Dicen de él que era un magnífico deportista, que practicaba todas las disciplinas, que tenía un gran don de gentes y que le encantaba viajar. Lo cierto es que es ser preciso en estas afirmaciones a la hora de hablar de una persona que nació hace casi 140 años se antoja, ante todo, complicado. Lo que sí es cierto es que amaba el fútbol y fundó, de su puño y letra, dos clubes: el F.C. Barcelona y el F.C. Zúrich. El primero fue el  resultado de uno de sus muchos viajes, en 1899; el segundo, por el contrario, fue en su casa, en su Suiza natal, donde el fútbol había irrumpido mucho antes que en Catalunya. Cuando Hans Gamper fundó el Zúrich, ya había otro equipo en la ciudad.

“Grasshopper y Zúrich dividen a la sociedad de la ciudad”, comenta Alain Valnegri, periodista especializado en fútbol internacional en beIN Sports y nacido en Ginebra. “Grasshopper es la parte noble de la ciudad de Zúrich, la de los banqueros y las finanzas; en cambio, la afición del Zúrich es la gente más obrera. A día de hoy, puedes ver que el Grasshopper sigue siendo el club de las familias relacionadas con las finanzas y los bancos y, en cambio, el Zúrich es el club de los hijos de los inmigrantes”. En la parte rica de Zúrich están de celebración: su eterno rival acaba de descender a segunda.

“Nadie se lo esperaba, el equipo estaba hecho para volver a la Europa League“, comenta Valnegri. El varapalo que ha supuesto el descenso del Zúrich ha sido tan duro como sorprendente. El equipo suizo disputó la fase de grupos de la segunda competición continental hace solo un año, quedando encuadrado con el Villarreal, entre otros.

La confección de la plantilla, sin grandes cambios respecto a la temporada pasada, no fue un indicador de lo que ha acabado sucediendo. “Hay problemas de gestión en el club, esto coincide con la entrada de la mujer del presidente Ganepa en la dirección del club. Se dice que en Zúrich ella ha tomado muy malas decisiones, pese a haber sido nombrada directiva y emprendedora del año varias veces en Suiza”, explica Valnegri. “Para los aficionados del Zúrich es un drama, el equipo no estaba hecho para luchar por salvarse. La hinchada se tomaba con ligereza el riesgo del descenso”, apunta.

 

En la parte rica de Zúrich están de celebración: su eterno rival acaba de descender a segunda

 

Cabral, Yapi Yapo o el ex del Sevilla Alexander Kerzhakov son varios de los jugadores con amplia experiencia europea que se han visto abocados al descenso, quedando señalados para siempre, con una mancha eterna, como los verdugos de uno de los equipos más laureados de Suiza. “La gente no lo aprecia tanto, porque el deporte más popular en Suiza es el hockey sobre hielo, pero el Zúrich llegó dos veces a las semifinales de la Copa de Europa”, recuerda Valnegri. En 1964, el Real Madrid de Alfredo Di Stéfano, Puskas y Gento les apartó de su primera final continental. Más de una década después, en 1977, fue el Liverpool quien les apeó antes de lograr la primera de sus cinco Copas de Europa.

La historia de este centenario club no acaba ahí, y es que tras su último descenso en 1989 ha logrado rehacerse y ganar tres ligas en un campeonato monopolizado por el Basilea en sus últimas ediciones. Un histórico rival. “Zúrich es la ciudad que maneja las finanzas en Suiza y Basilea la que se encarga de las farmacéuticas. Siempre hubo rivalidad entre ambas ciudades y eso se trasladó al fútbol”, explica Valnegri, quien recuerda que los Basilea-Zúrich son los partidos más violentos de Suiza por la rivalidad entre ultras, más aún que los derbis de Zúrich entre el FC y el Grasshopper.

Alain Valnegri recuerda varias veces que el equipo no estaba hecho para mantenerse. Insiste en recalcarlo, pues la sorpresa ha sido mayúscula. Ni aficionados ni gente activa del fútbol en Suiza pensaban que esto podría llegar a pasar cuando el equipo comenzó a tambalearse a mitad de temporada. Equipos como Vaduz o Lugano, con mucha menos entidad y presupuesto se veían como favoritos en una liga donde es muy complicado descender, pues solo hay una plaza para diez equipos. La clave estuvo en las últimas diez jornadas: una victoria, tres empates y siete sonrojantes derrotas, siendo seis de ellas consecutivas. Un horror.

“El equipo puso todo su empeño en la Copa, donde cuajó una gran temporada eliminando a equipos históricos como el Sion o el Young Boys”, comenta Valnegri. Y es que la temporada del Zúrich en Copa es un universo paralelo. Seis eliminatorias disputadas, las seis fuera de casa y las seis con victoria. Impoluto. Un equipo con dos caras al que se le huele un aroma a dejadez liguera que ha preocupado mucho en el seno del club.

Ya con el descenso consumado, ese Zúrich de dos caras logró ante el Lugano su noveno título de Copa. Un triunfo que no maquilla el enorme fracaso que supone el descenso de categoría de un club de tal entidad. Eso sí, gracias a este triunfo copero, los zuriqueses no abandonarán la competición europea. La Europa League será, pues, un hilo que los unirá a una grandeza perdida que desde hoy ya solo piensan en recupear.