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Cuando eres pequeño no te centras demasiado en aspectos tácticos del juego. Tampoco analizas detalladamente las cualidades técnicas de los futbolistas ni te preguntas en qué posición del campo rinden mejor. Simplemente disfrutas sin cuestionarte demasiado las decisiones de los entrenadores o de los propios jugadores. Por lo menos en mi caso, esto provocó que escogiera inconscientemente como ídolos tipos a los que no sabría definir muy bien con nueve años. Solamente con el paso del tiempo he conseguido descubrir por qué eran especiales para mí. Cuando recuerdo cómo eran dentro y fuera de la cancha. Ahora, once primaveras después, sé por qué apreciaba tanto a Seydou Keita.

“De vez en cuando, entre millones de personas que nacen en la Tierra, surge alguien especial. Un ser puro, de mirada limpia y corazón incorruptible, que siembra bondad allá por donde pasa”, recita Alberto Edjogo-Owono, en Indomable: Cuadernos del fútbol africano, sobre Seydou. Y es que, más allá del fútbol, su compromiso con el pueblo maliense no ha cesado. En el 2012, tras conseguir el pase de su selección a semifinales de la Copa Africana de Naciones, aprovechó la ocasión para reclamar que se pusiera fin a una terrible guerra que estaba sacudiendo el norte de Mali. Keita, tal y como le define Alberto Edjogo, es “un caballero del deporte que antepuso siempre el bienestar de su pueblo a la gloria individual”. Así lo ha demostrado durante la pandemia de COVID-19, donando 30 millones de francos (unos 45.000 €) para ayudar a unas 600 familias malienses con escasos recursos.

 

“Jugábamos en la calle desde las ocho de la mañana hasta las doce. Luego, después de comer, volvíamos a jugar desde las dos hasta la noche. Siempre en tierra”, confesó Seydou Keita sobre su infancia en Mali

 

El compromiso y el carisma de Keita se trasladaron al rectángulo de juego durante su carrera. Sobrino del primer Balón de Oro Africano (en 1970), Salif Keita; y primo de otros jugadores profesionales, Sidi Keita y Mohamed y Abdoul Sissoko, Seydou empezó a sentir deseo por el fútbol desde pequeño, en las calles de su Bamako natal. “Jugábamos en la calle desde las ocho de la mañana hasta las doce. Luego, después de comer, volvíamos a jugar desde las dos hasta la noche. Siempre en tierra”, confesó Seydou para El País. El exfutbolista también agradeció el sacrificio de su madre, quien tuvo que cuidar de él y de sus once hermanos durante su infancia: “Mi padre murió hace muchos años y mi madre ha sufrido mucho para educar a tantos niños, vendiendo ropa en una tienda, en Bamako. Es una persona fantástica”.

El centrocampista zurdo abandonó su casa con 16 años para marcharse al Olympique de Marsella, el club que lo acabó traspasando tiempo después al Lorient. “El contexto del club no permitía confiar en los jóvenes. Allí hacen falta resultados”, expresó un Keita que lograría ascender a Ligue 1 con el conjunto bretón. Además, con el Lorient también logró alzar su primer trofeo, la Copa de Francia, antes de descender de nuevo y recalar en el Lens. Estuvo cinco temporadas con ‘Les Sang et Or’, hasta el curso 2006-07, en el que anotó once tantos que le valieron para ser condecorado como segundo mejor jugador del año en Francia, por detrás de Florent Malouda.

El Sevilla puso los ojos sobre él, un centrocampista polivalente con mejor toque de balón de lo que parecía. Los prejuicios pudieron tener algo que ver. Así resume este tipo de situaciones el periodista Enrique Ballester en El Periódico: “Si eres negro y juegas de centrocampista, van a destacar tu físico. Da igual que muestres una extraordinario lectura táctica de los partidos y no importa que tu capacidad técnica sea sobresaliente. Da igual que rondes los cien pases sin fallo y no importa que el partido se juegue antes en tu cabeza que en el césped. Da igual lo que hagas porque ya han decidido lo que eres. Eres negro, corres mucho, eres físico; eres negrocampista. Subyace ahí un curioso racismo cotidiano”.

 

“De las cosas más maravillosas que he vivido desde que soy entrenador del Barça es haberle podido conocer”, manifestó Guardiola sobre el africano

 

Seydou no solo destacaba por su gran despliegue físico, también era un fantástico futbolista en aspectos técnicos y tácticos. Precisamente estas virtudes le permitieron convertirse en el primer fichaje del Barça de Pep Guardiola al abonar su cláusula de 14 millones de euros. Tras una gran temporada en Andalucía, y con una Supercopa de España bajo el brazo, se mudó a Barcelona para empezar la mejor etapa de su carrera. El maliense se convirtió en un comodín de lujo para el técnico de Santpedor.

