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Eberechi Eze: el niño que le venció al olvido

El nuevo ’10’ del Arsenal se llama Eberechi Eze. Su historia va más allá del talento: es el relato de un niño que tuvo que digerir un rechazo y superar lesiones graves para llegar a la meta deseada

En el fútbol pocas cosas duelen más que el rechazo. A veces es un portazo que nunca se olvida, o una frase que se queda tatuada en la memoria del niño que soñaba con ser futbolista. A Eberechi Oluchi Eze, nacido en Greenwich en 1998, le ocurrió con apenas doce años. En 2011, tras varios meses de entrenamiento y pruebas, el Arsenal, el equipo en el que siempre había soñado jugar, le comunicó que no tenía suficiente calidad para seguir en su academia. Lo consideraban demasiado débil, demasiado disperso; no ofrecía las certezas que el club exigía. Con un rotundo ‘no’ lo mandaron a casa. Y para un niño eso podría haber sido una sentencia irrevocable.

Lo que vino después fue la duda. Seguir intentándolo o rendirse. Durante un tiempo parecía más cerca lo segundo. Lo intentó en academias menores, pasó fugazmente por Fulham o Reading, pero siempre terminaba igual: descartado. La etiqueta de “no válido” se pegaba a su piel como una sombra. Y cada vez costaba más arrancársela.

 

En 2011, tras varios meses de entrenamiento y pruebas, el Arsenal, el equipo en el que siempre había soñado jugar, le comunicó a Eze que no tenía suficiente calidad para seguir en su academia. Lo consideraban demasiado débil

 

Hasta que en 2016, cuando el fútbol parecía darle la espalda, apareció el Queens Park Rangers. El club londinense, acostumbrado a pescar en los márgenes del sistema, apostó por él cuando muchos ya lo habían olvidado. Allí encontró lo que más necesitaba: confianza. En Loftus Road le devolvieron la libertad que lo definía: las conducciones largas, las fintas de jugón de barrio y esa calma para decidir bajó presión que le caracterizaba. Entre 2017 y 2020 disputó 112 partidos en los que anotó 20 goles y repartió 13 asistencias. Se convirtió en un ‘10’ a la antigua, con la pausa de un ‘canchero’ pero también con un entendimiento del juego que lo diferenciaba. EL QPR fue su escaparate, el lugar donde empezó a ser reconocido. Y en el verano de 2020, tras meses de seguimiento, el Crystal Palace apostó fuerte: 17 millones de libras por un chico de 22 años que aún no había pisado la élite.

Su primera temporada en Selhurst Park fue prometedora: 4 goles y 6 asistencias en la Premier. Tan rápido se adaptó al club que Gareth Southgate lo incluyó en la prelista de la selección inglesa para la Euro 2020. Pero el fútbol volvió a ensañarse con él: un día después de recibir la noticia, Eze cayó en un entrenamiento. Rotura del tendón de Aquiles. Se perdió ese torneo y casi todo el curso siguiente. La imagen dolía. Un destino irónico: cuando por fin se disponía a cruzar la puerta más alta, se la cerraban de golpe. Muchos se habrían quedado ahí. Pero Eze decidió no rendirse.

En la temporada 2022-23 volvió a lo grande: 10 goles en Premier, liderando al Palace en su mejor tramo liguero. Y en la 23-24 firmó su curso más completo: 11 goles y 4 asistencias, siendo el líder absoluto en Selhurst Park. El público lo veía como un mago tranquilo: un jugador capaz de encender partidos con un chispazo, pero siempre desde una madurez impropia de un futbolista con toda la carrera por delante.

 

Eze juega contra el olvido, contra las etiquetas, contra aquella frase cruel que escuchó en 2011. Hoy es la prueba de que las segundas oportunidades existen

 

Eze era distinto: no necesitaba velocidad punta ni músculo desmedido. Su juego era pausa, elegancia y decisión en el último tercio. Una anomalía necesaria en un campeonato acostumbrado al vértigo.

Y así hasta llegar a este verano, cuando se ha producido la imagen que parecía imposible: el Arsenal pagó 67,5 millones de libras por su fichaje y esta temporada defenderá la camiseta de los ‘gunners’. El mismo club que lo rechazó de niño, ahora lo recibe como estrella. Y lo hace con un gesto que dice más que mil discursos: entregándole el dorsal ‘10’. El número que alguna vez llevaron Dennis Bergkamp, Robin van Persie o Mesut Özil.

La historia de Eze es un espejo en el que deberían mirarse miles de chavales en Inglaterra, en España, en cualquier academia del mundo. Jóvenes a los que un entrenador les dice “no eres suficiente” y sienten que todo se acaba. Su viaje demuestra lo contrario: que el talento necesita tiempo y paciencia, que un rechazo no es una sentencia, que a veces el camino adecuado es también el más largo.

Eze juega contra el olvido, contra las etiquetas, contra aquella frase cruel que escuchó en 2011. Hoy es la prueba de que las segundas oportunidades existen. Y de que, en el fútbol, como en la vida, hay algo peor que el rechazo: el miedo a no volver a intentarlo.

 


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Fotografía de portada de Getty Images.