la derecha, y hasta de extremo. Un quebradero de cabeza para muchos, pero un pozo de conocimiento para él. Puede ser que gracias a todas estas experiencias en diferentes zonas del campo su juego haya estado en evolución permanente. En el segundo año con Nagelsmann la constante sigue igual, Nkunku sigue siendo una pieza importante en la plantilla y se va afianzando como uno de los medios más interesantes del panorama europeo, aunque aún con habilidades por pulir.

 

Nkunku es uno de aquellos jugadores que se acostumbran a jugar en cualquier parte del campo sin rechistar y además aportando exactamente lo que el entrenador le pide

 

Poco a poco

Pero llega la marcha de Nagelsmann al gigante bávaro y el norteamericano Jesse March se hace con las riendas del equipo después de una fructífera etapa en, cómo no, Salzburgo, uno de los otros equipos de la marca Red Bull. El Leipzig no tiene un buen inicio, en los primeros cinco partidos de liga suma solo cuatro puntos y el estilo de juego impuesto por March no termina de cuajar. El punto de inflexión, aunque no lo parezca, llega en el primer partido de la fase de grupos de la Champions League contra el Manchester City. Los alemanes tienen la mala suerte de caer en un grupo junto a los ingleses, el PSG de los galácticos y un Brujas que practica un fútbol muy alegre. Y encima les toca viajar al Etihad en la primera jornada. Sudores fríos. Aunque el equipo cae 6-3, deja una buena imagen en un partido muy divertido para el espectador neutral. En esa fría noche en Mánchester destaca un jugador de los ‘Roten Bullen‘ en especial, Christopher Nkunku. El francés protagoniza una actuación soberbia y es el autor de los tres goles del equipo. Como quien se cuela en una fiesta a la que no está invitado, Nkunku puso en constantes problemas a la defensa ‘citizen. Primero con dos sorprendentes testarazos y después con una definición desde dentro del área típica de un ‘9’ nato, se estaba forjando una estrella. A partir de ahí el Leipzig despierta, al menos en la Bundesliga, y desde finales de septiembre no ha perdido ningún partido. Uno de los grandes responsables de que esto ocurra es Nkunku. En los últimos seis partidos de liga ha metido cinco goles y ha dado cinco asistencias, mientras en los anteriores cinco no había aportado numéricamente al conjunto alemán. En Europa, la situación cambia un poco. El Leipzig no ha terminado de encontrar las mismas sensaciones que en la competición doméstica y aún no ha ganado ningún partido y suma solo un punto en cuatro partidos. Nkunku, por su parte, sigue la fiesta por sí solo. Dos goles y una asistencia en tres partidos desde la actuación en el feudo ‘citizen. En total, contando el gol y la asistencia en la primera ronda de la DFB Pokal, Nkunku suma once goles y siete asistencias en 17 partidos. Unas cifras estratosféricas si las comparamos con las que venía teniendo en las anteriores temporadas, pero que también gana relevancia si se comparan con los mejores artilleros del continente. Solo Lewandowski, Salah, Haaland y Benzema han marcado más goles que el francés del Leipzig esta temporada. Ese cambio a partir del inicio de la Champions se explica con el reposicionamiento que ha vivido Nkunku. Como ya se ha contado, el francés es un jugador muy versátil, por eso March empezó colocándolo en la banda izquierda en agosto, luego lo cambió a la derecha en septiembre, y a partir del último partido contra el PSG lo ha convertido en el acompañante de André Silva en el 3-5-2.

Insuficiente

El sueño de cualquier jugador es jugar con su selección, ya que esto se traduce en el broche a un seguido de buenas actuaciones y el reconocimiento por parte de tu tierra natal. Y viendo los números y las sensaciones de Nkunku parece un milagro que aún no haya estado seleccionado por la absoluta de Francia. Aunque esta decisión tiene más lógica si el seleccionador es Didier Deschamps, un técnico poco propenso a hacer cambios en sus convocatorias si las cosas funcionan como lo están haciendo en el país galo. “Podría haber estado aquí”, respondió Deschamps cuando le preguntaron por la no presencia de Nkunku en la rueda de prensa donde anunció los convocados. Y es que además, el sistema que usa Francia le va como anillo al dedo a Nkunku que podría ocupar el puesto por detrás de Benzema y Mbappé que hoy en día monopoliza Griezmann. Y, de todos modos, si Deschamps no quisiera dejar al jugador del Atlético en el banquillo, siempre podría ser una pieza a entrar desde el banquillo. Si lo comparamos con jugadores de segunda fila de ‘Les Bleus‘, Nkunku tiene mejores registros que Moussa Diaby o Ben Yedder, por ejemplo. Un gol cada 130 minutos y un pase decisivo cada 87. Cifras de estrella que Deschamps no termina de apreciar.

 

Viendo los números y las sensaciones de Nkunku parece un milagro que aún no haya sido seleccionado por Deschamps, un técnico poco propenso a hacer cambios en sus convocatorias si las cosas funcionan

 

La aparición de Nkunku como un jugador de referencia ha sido una de las sorpresas de la temporada. Tan inesperada como placentera con el paso de los partidos. El francés ha sabido guiar al Leipzig que con la marcha de Nagelsmann se había quedado falto de referentes. Porque a veces no hace falta estar al pie del cañón toda una carrera, como solo hacen los elegidos, sino aparecer en el momento indicado. 

 


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Fotografía de Imago.