“De las cosas más maravillosas que he vivido desde que soy entrenador del Barça es haberle podido conocer”, manifestó Guardiola sobre Keita. De la mano de Pep, Seydou y muchos otros jugadores aprendieron a practicar un nuevo tipo de fútbol. Según el africano, la clave en un equipo como aquel era “saber qué tiene que hacer todo el mundo, saber qué es lo que va a hacer tu compañero”. Como él mismo comentó en L’Équipe, “a parte de la técnica, existe la inteligencia táctica”.

Xavi Hernández y Andrés Iniesta fueron dueños y señores del medio campo azulgrana en aquella época. Aun así, Keita aprovechaba sus oportunidades, ya sea de titular o saliendo desde el banquillo. La mayoría de veces Guardiola le situaba de interior, donde colaboraba en la refinada organización y distribución del esférico tan característica del actual entrenador del Manchester City. “Antes yo corría hacia la pelota y ahora espero a la pelota. Y me muevo para que me la den. Ahora lo entiendo todo”, explicó el maliense tras su primera temporada en Barcelona, en la que consiguió el ‘triplete’. 

Seydou también era un excelente futbolista en el juego aéreo y generaba peligro cuando pisaba el área. En el Camp Nou, en una victoria por 6-1 al Zaragoza en la temporada 2009-10, anotó un hat-trick, en el que dos de los tantos fueron de cabeza. Keita era un jugador que interpretaba el fútbol de manera global, motivo por el cual logró adaptarse adecuadamente a aquel sistema: “Con Pep Guardiola los entrenamientos son muy diferentes a los que había conocido hasta el momento. La filosofía es poseer el balón”, ilustró para L’Équipe.

 

“Estoy convencido de que hemos ganado mucho por el respeto y la humildad que ha habido en el vestuario. A nivel deportivo, no he pasado ningún momento malo en el Barça”

 

Tras cuatro maravillosas temporadas, 188 partidos, 22 goles y 14 títulos a sus espaldas (que se dice pronto), Keita se marchó de Barcelona con 32 años. “Estoy convencido de que hemos ganado mucho por el respeto y la humildad que ha habido en el vestuario. A nivel deportivo, no he pasado ningún momento malo en el Barça. Jugar en este equipo es lo más grande del mundo, ha sido un honor para mí vestir esta camiseta. Voy a llevar al club en el corazón, pues me lo ha dado todo”, expresó el maliense en el verano de 2012 tras anunciar su marcha al Dalian Aerbin de la liga china.

Estuvo un año y medio defendiendo la camiseta de este club asiático, hasta que a principios del 2014 decidió regresar a Europa. “A mí me iba bien porque iba a entrenamientos o partidos, pero la familia no tenía nada que hacer allí, en una cultura tan distinta”, expuso Keita como uno de los motivos de su fichaje por el Valencia. En una entrevista para la Liga, quiso recordar la importancia del club de Nervión en su éxito profesional: “El Sevilla me dio la oportunidad de estar donde estoy”. Aquel periodo de seis meses defendiendo a los ‘ches’ fue su última experiencia en España.

Antes de colgar las botas, estuvo dos temporadas en Roma y una en Qatar, defendiendo los colores de El-Jaish Sports Club. Seydou Keita se retiró como un héroe del continente africano y, sobre todo, de su país. Mali estuvo en su corazón durante toda su trayectoria. Con el combinado nacional ganó el Balón de Oro del Mundial Sub-20 de 1999, quedando por delante de futbolistas como Xavi Hernández o Ronaldinho, en un torneo que ganó España y la selección malí quedó tercera. Keita dejó el combinado nacional después de más de 100 partidos como internacional y 25 tantos celebrados, lo que le sitúa como el máximo goleador histórico y símbolo de Mali.

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Después de repasar su carrera recuerdo por qué apreciaba tanto a Seydou Keita. Un jugador que, sin figurar en la lista de los mejores del mundo, se ganó un hueco en el corazón de millones de personas. “Keita parece que se ha criado en La Masia”, dijo Tito Vilanova. Porque el maliense no solo destacaba por su fortaleza física, sino que también poseía una asombrosa calidad controlando el cuero. Seydou era un jugador especial para mí y, después de algunos años, por fin he descifrado el por qué.

 


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Fotografía de Getty Images.