Como pasa con casi cualquier asunto, para entender el fútbol de Sam Allardyce primero hay que repasar su historia. Y para que el texto no se atragante apenas empieza, hay que tratar de que ese repaso sea cortito y al pie. Todo lo contrario al fútbol de Allardyce.

En su etapa vestido de corto, el defensor Allardyce jugó una ristra de partidos en equipos de nivel medio. En lo que atañe a estas líneas, formó parte de distintos planteles del Bolton Wanderers que finalmente volviese a la primera división inglesa en 1978. Tras probar en Estados Unidos, a finales de los 80 coincidiría en el West Bromwich Albion con un Brian Talbot que alternaba campo y banquillo. Un veterano Allardyce ayudaría a su compatriota en la dirección, asimilando con ello una figura de entrenador-jugador que poco después popularizarían Hoddle o Gullit y Vialli en el primer, globalizado y mestizo Chelsea bajo la Ley Bosman.

En ese híbrido puesto tomaría Allardyce el humilde Limerick en el año 92, para ascenderlo a la primera división irlandesa. Su retorno a Inglaterra sería como asistente de Les Chapman o un John Beck llegado en diciembre al Preston North End, después de promocionar de cuarta a segunda al Cambridge United. Tras colgar las botas el año en que se constituyó la Premier League, Allardyce se haría con el banquillo del Preston y, para la 94-95, llevaría al Blackpool a los play-off de ascenso a la Premier. Tras este buen resultado, sin reparos volvería a ejercer de ayudante, esta vez de Peter Reid en el Sunderland, en la que sería su última experiencia como segunda espada.

Y llegado a este punto hay que tomar aire para decir que, alimentándose de ese caldero de técnicos puramente británicos cocinado a fuego lento, no extraña que el fútbol de su exitoso Bolton fuese del todo identificable con el país. Como se entenderá tras este somero review, si hoy se pone una gota de sangre de Sam Allardyce en un microscopio que ofrezca generosos aumentos, podrá apreciarse que sus células tienen forma de bandera inglesa.

Pero antes de agarrar a sus exitosos Wanderers, Allardyce aún tendría tiempo de descender a tercera y recuperar la categoría en la dirección del Notts Country, entidad con la que consiguió récord de puntos el año de su ascenso.

Y así, para finales de 1999 relevaría a Colin Todd en un Bolton de First Division donde acabaría por realizar la que hasta el momento es su mejor obra en los banquillos. Banquillos de primer nivel que posteriormente serían los de Newcastle, Blackburn Rovers, West Ham, Sunderland, Crystal Palace, Selección inglesa, Everton y regreso al West Brom.

Así juegan los equipos de Allardyce

En el curso de su estreno en Bolton, con un Gudjohnsen llegado del PSV en plan estelar, los Wanderers caerían en las semifinales de la fase de ascenso contra el Ipswich Town. La veintena de goles del islandés lo llevaría al Chelsea, desmembrando así la trinidad nórdica en Bolton que completaban el portero Jussi Jääskeläinen y el central Gudni Bergsson. Para cubrir ese espacio llegaría Michael Ricketts, corpulento ariete de perfecto encaje en el estilo de juego de Allardyce. Sus 19 tantos serían fundamentales para que, tras derrotar al West Brom y al Preston dirigido por Pardew en las eliminatorias, los ‘Trotters‘ ascendiesen a la Premier League en la temporada 2001-02. Sam Allardyce se había ganado un contrato de diez años con el equipo que, un lustro después, de su mano jugaría la copa de la UEFA por primera vez.

Sin decir nada claro, ya se ha ironizado mucho con el origen y el fútbol de Allardyce para tan breve texto, por lo que es hora de concretar la pregunta que flota en el ambiente. ¿Cuál fue la dichosa y característica propuesta de juego que provocó que el Bolton en cierto momento pareciese imparable? Para contextualizarla, gracias a Dios se tiene la perspectiva del tiempo y gracias a Internet es posible acudir a los protagonistas.

