Yo no pude ir a la boda de Jürgen Klopp. Una auténtica lástima, ciertamente, viendo las declaraciones de algunos de los invitados. “No me acuerdo. Bebí demasiada cerveza”, se excusó el mejor amigo del entrenador del Liverpool para justificar el olvido del discurso que pronunció sobre su compañero. Al final son cosas así, como olvidarse del decálogo que hace sobre ti cuando te casas, por las cuales se inventaron los colegas. Desde entonces visualicé la relación de Klopp con el consumidor de cerveza algo así como cantaban Los Planetas: “José y yo solo somos enfermos / Pero es que nunca tuve una enfermedad tan dulce / Así que, por ahora, seguiremos”, que es seguramente de lo que va la amistad.

En fin. El damnificado por la amnesia etílica de la gran noche se llama David Wagner. David es un hombre alemán, de padre norteamericano, que conoció a Klopp en Maguncia. Allí coincidieron cuatro años como futbolistas del Mainz en los noventa. Fueron compañeros de habitación todas las temporadas, y tejieron una relación que los llevó hasta que Jürgen nombrara a David padrino de su boda. Wagner acabó su carrera en 2005, momento en el que decidió ponerse a estudiar Biología en la universidad de Darmstadt. “Sinceramente, si hubiera sabido lo dura que era la carrera quizás no lo habría hecho”, bromeó al Daily Mail en una entrevista.

 

Se llevó a todo su equipo a un archipiélago de islas inhabitadas cercano a Suecia, les quitó los móviles, les dio algunas canoas y les dijo que sobrevivieran

 

A pesar de entrar en la universidad, no perdió el contacto con su íntimo amigo Jürgen. El fútbol les seguía uniendo y copaba gran parte de sus conversaciones, hasta que Klopp, no contento con la estelar actuación de Wagner en su boda, le hizo llegar una propuesta: dirigir el segundo equipo del Borussia Dortmund. David aceptó y asumió el rol en 2011, después de pasar dos temporadas vinculado al fútbol formativo del Hoffenheim. Ejerció su función en la cuenca del Ruhr hasta hace poco más de un año. Dejó el cargo, tras un óptimo trabajo, y se empezó a rumorear que sería para unirse al staff de Klopp en Liverpool. Exactamente cuatro días después, se supo su destino.

El Huddersfield inglés apostó por él como nuevo entrenador del club. Un equipo de segunda división que luchaba por escapar del descenso decidió firmar a un técnico alemán al que no conocía absolutamente nadie. Era entonces noviembre de 2015, y la llegada de Wagner se fundamentaba en dos ejes por el club. El primero, cortoplacista, evitar el descenso de categoría. David lo saldó con más de 10 puntos de distancia respecto a los damnificados. El segundo, motivo más sólido y ambicioso para su contratación, dar al alemán, avalado por su trabajo en la cantera ‘borusser’, la potestad de tomar las riendas del club en lo deportivo. “Cuando me uní al club, el presidente me hizo una pregunta: ‘¿Eres capaz de dar una identidad al club?’ Y en eso es en lo que he trabajado, dentro y fuera del campo”, describió Wagner en una entrevista en Sky Sports. En el club lo llaman la ‘Wagner Revolution’, y lo cierto es que tiene algo de esto. Los entrenamientos fueron adaptados a las horas en las que se disputan los partidos, para acostumbrar a los futbolistas, el cuerpo técnico obligó a la plantilla a no vivir más lejos de 15 millas respecto el campo de entrenamiento y desde su llegada se encargó se aplicar en sus hombres una de las principales obsesiones que comparte con Klopp, el “high pressing”. O la “identidad Terrier”, como le gusta a Wagner llamarlo ante la prensa.

Esta es la cuarta temporada consecutiva en la que el Huddersfield está en Championship. Un logro considerable para un club que, en 2003, descendió al cuarto eslabón del fútbol inglés. Actualmente es un equipo humilde en la categoría en cuanto a presupuesto, pero los ‘Terriers’ fueron en su día un club dominante en el país. En su época dorada, los años 20, ganaron hasta en tres ocasiones la First Division y una FA Cup. Desde su llegada al Championship en 2012, el Huddersfield ha tenido cinco entrenadores en cuatro años. Simon Grayson, Mark Lillis, Mark Robins y Chris Powell pasaron por ese banquillo antes que David Wagner. “En Inglaterra hay un grupo de 20 o 25 entrenadores que dirigen a la mayoría de equipos de esta categoría, van y vienen de los clubs y siempre es lo mismo. Aquí, el club quiso romper con esto e hizo una puesta valiente con Wagner”, opina Daniel Stevenato, encargado de seguir al Huddersfield para Perform Group.

 

Wagner: “Estoy orgulloso de que apoyen mis ideas, incluso cuando muchas de ellas parecen una locura. Necesitas esto cuando pretendes crear algo importante”

 

El alemán, que ya ha rechazado propuestas ambiciosas como la del Aston Villa hace unas semanas, está plenamente satisfecho en un club que le da el máximo soporte y libertad. “Estoy orgulloso de que apoyen mis ideas, incluso cuando muchas de ellas parecen una locura. Necesitas esto cuando pretendes crear algo importante”. Tampoco le falta razón a David Wagner cuando habla de sus ideas descabelladas. Este verano, de hecho, tuvo una brillante ocurrencia para ocupar la pretemporada. Se llevó a todo su equipo a un archipiélago de islas inhabitadas cercano a Suecia, les quitó los móviles, les dio algunas canoas y les dijo que sobrevivieran. La expedición duró cuatro días en los que alguien como el que escribe estas líneas habría durado probablemente medio. “Fue un viaje a lo salvaje. Ir en canoa de isla a isla, construir tiendas de campaña, buscar agua, comida, tener que pescar. No quedaba otra salida que hablar con el compañero. Y no solo de fútbol, sino de tu familia o del mundo”, argumentó el técnico en el Daily Mail.

Por cosas así, la gente de Huddersfield ha empatizado con la actitud de su nuevo entrenador. Wagner es una fotocopia de Klopp en la línea de cal. Mezcla la intensidad con la seriedad, no se está de pegarse una carrera para celebrar un gol épico con sus jugadores, ni tampoco de buscar ‘feedback’ con la afición durante los encuentros. Es un tipo que en general cae bien. Suele llevar gorra, chándal, barba con pinta de rascar y una sonrisa desencajada. Muestra una clara tendencia al aspaviento para alentar al equipo, también a la grada, y procura jugar con una ambición desmesurada, como cuando comes un kiwi muy amargo pero no te importa, porqué estamos en la vida para vivirla. Y además, ahora, las cosas le van bien.

El club se encuentra actualmente a las puertas del ascenso a la Premier. En el mismo momento en el que son el decimonoveno equipo de la liga en cuanto a valor económico de la plantilla. Los propios aficionados locales van con banderas alemanas en cada partido en un estadio que prácticamente se llena en cada fecha. Y no son pocos los fans germánicos, almas de Dios, que se desplazan a Yorkshire regularmente para contemplar el wagnerismo en su plenitud. Por el momento, al aficionado general solo le queda ser precavido e ir pidiendo en el bar. Porqué si llega el día del ansiado ascenso, y las generaciones futuras pregunten sobre la espectacular progresión del club, se deberá responder en consecuencia, como don David Wagner merece: “No me acuerdo. Bebí demasiada cerveza”.