Cargante e incombustible. Así recordamos, creo, los que no somos del Atleti a Paulo Assunção, que durante cuatro cursos, del 08-09 al 11-12, y casi un centenar de encuentros defendió hasta la extenuación el ’12’ del conjunto rojiblanco y que ganó dos Europa League y una Supercopa de Europa con la camiseta colchonera, a las que hay que añadir las tres ligas portuguesas seguidas que conquistó con el Porto y la Copa Sudamericana que alzó con el São Paulo en 2012.

Hoy, el nombre del incansable mediocentro defensivo brasileño, que disputó sus últimos partidos en el fútbol profesional en la 12-13, con la elástica del Dépor, sigue estando muy vinculado al mundo del balompié gracias a sus tres hijos: Pedrito, que con seis años ya juega en la cantera del Porto, y, sobre todo, Gustavo (São Paulo, 2000) y João (São Paulo 2004), futbolistas del primer y del segundo equipo del Famalicão luso, respectivamente, y, desde hace unos días, los primeros hermanos en formar parte del movimiento solidario colectivo Common Goal.

 

“No podemos olvidar nunca de dónde venimos, y queremos impulsar que los niños y niñas más vulnerables también puedan cumplir sus sueños”

 

Fundado en verano de 2017 con Juan Mata como pieza clave, Common Goal cuenta ya con casi 170 futbolistas y técnicos profesionales de más de 40 países que donan, como mínimo, el 1% de sus sueldos a oenegés y fundaciones que utilizan el potencial del fútbol como herramienta social para ayudar a jóvenes de todo el mundo. “Para nosotros es un orgullo ayudar, y utilizar el fútbol como herramienta para el progreso de los más desfavorecidos. Los futbolistas somos unos privilegiados en muchos aspectos, sobre todo porque la gente nos conoce y nos quiere y podemos disfrutar de lo que nos gusta, pero no podemos olvidar nunca de dónde venimos y lo que ha costado llegar. Hay que devolverle a la sociedad todo lo que nos da. Todo lo que hacemos tiene mucha visibilidad, y debemos ser un ejemplo, y servir de inspiración y comprometernos con causas sociales. Queremos impulsar que los niños y niñas más vulnerables también puedan cumplir sus sueños. Todos tenemos un talento dentro y debemos tener el derecho a poder expresarlo”, afirma Gustavo, que en verano de 2019, y tras once años en la cantera del Atleti, se sumó al ambicioso proyecto del Famalicão, del que con solo 20 años ya es capitán y pieza clave e indiscutible.

En la misma línea, João, que también se crio en las categorías inferiores del Atlético de Madrid y que ya ha firmado su primer contrato profesional de la mano del club portugués, aunque de momento sigue trabajando, paciente, en el conjunto sub-23, insiste en que “no podemos quedarnos parados ante todo lo que está pasando en el mundo”. “Para ser un buen futbolista antes tienes que ser una buena persona. Yo aún soy muy joven y tengo mucho camino por hacer, pero tengo claro el ejemplo de mi padre, que triunfó por sus principios y sus creencias. Él siempre nos ha inculcado el sentido de ser importante para los demás. En el campo él hacía una labor fundamental para que otros lucieran más. El fútbol no es solo goles, espectáculo, show. Es, sobre todo, trabajo en equipo, valores, sacrificio, hermandad. Y formar parte de algo más grande que uno mismo. El mundo es mejor si funciona como un equipo, como una familia”, añade João, que sueña con jugar con su hermano en el primer equipo del Famalicão.

 

“El fútbol no es solo goles. Es, sobre todo, trabajo en equipo, hermandad. El mundo es mejor si funciona como un equipo, como una familia”

 

Gustavo, el primer jugador de la Liga NOS en adherirse a Common Goal, fue uno de los nombres más destacados del equipo de la ciudad de Vila Nova de Famalicão de la temporada pasada, la del debut histórico del club en la máxima categoría del fútbol luso. El ’12’, un mediocentro defensivo con un valor de ocho millones de euros, según Transfermarkt, e internacional con las categorías inferiores de la selección brasileña, jugó hasta 37 partidos, y el cuadro del Estádio Municipal 22 de Junho, que también contaba con el artillero Toni Martínez, autor de diez goles en la liga y hoy en el Porto, con Uroš Račić y Álex Centelles, cedidos por el Valencia, y con Nehuen Pérez, a préstamo por el Atlético, escribió la página más brillante de toda su historia al acabar la liga sexto y a tan solo un punto del Rio Ave y del último billete para la Europa League.

Esta campaña, Gustavo, que en octubre prolongó su contrato hasta el año 2025, ha ratificado su crecimiento, y se ha estrenado como goleador en el fútbol profesional, pero el Famalicão, con los españoles Dani Morer e Iván Jaime como piezas importantes, ya ha caído eliminado de la Taça, en la que la temporada pasado llegó hasta las semifinales, y marcha en la parte baja de la clasificación, encabezada por un Sporting que está a más de 20 puntos. Pero Gustavo, que llegó a ser convocado en un partido del Atleti en la 18-19, aunque no pudo cumplir el sueño de debutar, no pierde la sonrisa.

“Nos está costando llegar al nivel del año pasado, pero estoy contento. He crecido mucho. Me siento importante, y con responsabilidades. Estoy en el sitio idóneo para continuar creciendo, y ojalá pueda tener una carrera tan larga como la de mi padre, con títulos, siendo importante en clubes top, asiente Gustavo, que junto a João apoyará la oenegé brasileña EPROCAD en la lucha contra el coronavirus.

Y, orgulloso, concluye: “Ahora más que nunca es el momento de ayudar. Estamos viviendo una situación que afecta a todo el mundo por igual, sin importar el país ni la condición social. Todos sufrimos al mismo tiempo, y juntos debemos reaccionar”.

 


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Fotografías cedidas por la familia Assunçao.