En una entrevista para The Tactical Room, otro emperador del tackle como Mascherano recordó el estilo imperante en una Premier a la que llegó en 2006, tiempo aún del Bolton de Allardyce: “El modelo de juego de Benítez estaba muy arraigado, muy cercano a lo que era el italiano, de ser un equipo que esperaba de tres cuartos a tres cuartos, no le daba demasiado importancia al inicio del juego; prefería no asumir riesgos. El fútbol también era otro en ese momento. Entonces había muy pocos equipos que salían desde atrás con la pelota. Lo normal era empezar a construir el juego a partir de una segunda pelota”.

Y para entender que este estilo de juego inglés es atemporal, que sus fundamentos son esenciales en el país de la rosa aunque los matices puedan variar según la época, la explicación del argentino podría completarse con la lección que el técnico Quique Flores dio para The Coaches’ Voice. El español contó así el plan propuesto por su Watford cuando, en 2015, se midiese precisamente al Liverpool: “Nosotros íbamos a plantear un partido donde el centro del campo nos lo íbamos a saltar (…) A diferencia del Liverpool, ahí no teníamos jugadores especialmente precisos. Teníamos un plan importante para jugar a partir de campo contrario, contando con la que sería nuestra alineación tipo -4-4-2-. (…) En el doble pivote jugábamos con Watson y Capoue, en las bandas con Abdi y Jurado, jugadores hábiles, con pie (…) Y arriba dos hombres muy poderosos en el juego aéreo y en la segunda jugada, Deeney e Ighalo, y muy trabajadores para juntarse con el equipo para defender (…) Íbamos a practicar un juego directo, partiendo del portero, los centrales o fundamentalmente los laterales, aprovechando que tenían muy buen pie. La idea era llevar la pelota a campo contrario y, a partir de ahí, jugar. Para eso era importante tener a dos interiores con bien pie, capaces de mantenerla la pelota en campo contrario, algo que nos iba a desahogar defensivamente y a dar suficiente aire para tener nuestro equipo alejado de la portería. La idea la teníamos suficientemente clara: saltar el centro del campo y no caer en su presión. (…) También las jugadas a balón parado nos podían dar beneficios”.

Como cierre, es preciso exponer los contrastes de estilo apreciados por quien sería dirigido por Allardyce en su breve Everton de 2018, habiéndolo sido antes por Guardiola en el City, uno de esos técnicos de balón jugado cuya revolución citase entrelíneas Mascherano. El central Mangala, expone lo siguiente: “Son dos formas diferentes. En el City, en el inicio solíamos hacer una acumulación, pasarla de regreso, pasar, pasar, pasar. Luego llego al Everton de Sam. La semana antes del partido entrenamos y, desde los patadas iniciales, nos dice: ‘¡Pon la pelota directamente hacia la esquina, pelota larga, y luego presionamos allí!'”.

El Bolton de Big Sam era puro kick and rush: envíos aéreos hasta el delantero centro tanque para empezar a razonar a partir de la segunda jugada. “Un estilo de fútbol pragmático y efectivo que no necesariamente se preocupó mucho por la estética”, lo definiría el periodista británico Blair Newman.

De haberla mamado, Allardyce tenía clara esta propuesta de juego. Pero igualmente no dudó en que la idea base habría de ser potenciada para conseguir destacar entre tanto hermano de sangre que la ponía en práctica. Por ello encuadró su proyecto en un marco de acción que presentaba las siguientes estrategias: aplicación de métodos analíticos informatizados; fichaje de futbolistas de primer nivel con traspaso de bajo coste, siempre adecuados al plan de juego; mantenimiento de una plantilla experimentada.

Tecnología y estadística al servicio del fútbol

Allardyce fue pionero en el uso de sistemas estadísticos donde se analizasen datos concretos del juego, recurso técnico que había conocido en su estancia estadounidense.

