Su llegada al estadio había acaparado todos los flashes. Lo hacía rodeado de todo un séquito y unas gafas que le daban cierto aire intelectual mientras atendía a los medios allí presentes. Consultado precisamente sobre si era un partido fuera de lo común, el ’10’ apuntaba que “todos los Clásicos son especiales”. Ya en el túnel de vestuarios, un mensaje para activar a sus compañeros con vistas al choque –“¡Huevos, huevos! ¡Vamos!”– y saltar al césped acompañado por Oscar Córdoba, el Ñol Solano, Cagna, Bermúdez, Toresani, Vivas, Arruabarrena, Fabbri, Martín Palermo y Latorre. Con todos los focos sobre él, el capitán se persignó y acudió a saludar al técnico rival Ramón Díaz, con el que mantenía una complicada relación y se mostró gélido ante el gesto.

Era sábado. Y en Buenos Aires se escribe la historia. Argentina está paralizada con motivo de la celebración de un nuevo Superclásico entre River Plate y Boca Juniors. Con un Monumental repleto hasta la bandera pese a lo poco habitual del día debido a una elección legislativa y 60.000 almas cantando a pleno pulmón, a las 18:15 daba comienzo el último partido oficial de Diego Armando Maradona.

El 25 de octubre de 1997, Something About The Way You Look Tonight de Elton John sonaba en todas las emisoras de Estados Unidos y Gran Bretaña, mientras Al Pacino estrenaba Pactar con el diablo junto a Keanu Reeves y Charlize Theron. La gente comenzaba a devorar las historias de un por aquel desconocido aprendiz de mago llamado Harry Potter y en nuestro país el diario de referencia desvelaba la advertencia de Felipe González a UGT acerca de cómo su actitud podría poner en peligro la mayoría socialista.

Hacía dos años desde el regreso del referente xeneize a la Bombonera. Lo hizo después de quince meses de inactividad a raíz de la sanción que le impuso la FIFA por el doping positivo del Mundial del ’94 en los que incluso tuvo tiempo para tener sus dos experiencias en los banquillos. La primera fue en el Deportivo Mandiyú y apenas duró dos meses antes de que acabara abruptamente después que el Pelusa tirara dos piñas, como él mismo recordaba, al dueño del club Osvaldo Cruz por una injerencia en su labor. La segunda, en Racing Club, acabó a los cuatro meses con dos victorias, seis empates y tres derrotas en once partidos. También había recibido el Balón de Oro honorífico de France Football e incluso había fundado el Sindicato Mundial de Futbolistas.

 

Para nosotros su llegada fue algo muy importante. Además, Diego estaba muy bien físicamente y con muchas ganas. Tener a Maradona en el equipo era un plus

 

La vuelta a los terrenos de juego de Maradona con la elástica de Boca fue todo un acontecimiento. Primero fue un amistoso el 30 de septiembre de 1995 en Seúl ante la selección de Corea del Sur que terminó con 2-1 para los argentinos y que presenciaron en directo en las gradas desde el presidente Carlos Menen hasta Carlos Salvador Bilardo y César Luis Menotti. Maradona como elemento de cohesión. El regreso a la Bombonera fue una semana después ante Colón de Santa Fé (victoria por 1-0) y quedará marcado por la franja amarilla en el pelo del que fuera campeón del mundo de 1986, la salida de sus hijas Dalma y Gianinna de una caja para dar la bienvenida a su padre y una pancarta colgando desde la tribuna con un mensaje que resumía el sentir general: ¿Con la ’10’? ¡Dios!.

