Ha pasado el tiempo y ya existen generaciones que no vieron jugar a Pablo Aimar. Los que crecieron cuando él ya no vestía los colores del Valencia recuerdan los medios de comunicación y la afición describiéndolo como un jugador del que se desprendía un aroma determinado; un tipo que era especial. Pablo César Aimar, nacido el 3 de noviembre de 1979 en Córdoba, Argentina, fue muy querido por la hinchada valencianista durante las cinco temporadas que estuvo en el club, de 2001 a 2006. “Vamos, Pablito Aimar, que la gloria volverá, como Kempes y el Piojo, otro pibe inmortal” fue uno de los cánticos más escuchados durante aquellos años en Mestalla. Cánticos que demostraban el deseo de volver a vivir una época ganadora en la ciudad del Turia como las que protagonizaron esas dos leyendas ‘ches’.
El ‘Payasito’, como era apodado futbolísticamente desde sus inicios en Argentina, media punta de posición, dejó una huella imborrable en Mestalla, y así lo describían años más tarde los aficionados valencianistas que fueron preguntados sobre su figura en El Día Después de Movistar Plus: “Es como un referente, porque desde pequeño llevo escuchando su nombre”, expresaba un hincha ‘che’. Y otro seguidor añadía más contexto: “Aimar era magia. Ver este campo como está ahora y ver en su momento lo que significaba el Valencia de Aimar, Kily, Mendieta, Cañizares... Lo veías tocar el balón y decías: ‘Es que no hace falta ni que marque un gol’. La gente que estábamos en el campo, lo veíamos y pensábamos: ‘¿Qué va a hacer ahora?’. Lo suyo era improvisar, yo creo que ni él mismo sabía lo que iba a hacer, tenía tanta magia en la cabeza…”.
Hubo unos años en los que el Valencia desprendía esa sensación de equipo temible, capaz de someter a cualquier rival y retar el dominio de los grandes clubes. Mestalla aún rememora esos días: la llegada a dos finales consecutivas de la Champions en los años 2000 y 2001, perdidas ante Madrid y Bayern, y la primera liga conquistada después de 31 años. Con una trayectoria europea meritoria que no había tenido su premio, la liga española de la temporada 2001-02 llegó a su final con la clasificación muy ajustada. Fue entonces cuando Aimar firmó una de sus mejores actuaciones con el club: un partido que marcó la diferencia.
La Liga 2001-02 llegó a su final con la clasificación muy ajustada. Fue entonces cuando Aimar firmó una de sus mejores actuaciones como ‘che’: un partido que marcó la diferencia
Tenerife es tierra donde se deciden ligas. El sábado 30 de marzo de 2002 el Valencia disputaba la jornada número 32 de La Liga frente al conjunto local en el estadio Heliodoro Rodríguez López. El combinado dirigido por Rafa Benítez, en ese momento, ocupaba la segunda posición de la tabla con 56 puntos, los mismos que el Real Madrid, con quien se disputaba el campeonato. Venía de ganar el anterior domingo en Mestalla frente a Osasuna por 2-1, y no tenía margen de error si quería mantener sus aspiraciones al título.
El equipo se fue al descanso con 0-0, sin alteraciones en el marcador. Pero, tras un partido atascado, en el minuto 76 Aimar inició una conducción desde el mediocampo sorteando rivales, pasándose el balón de una pierna a otra y dirigiéndose hacia el vértice derecho del área, desde donde mandó un tiro potente a la escuadra derecha del portero. El tiempo se detuvo en aquel momento. La pelota tocó en la cruceta del poste derecho y se fue botando hacia la cruceta del poste izquierdo, saliendo rebotado finalmente hacia la red.
Un gesto exquisito de calidad técnica combinado con una finalización demoledora. Un destello de luz en un partido gris. Un gol estético que podía valer una liga. Así rememoraba el tanto el ‘Payasito’ en la entrevista que concedió a Espn en enero de 2018: “El gol que más recuerdo, el más lindo, es uno que le hice al Tenerife cuando jugaba para el Valencia”. El encuentro terminó 0-1, y aquella diana dio tres puntos que permitieron al equipo de Benítez seguir en el coliderato de La Liga empatado con el Madrid, que había ganado por el mismo resultado en Sevilla con gol de Makélélé. La diana de Aimar fue decisiva porque hizo creer al Valencia en sus posibilidades de ganar el torneo, burlando esas estadísticas de tres décadas sin alzarse con el trofeo.
“El gol que más recuerdo, el más lindo, es uno que le hice al Tenerife cuando jugaba para el Valencia”, reconoció en 2018 el propio Aimar
Aquel tanto dio fe a un equipo que hasta la jornada 38 no dejó de creer para, finalmente, llevarse el título. Cañizares, Baraja, Ayala, Kily, Angulo, Mista, Carboni, Vicente. Un equipo de ensueño. Después de la partida de jugadores de gran peso en la etapa de Héctor Cúper como Claudio ‘Piojo’ López, Javier Farinós o Gerard López, el director deportivo del Valencia Javier Subirats supo rehacer la plantilla y apostó por Aimar en el mercado de invierno de 2001. Procedente de River Plate, el argentino fue el fichaje más caro de la historia del club hasta ese momento, convirtiéndose en pieza clave de la mejor etapa deportiva del Valencia. Con en el equipo ‘che’, el futbolista conquistaría las ligas de 2002 y 2004, la Copa de la UEFA de 2004 y la Supercopa de Europa del mismo año. Por eso fue tan importante aquel gol en Tenerife, porque abrió la senda de los títulos que estaban por venir.
Ahora quizá los más jóvenes no lo recuerden, pero a principios del siglo XXI el Valencia estuvo en los equipos dominantes de la liga española y de Europa, e incluso fue nombrado el mejor equipo del Mundo en 2004 por la Federación Internacional de Historia y Estadística del Futbol (IFFHS). ¿Y por qué aquel equipo fue tan especial?, podrían preguntarse. Por jugadores como Aimar, por lo que generaba sobre el césped, porque hacía parecer fácil lo que era difícil, pero sobre todo porque nunca sabías con qué truco te sorprendería en la próxima jugada.. Una cualidad que solo los jugadores especiales son capaces de tener. Eso era Aimar en el Valencia.
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Fotografías de Getty Images.