Estudiando matemáticamente el fútbol, Allardyce consiguió saber, por ejemplo, que su equipo tendría que jugar a una velocidad concreta por segundo, superior en tanto al rival, que habría de marcar primero en determinadas citas para que los porcentajes de derrotas se redujesen exponencialmente o que tendría que evitar recibir goles en cierto número de partidos durante la temporada. Así, según el duelo analizado y con esas consignas como guía general, Allardyce formaba planes más defensivos u ofensivos, de mayor o menor ritmo, con tal o cual acción táctica o técnica destacada, todo basado en los equipos a enfrentar.

Un método analítico que también usaban McClaren o Ferguson en la época y muchos mánagers en adelante, como se aprecia en la charla antes citada de Quique Flores, quien apuntó lo siguiente: “sabíamos que para estar en el partido necesitábamos movernos dentro de unos porcentajes de posesión del 60-40 favorable al Liverpool. Al final, se dio un 62-38%, por lo cual el partido se desarrolló según las estimaciones que nosotros pensábamos”.

El llamado ProZone también serviría a Big Sam para mejorar cualidades determinadas de los futbolistas, asignándoles asimismo roles adecuados para los diferentes partidos. Por último, las jugadas a balón parado se convertirían en uno de los puntos fuertes del Bolton en gran medida gracias al análisis, reflejándose al final de la era Allardyce que un tercio de los goles habían sido conseguidos en este tipo de acciones tácticas.

Sobre este particular, el historiador Jonathan Wilson explicó lo siguiente en un texto para Goal: Allardyce fue el primero -en la Premier League, al menos- en explorar las nuevas posibilidades. Desde el inicio de la temporada 2003-04, se consideró que un jugador participaba activamente en el juego sólo si tocaba la pelota o tomaba ventaja. En los tiros libres directos, Allardyce colocaba a dos jugadores en el borde del área chica, por delante de la línea defensiva. Estaban en posición adelantada pero, a menos que la pelota llegase hasta ellos, eso ya no importaba. Tal y como se ejecutaba el saque de falta, ellos volvían rápidamente a ponerse en línea con los defensores para estar en posición correcta en caso de que les llegase algún rebote. La estrategia causó confusión, y además se consideró contraria al espíritu de la ley y fue prohibida. (…) A pesar de la prohibición, pronto los delanteros se dieron cuenta de los beneficios de estar cerca de la posición de fuera de juego, adelantándose ligeramente a los defensores”

Contratar bueno, bonito y gratis: Youri Djorkaeff

El Bolton fue “una mezcla sorprendentemente cohesiva de estrellas internacionales, jornaleros y marginados”, resumió Newman de manera atinada.

Desde primera hora Allardyce sondearía el mercado en busca de grandes futbolistas que fuesen infrautilizados en sus equipos, no tuviesen buena onda con sus entrenadores o acabasen contrato con sus clubes. En este último caso, la ausencia de traspaso era compensada con una mayor ficha al jugador que le hiciese decantarse por el Bolton sobre otros clubes de mayor entidad. Además, parte del dinero no invertido en comprar futbolistas era usado para mejorar las instalaciones o contar con nuevos empleados en la entidad. La fórmula mágica de solicitar la cesión y guardarse la opción de compra fue también muy utilizada por Allardyce, ya que aseguraba el tanteo sobre el campo de futbolistas que, pese a su calidad, pudiesen haber pasado su mejor época de manera definitiva.

Cedido estuvo el central de 30 años francés Bruno N’Gotty, ex del Milan que recientemente no pudo liderar un mal Olympique de Marsella. Llegaría en el mercado invernal y se mantendría como jerarca de la zaga del Bolton durante las siguientes cinco temporadas. Junto a él, para inicios de 2002 aterrizaría su compatriota Youri Djorkaeff, campeón de todo con ‘Les Bleus‘ que había tenido problemas en el Kaiserslautern con el técnico Brehme que supusieron la rescisión de su contrato. Hasta la llegada de Okocha, con quien haría una dupla magnífica durante dos temporadas, el ex de PSG e Inter sería el crack que encandilaría a la afición, consiguiendo en lo individual ser seleccionado para la Copa del Mundo de 2002 ya cumplidos los 34 años.