“Para nosotros su llegada fue algo muy importante. Además, Diego estaba muy bien físicamente y con muchas ganas. Tener a Maradona en el equipo era un plus, como tener ahora a Messi. Maradona daba ese algo más que necesitaba cualquier equipo para intentar salir campeón. Además, todos los equipos que jugaban contra Boca lo hacían como si fuera el partido del año”, recuerda Néstor Fabbri, zaguero que vivió junto a Maradona su última etapa en Boca Juniors. Desde ese día para el recuerdo hasta un nuevo parón de once meses que comenzó en agosto de 1996, Maradona sumó 25 partidos oficiales en los que marcó cinco goles y no pudo ayudar a Boca Juniors a sumar ningún título (fue cuarto en el Apertura de 1995 y quinto en el Clausura de 1996). Esta etapa quedará marcada por los cinco penaltis consecutivos fallados en apenas seis meses y sus problemas con un Mauricio Macri que aterrizó en la presidencia en diciembre de 1995, según evoca Fabbri: “Unos meses después de la llegada al club de Maradona, Macri se convierte en presidente de Boca. Hasta que comprendió como era el tema del fútbol hubo algunas asperezas entre los jugadores y los dirigentes. Luego se fueron subsanando todos los problemas que había y se comenzó a crear el Boca que todos conocen”.

El 9 de julio de 1997 dio comienzo el canto del cisne de El Diego en los terrenos de juego. De  regreso después de prácticamente un año ausente y entrenado por Ben Jonhson, Maradona decidió acabar su carrera en casa. Sin embargo, como canta Joaquín Sabina, al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver. Todo fue muy complicado. Y es que entre el nuevo debut frente a Newells Old Boys y su último partido apenas había tenido la oportunidad de estar 620 minutos sobre el césped distribuidos en nueve partidos. Por el contrario, el momento del club era “muy bueno. Habíamos comenzado siempre en los primeros lugares”, recapitula Fabbri. A punto de cumplir los 37 años, Maradona había venido sufriendo un buen número de problemas físicos que le impedían disfrutar de continuidad. Echa la vista atrás Martín Palermo, titular en el choque con Boca Juniors y autor del tanto que dio la victoria a los suyos en la segunda mitad: “A él le costaba mucho. La exigencia de los entrenamientos. No era la primera vez que había tenido una lesión y la posibilidad de poder jugar no era continua. Eso le hacía frustrarse un poco en esa última etapa y uno ya veía que no podía exigirse tanto en cada partido debido a esa situación. Las lesiones le llevaban a estar poco en la cancha”. De hecho, hacia un mes que Diego Maradona no jugaba debido a una lesión en su aductor izquierdo. Toda Argentina estaba pendiente del control antidoping positivo en el partido disputado ante Argentinos Juniors el 29 de septiembre (victoria 4-2) y su suspensión provisional por el Tribunal de Disciplina de la AFA. Sin embargo, el juez Claudio Bonadío dejó sin efecto esta suspensión y permitió que el ’10’ jugara si estaba en condiciones.

Si hay un choque de tradición mundial y con historias que contar, ese es un River-Boca. Cristian Traverso, zaguero que por aquel entonces defendía los colores del cuadro bostero y compareció en el terreno de juego en la segunda mitad, apunta que “los Clásicos son especiales y haber jugado muchos es una experiencia única y maravillosa, en especial en esos tiempos. Simplemente una sensación única, inexplicable e imposible de describir. Hay que vivirlo para tener dimensión de tal acontecimiento”. De cualquier modo, el de San Martín también tiene tiempo para lanzar un dardo al gran rival y espetar que “para los jugadores de Boca jugar de visitantes no es tan especial como hacerlo de local. El ambiente es muy lindo, pero al estar las tribunas más lejos del campo de juego se siente menos. De cualquier modo, también es lindo jugar con el estadio lleno de visitante”.

Apenas diez segundos. Esto es lo que tardó el de Villa Fiorito en tocar el primer balón. Curiosamente, con la derecha. Convertido en una sombra de la estrella que iluminó a toda una generación, Maradona pasó como un fantasma por el terreno de juego durante 45 minutos en los que falló varios pases, perdió cuatro balones y ni siquiera logró crear peligro en un saque de falta que lanzó desviado. Con 1-0 para los locales se llegó al descanso. Y fue precisamente en ese vestuario del Monumental de donde Maradona ya no salió para disputar la segunda mitad. Fabbri retrocede en el tiempo para reconocer que “no sabíamos que se iba a retirar. Fue un cambio más en el entretiempo porque no se sentía bien. Sin embargo, en esos momentos nunca pensamos que ese sería el último partido de Diego Maradona como profesional. Nosotros en ese sentido no notamos ninguna diferencia con respecto a otros partidos”

 

