Se encallan los partidos y no salen los resultados. En las gradas, los sórdidos silbidos retumban en los oídos de técnico y jugadores. En el palco, ese ruido se traduce en miradas y muecas que, a su vez, se trasladan a los despachos. Y al final, cuando no queda más cuerda por tensar, se decide cortar por lo sano. Finiquito para el viejo, presentación para el nuevo y una nueva cara en el banquillo. Otro saco de huesos al que golpear si los resultados siguen en negativo. Arriesgado trabajo, ese de ser entrenador.

“¿Pero los que juegan no son los jugadores?”, preguntaba siempre mi madre cuando se enteraba de la destitución de cualquier míster, haciendo gala de sus nulos conocimientos tácticos, y sin ser consciente del significado que hay entre las líneas de esas pocas palabras. Porque cuando el conjunto no da para más, está bien. Son muchos los adioses que se dan en los equipos más bajos de la tabla, en un movimiento muchas veces basado en la fe de un milagro que pocas veces se da. Sin embargo, en los clubes más potentes, algún que otro despido viene acompañado de una de las realidades más conocidas -y negada por todos aquellos que se dedican al sector del balompié- de nuestros tiempos. El último caso de este fenómeno parece haber ocurrido en Mánchester. Old Trafford, conocido como el Teatro de los Sueños, ha albergado auténticas tardes de modorra y aburrimiento que han acabado con Mourinho en el cadalso. Eso sí, con los bolsillos llenos gracias a un jugoso cheque de despido.

Llega Solskjaer y, con él, la primavera en pleno invierno. Lo que venía siendo un equipo triste y desganado que había logrado seguir en Champions gracias a una mano de Fellaini, ahora se ha convertido en un conjunto fuerte y anotador que solventa los partidos con goleadas y buen juego. Es como si los Pogba, Lukaku, Rashford y compañía hubiesen sacado las sábanas del armario, las hubiesen estirado sobre el lecho sin dejar ni una sola arruga, colocasen una cómoda almohada y acompañasen a Mourinho hasta el cuarto. “Aquí está tu cama, míster”, pensarían al leer el comunicado del club a mediados de diciembre anunciando el adiós del portugués.

Y no es mal sistema, todo sea dicho. Quizás la metáfora perfecta de una revolución en la que el pueblo se harta del líder de turno y decide clavar su cabeza sobre una pica ante la impasibilidad -e imposibilidad de acción- de aquellos que visten de traje y corbata. Una rebelión dentro del vestuario alimentada por los diferentes egos que cohabitan en tan pocos metros cuadrados. Un hartazgo potenciado, seguramente, por la credibilidad menguante de un discurso técnico y táctico que ya no cala. Esto parece que va de fe. Ya lo dijo el propio Pogba al término del encuentro ante el Bournemouth, después de vencer por 4-1. “Ahora somos más ofensivos y creamos más ocasiones. Es como queremos jugar”, alegó el francés tras ser preguntado en la zona mixta.

 

Aunque el título de liga no sea más que un sueño inalcanzable en el teatro de Manchester, la clasificación para la Champions League ha vuelto a ser el objetivo de la temporada

 

Y así lo ha entendido el nuevo técnico de los Red Devils. Ole Gunnar Solskjaer se ganó a todos los aficionados del Manchester United en su época como futbolista. Recordado por salir en numerosas ocasiones desde el banquillo para revolucionar los partidos a base de goles, parece que le cogió el gusto a esa localidad del campo desde la que ahora dirige los recitales del equipo. Desde su llegada, los números han cambiado drásticamente. 14 goles a favor y tan solo tres en contra. Los cuatro partidos disputados en la Premier League se cuentan por victorias y esos 12 puntos han permitido al club meterse en la pelea por los puestos que dan acceso a Europa. Aunque el título de liga no sea más que un sueño inalcanzable en el teatro de Mánchester, la clasificación para la Champions League ha vuelto a ser el objetivo de la temporada. Y tiene mérito porque muchos aficionados ya vislumbraban un nuevo curso alejados de las grandes noches europeas.

El técnico noruego se ha erigido como rey del averno. Al frente de los Diablos Rojos, el equipo ha recuperado la identidad y la capacidad de infligir terror a los rivales. El balón, como mayor arma, ha pasado a los pies de sus pupilos y con el dominio de este han doblegado a todos los rivales. Sabía Solskjaer que ese esférico, cambiante año tras año, era la clave para el resurgir de unos futbolistas en estado de letargo y con el ánimo más bien revuelto. El resultado en estas primeras semanas ha sido inmejorable. Más lanzamientos a puerta, más goles anotados y, tan importante como lo anterior, menos tantos encajados.

El ‘asesino con cara de niño’, como era conocido en su época vestido de corto, también mata desde la zona técnica. Y eso que su paso por los banquillos no ha sido demasiado extenso. Sus inicios fueron, precisamente, en el Manchester United, donde dirigió a equipos de las divisiones inferiores desde 2008 hasta 2010. El salto profesional llegaría ese mismo año, al igual que en su época como futbolista, en el Molde FK. Lo que Solskjaer no pudo lograr como jugador del club noruego, lo logró como entrenador: dos ligas consecutivas -las primeras en la historia del club- y una copa en los aproximadamente tres años y medio que estuvo al frente del equipo. Sentimental él, creciendo como técnico en el club con el que saltó a la fama.

Nada pudo hacer en 2014, tras volar hasta Gales, para salvar al Cardiff del descenso. No obstante, la dirección del club continuó apostando por él en sus andaduras por la división de plata. Fueron pocos meses, todo sea dicho, puesto que en septiembre de ese mismo año fue destituido a causa de los malos resultados. Voló, a los nueve meses de haber llegado, de nuevo a Noruega y tras un año de descanso, en octubre de 2015 volvió al banquillo del Molde. Esta segunda etapa en Noruega duró tres temporadas y media. El punto y final llegó con la llamada del United. Al igual que ocurriese en 1996, cuando el joven delantero destacaba en el frío país nórdico, Solskjaer puso rumbo a Mánchester. Cíclica historia, la suya. Sus inicios como nuevo técnico de los Red Devils han sido apabullantes pero lo complicado es mantener el ritmo. Su primera prueba de fuego será el Tottenham.

Mourinho acabó su etapa en el club llevando a los Diablos Rojos a vivir su propio infierno. Sarcástico lo del portugués. Pero no se debe olvidar que ese siempre ha sido el hábitat de los demonios. En el club confían en que el técnico noruego lidere a los suyos, doblegando a los rivales como ha venido haciendo estas semanas y dando de probar el fuego de Old Trafford a todo aquel intruso que pise el césped del templo. Convirtiendo ese averno en su propio reino.