A diferencia del veterano Per Frandsen en labores interiores, procedente del Hamburgo su compatriota danés Tofting no cuajaría en sus dos campañas inglesas. Pese a jugar poco, a sus 32 años el bregador volante acudiría a su segundo Mundial al finalizar la temporada inicial con el Bolton.

A fin de aprovechar el carácter y compromiso genuino del fútbol alemán, valores útiles para la constitución de cualquier equipo, junto a Tofting habrían llegado de la Bundesliga el también centrocampista Konstantinidis y el campeón de Europa con la ‘Mannschaft‘ Fredi Bobic. El teutón solo haría cuatro goles antes de volver a su país, pero un hat-trick contra el Ipswich a cinco fechas del final sería importante para la salvación, ya que supondría la última victoria del equipo. “Antes de empezar, el entrenador solo me dijo: ‘¡Sal y gana el partido! Salí e hice tres goles, por lo que funcionó. Es inglés a la antigua’”, rememoró Bobic sobre aquel 4-1.

Todos ellos serían ese año las apuestas fallidas en la citada política de fichajes de una plantilla que acabaría el curso dos puestos por encima del descenso. Años después, el propio Bobic recordó a Allardyce como “típico entrenador inglés” y aquella experiencia como “un gran momento. Fue el primer año después de la promoción y lo hicimos bien. Luchábamos contra el descenso, pero lo logramos. Djorkaeff, Tøfting, todos estos chicos, Bruno N’Gotty, el joven Kevin Nolan. Fue un equipo fantástico”.  El objetivo estaba cumplido y, en adelante, el plan de Allardyce cogería ritmo.

Un equipo dispuesto para Okocha

Ricketts volvió a ser el artillero del equipo, con 12 goles, pero para mediados de la 2002-03 se daría su traspaso al Middlesbrough, lo que dejaba el ataque huérfano de su pieza central, con la sola presencia de Henrik Pedersen y su 1,85 de puro músculo para el puesto de delantero. Debido al proyecto de continuidad y al buen ojo de Allardyce, una salida que apuntaba a sensible resultaría beneficiosa a largo plazo, ya que el recambio de Ricketts llegaría sin coste al curso siguiente, para acabar manteniéndose la plantilla una década en la que rondaría los diez goles por temporada.

Con solo 26 años, la carrera de Kevin Davies parecía hundida tras ir de más a menos en el Southampton hasta quedar libre. Con él y el eléctrico Stelios Giannakopoulos, quien a sus 29 años también sería recogido sin contrato en vigor, el Bolton tendría futbolistas para cumplir todas las funciones imaginables en una franja de ataque que completaban los citados Djorkaeff, Pedersen y quien se convertiría en ídolo indiscutible desde el mismo día que pusiese una bota en el Reebok Stadium: el genio nigeriano Jay-Jay Okocha, que llegaba libre tras cuatro temporadas en el PSG, con 29 años y tres participaciones en Copa del Mundo guardadas en su maleta.

Pero para que este arsenal ofensivo se diese, antes el Bolton habría intentado llenar el vacío de Ricketts con las cesiones fallidas de los goleadores Salva Ballesta y el francés André, procedentes de Valencia y Nantes respectivamente.