“No se qué le pasó por la cabeza a Diego para decir ‘no va más’. Nunca lo hemos charlado después”, reconoce Néstor Fabbri

 

En lugar del que fuera estrella del Mundial de 1986 saltó un por aquel entonces imberbe talento llamado Juan Román Riquelme, del que el central destaca que “cada jugador es un mundo, pero Juan Román Riquelme tenía destellos de crack. Ya en los entrenamientos, cuando vino con 18 años a formar parte del plantel veíamos que era un jugador que iba a llegar muy lejos”. Junto al de San Fernando también compareció en el césped Claudio Paul Caniggia, que algo más de un año antes había dejado junto a Maradona una imagen para el recuerdo en otro Clásico. Fue el disputado el 14 de julio de 1996 en La Bombonera y que terminó con 4-1 para los locales. Después de trenzar una jugada de tiralíneas que terminó con Basualdo abriendo el marcador, el Pájaro y el ’10’ se dieron un pico en la boca que dio la vuelta al mundo. El Gráfico tituló la instantánea como ‘El beso del alma’. “Lo quiero como un hermano. Desde que lo vi sentí la necesidad de protegerlo (…) Él me reemplazó en el corazón de la gente”. Así definía Maradona a Caniggia en su biografía Yo soy el Diego. Fue precisamente con el fibroso delantero de melena rubia y Riquelme en el campo cuando se le dio la vuelta a un partido que parecía perdido. El juego de Boca dio un giro radical sin Maradona en el campo. Sintomático. ¿Determinante? “Con las modificaciones que hubo pudimos empatar el partido con el primer gol de Toresani. Ya después el segundo me tocó hacerlo a mí y pudimos hacer la diferencia en el segundo tiempo”, rememora el ‘Loco’ Palermo, jugador xeneize que más goles ha marcado a River Plate (18) y esa tarde dio comienzo a su cuenta poniendo el 1-2 definitivo. Y llegó la explosión. Genio y figura, Diego Maradona se marchó del estadio con una serie de gestos a la afición local. Ya en el vestuario, el centrocampista dejó una de sus frases más recordadas: “Boca jugó a lo Boca y River jugó a lo River. Ellos hicieron un gran primer tiempo pero en el segundo se les cayó la bombacha”. De hecho, nada hacía presagiar su decisión, como confiesa Fabbri: “No noté nada extraño. Fue un partido más. Lo celebramos con mucha alegría porque salimos victoriosos, pero no nos imaginamos que unos días después del choque nos íbamos a enterar que Diego no iba a jugar más”.

Sin embargo, cinco días más tarde y coincidiendo precisamente con su cumpleaños número 37, Diego Maradona anunciaba su retirada. Era la octava. La definitiva. Lo hizo reconociéndose “amargado y harto de las mentiras”. Pese al tiempo que ha pasado desde entonces, el futbolista del año en Argentina de 1987 y subcampeón del Mundo en 1990 admite que “no se qué le pasó por la cabeza a Diego para decir ‘no va más’. Nunca lo hemos charlado después. Eso queda solamente su cabeza. Fue una decisión de Diego para dentro, con su familia y para nosotros fue un golpe duro”.

Maradona cerró su segundo periplo en Boca Juniors sin ningún título. Sin embargo, su etapa sirvió de punto de partida para un exitoso ciclo del Azul y Oro que comenzó con el Apertura de 1998 y hasta la fecha se ha traducido en once títulos de Primera División, dos Copas nacionales, dos Copas Sudamericanas, tres Recopas Sudamericanas, cuatro Copas Libertadores y dos Copas Intercontinentales. Sombra opaca de la rutilante estrella a cuyos lomos Argentina galopó hacia su segundo Mundial y el Nápoles logró los dos únicos Scudetti de su historia, el último éxito del Pibe de Oro fue el de instalar su mito y dejar la semilla de un liderazgo que germinó hasta florecer en un periodo inolvidable. “Todo se empezó a cimentar ahí. Los grandes conjuntos se comienzan a construir en la adversidad y a partir de ahí, con pequeños detalles se puede cambiar la historia de un club”, termina Fabbri. Aquellos últimos días de octubre de 1997 nos despedimos de un jugador para dar la bienvenida al mito.