Juego directo sobre las bases 4-2-3-1 y 4-4-2

Previendo el fin de la carrera del islandés de 37 años Bergsson, ‘Big Sam‘ acometió una batería de fichajes defensivos para la 2002-03. El mundialista y ganador de la Liga de Campeones Iván Campo, venido a menos en el Real Madrid dirigido por Del Bosque, el bicampeón de la Ligue 1 con el Olympique de Lyon Florent Laville y el naciente Bernard Mendy, cedido por el PSG, completarían ese curso una retaguardia tan experimentada como segura. Laville sería suplente de Bergsson y N’Gotty, pero a sus 29 años Campo estrenaría un puesto que le haría disfrutar como nunca. “Allardyce me enseñó a ser mejor jugador”, declaró quien se convirtiese en indiscutible.

Como mediocentro defensivo, Campo exhibiría unas dotes técnicas con balón no apreciadas en España. Su calma bajo la presión del rival y su virtud para encontrar el pase corto a los compañeros del siguiente escalón, como Okocha o un joven Nolan que perdería minutos ante tanto fichaje acertado, serían fundamentales para la fluidez de las distintas fases del juego.

Si defensivamente el Bolton esperaba replegado para, una vez recuperada la posesión, activar los ataques directos con Campo, las conducciones principalmente de Okocha o los envíos hacia los espacios atacados por los centrocampistas de banda, la ofensiva tenía la libreta bien marcada.

Como se ha contado, en un plan de juego comparable al explicado por Quique Flores, el Bolton de Allardyce proponía una fase de construcción directa que variaba el dibujo entre el 4-2-3-1 (o 4-5-1) y el 4-4-2, pero rara vez alteraba el fondo.

Desde el saque de puerta, la zaga de cuatro hombres adelantaba su posición y empujaba al resto de líneas, achicando así el terreno para facilitar la presión grupal a partir de la línea divisoria, toda vez que el arquero enviaba largo a una dupla de ataque en la que Pedersen ocuparía el centro y Davis pasaba desde la derecha a la doble punta.

“Davies ofreció una salida para pases directos, molestó a los defensores, amenazó a balón parado, cometió y recibió más falta que la mayoría”, recordaría Newman. Ambos serían los encargados de bajar el balón para que, ya en zona de tres cuartos, los jugadores más cercanos pugnasen y futbolistas técnicos como Okocha o Djorkaeff recibieran al pie. Con la posesión ganada a ras de hierba, a través de asociaciones naturales, hábiles conducciones o pases definitivos, los dos cracks inventaban jugadas ofensivas que podrían finalizar bien con tiros de media distancia o bien con asistencias a los desmarques de ruptura diagonal de Stelios o el propio Davies.

Los centros al área en busca del remate de Perdersen eran otra vía de desenlace, pero esta tenía el hándicap de que los ataques rápidos exigidos por Allardyce no favorecían que los laterales subiesen, siendo estos más emisores de pases medios o largos en la mitad de campo propia que receptores en la rival. Cada uno con sus matices, el potente Simon Charlton o el veloz Ricardo Gardner en la izquierda y Mendy o el espigado canterano Nicholas Hunt en el otro lateral rendirían sobradamente.

Sin un delantero determinante ese curso, los siete goles por cabeza de Djorkaeff, Okocha y Pedersen serían suficientes para que una plantilla cuya media de edad pasaba los 30 años finalizase la temporada en la posición 17, a dos puntos de la zona de descenso.

En adelante, la destreza de un Okocha desatado y la eficacia de fichajes como los del mentado Davies permitirán que lo que hasta el momento había sido un equipo en construcción solo necesitase ser retocado año a año, sin bajarse de las posiciones altas de la clasificación.

Un Bolton finalista de League Cup

Para ir al grano, la campaña iniciada en 2003 finalizaría con el equipo perdiendo la final de la Copa de la Liga contra el potente Middlesbrough de Steve McClaren, Juninho, Mendieta, Soutghate, Zenden o Job -a la postre subcampeón de UEFA- y ubicado en el octavo puesto de la Premier League.

El equipo jugaría a lo de siempre, pero el paso del tiempo y la confianza en el proyecto los había hecho crecer. Sería la última temporada en la plantilla de un Djorkaeff de 35 años, quien sería titular durante el curso y compartiría once en la final copera con Okocha y Nolan, en una zona de vanguardia insuficiente para asistir al polivalente Davies, que esta vez ejercía como punta e hizo el tanto de su equipo en el 2-1.

En el apartado de fichajes, a sus 31 años el brasileño Emerson Thome arrebataría aún más minutos a Laville, cumpliendo con creces como recambio del retirado Bergsson. Pero Davies al margen, el resto de apuestas ofensivas fracasarían. En un equipo sin extremos natos, el potente Ibrahim Ba no tendría fácil encaje. Cumplidos los 30 años, quien un día apuntara a estrella francesa había perdido el brillo desde su aterrizaje en Milán para 1997, lesiones mediante. Ba volvería al club italiano en verano, como abandonarían el Bolton los goleadores Jardel y un Javi Moreno que tuvo sus minutos en la final, pero cuyas aportaciones serían prácticamente testimoniales.

Diouf para matizar un ataque de UEFA

Entonces llegaría la temporada 2003-04 y la primera clasificación del Bolton para la Copa de la UEFA.

A la marcha de Djorkaeff al Blackburn Rovers se unió la de Frandsen, centrocampista cuya aportación había sido admirable desde tiempos de segunda división.

Sabedor de que la ausencia del francés no sería fácil de llevar, ni corto ni perezoso Allardyce hizo que su directiva abonase 750.000 libras al Newcastle por el contrato del volante zurdo Gary Speed. Nada extraño de no tratarse de un futbolista de 35 años. Pero, nuevamente, el resultado dio la razón a ‘Big Sam‘, ya que durante tres años el galés fue el sostén en el centro del campo de un dibujo que esbozaría en muchas ocasiones un 4-3-3 a fin de soportar las aventuras del principal fichaje del ejercicio, el delantero senegalés El-Hadji Diouf.

Tras dos cursos flojos en el Liverpool, quien deslumbrase en el Mundial de 2002 llegaría cedido para alternar las posiciones de extremo y delantero centro en un ataque cerrado con los incansables Nolan, Stelios, Davies y un Pedersen cada vez más residual. En un sistema donde Campo y Speed le guardaban las espaldas, Allardyce juntó la libertad creativa de Okocha con la ofensiva de Diouf. La vivacidad de sus 23 años y sus cualidades verticales harían de él un delantero imprescindible durante los cuatro años que se mantendría en la plantilla, con unas cifras de goles que bajarían de nueve para mantenerse alrededor de cinco a lo largo de dichas temporadas.

En el centro de la defensa, el joven israelí Tal Ben Haim y el contratado Radhi Jäidi se repartirían lo minutos dejados por Thome, ya que Allardyce optaría por confiar en la leyenda española Fernando Hierro como mediocentro, puesto en el que el jugador de 36 años había desarrollado la mayor parte de su carrera en una selección española a las órdenes de Clemente.

En su único año, Hierro restaría minutos a un Campo que volvería a participar como defensa. Con la inteligencia que le caracterizó, el malagueño sabría dosificarse sin dejar de aprovechar su estatura, su zancada, su desplazamiento en largo y llegada en segunda línea, cualidades óptimas tanto para la Premier como para un equipo, el Bolton, que nunca se olvidaba de contragolpear.

Pero como se ha visto, en la idea de Allardyce un año de apuestas acertadas es también un año de apuestas erradas. El ex defensa madridista Julio César, el senegalés Fadiga y el veteranísimo goleador Les Ferdinand llegarían a mitad de curso para aportar poco, toda vez que el ambidextro francés Vincent Candela sí daría meses de buen rendimiento en su préstamo desde la Roma, entidad con la que llegó a ser uno de los mejores carrileros del mundo en cierto momento.

En cualquier caso, todos ellos serían responsables del sexto puesto en Premier League, lugar que daba acceso a UEFA y no a Champions League por la diferencia de goles respecto a un Liverpool empatado a puntos.

Entre el adiós de Okocha y la irrupción de Anelka, se despide Sam Allardyce

Los dos últimos cursos de Allardyce mantendrían al equipo en la dinámica. Despedidas de peso, fichajes con la misma intención y una línea a seguir dejarían un octavo y un séptimo puesto respectivamente entre 2005 y 2007.

La renuncia de ‘Big Sam‘ al banquillo a dos fechas del final de liga trataría de aprovecharla su asistente Sammy Lee. “Allardyce me ha enseñado muchas cosas. El Bolton está luchando por entrar en Champions League. Voy a continuar su trabajo”, dijo Lee después de que Phil Gartside lo anunciase como nuevo entrenador en mayo de 2007.

Solo que la cosa no era tan sencilla. Apenas iniciada la temporada siguiente, seis derrotas, dos empates y solo una victoria en los primeros partidos de la competición doméstica provocarían que Megson sucedería a Lee en la dirección de un equipo que acabaría la 2007-08 a un punto del descenso.

Pero antes del the end de la película, ya sin Hierro y con Campo de suplente, el contratado Diagne-Faye rejuvenecería una medular en la que aún se mantuvo Speed junto a un Nolan convertido definitivamente en líder del equipo a sus 23 años.

En la citada UEFA 2005-06 donde el ‘Boro’ alcanzaría la final, un Bolton reforzado por el central Abdouaye Méïté como sustituto de Ngotty y con la alternancia de Okocha con un Hidetoshi Nakata muy adecuado para esas funciones pero sin ganas de jugar más al fútbol, derrotaría al Lokomotiv Plovdiv, dejaría fuera al Besiktas y al Vitoria Guimaraes en un grupo donde clasificaría tras un Sevilla a la postre campeón y el Zenit, para caer en la siguiente eliminatoria contra el OM de Nasri y Ribery.

En la que sería su penúltima confección de plantilla, Faye salió bien y Nakata, el fichaje invernal Thompson, el ex del United Fortune o el central español César, mal. Lo que, dada su habitualidad, no dejaba de ser una situación esperada y, por tanto, asumible.

Claro que el verdadero drama fue que 2006 sería el último año del ídolo Okocha en el equipo, algo para lo que no existiría consuelo. Como paliativo, la ausencia del capitán nigeriano como figura destacada en la 2006-07 la llenaría Nicolas Anelka, llegado del Manchester City con 27 años y la progresión estancada. A diferencia del mejicano Borgetti meses antes, Anelka lograría formar un tridente de categoría con Diouf y Davies, ataque superior a veinte goles donde más de una decena llevaba la firma del delantero galo.

La que sería última apuesta de Sam Allardyce en el Bolton fue tan ambiciosa, sensata y rentable como lo había sido todo su período como mánager del Bolton Wanderers. Pese a conseguir ser seleccionador de su país, el técnico nacido en Dudley no tendría tanto éxito en los años que seguirían a su magna obra. Pero unas declaraciones de febrero de 2020 muestran que siempre se mantuvo fiel a sus creencias y respetó su sentir futbolístico. ¿Acaso existe algo más grande que eso?

“Pep Guardiola nos ha hecho avanzar en una dirección con la que todos estamos contentos. Pero hay una tendencia peligrosa a jugar el balón en exceso y pensar que solo puedes jugar de esta manera. Seguir esa tendencia significa que la Premier League se volverá muy aburrida si todos juegan de la misma manera. (…) El fútbol es entretenimiento. Tienes que entretener y ganar, lo entiendo, pero esto está erosionando los principios básicos del juego porque si regalas la pelota en tu propia mitad, vas a fallar miserablemente. ¿Cuál es tu trabajo? En este momento, todo el mundo parece pensar que es jugar desde atrás, lo que va en contra de todos los principios que se han enseñado en el fútbol” (Sam Allardyce).

 


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Fotografías de Imago y Getty Images.