Convertido en la mayor máquina de triturar récords y plusmarcas, es difícil imaginar a Leo Messi emocionado por ninguna efeméride. El periodismo, cada vez más apoyado en la muleta de la estadística, se ve desbordado como si fuera un central con cintura de mármol: cada gol, cada partido, cada semana hay una legión de documentalistas corriendo detrás de la Pulga. Los medios se afanan en parametrizar una carrera sin terminar de resignarse a lo evidente: que quizá sea demasiado pronto, y el pequeño demasiado grande, para encontrarle parangón a su genio. Cuando se retire, las teles no sólo podrán compilar vídeos de varias horas con sus goles; los diarios deberían sacar cuadernillos especiales con la enorme cantidad de registros superados. Una estadística de la estadística, a medio camino entre el peritaje definitivo de su talento futbolístico y una metáfora del periodismo deportivo con el que le ha tocado convivir. Messi en tiempos del Big data.

Semejante marejada de guarismos y ratios arrastra hoy hasta la orilla una fecha redonda: 10 años desde el primer gol de Leo como profesional. Ya sabemos que el fútbol envejece rápido. En eso, las carreras futboleras parecen vidas de perro pero a la inversa: en una temporada balompédica se condensan vivencias de siete años humanos. O quizá más, depende del humano; hay vidas enteras que no darían ni para un stage de pretemporada en la Manga del Mar Menor. Alrededor del balón caduca todo tan rápido que, al volver la vista atrás, nos invade un cierto vértigo: las camisetas, el look de los protagonistas, incluso las propias imágenes televisivas de aquella vaselina ante el Albacete, parecen ya prematuramente vintage.

La cosa es que el portero de aquella noche recibe cada tanto una llamada en su móvil para recordarle dónde estaba el 1 de mayo de 2005. Una década y 402 goles después, Messi sigue en el mismo sitio, pero Raúl Valbuena -hoy entrenador del cadete del Real Zaragoza- quiere escapar a su papel de secundario en el libreto de una de las mayores figuras del deporte mundial. “Una anécdota curiosa, sinceramente. Cosas que pasan a lo largo de una carrera. Que yo fuera el primero fue cosa del destino…”, explica a Mundo Deportivo. Qué diferencia con Zaluar Torres: lejos de rehuir su tangencial contribución al levantamiento de otro mito, aquel modesto arquero brasileño se pegó el resto de su vida reivindicándolo. Como no llegó a conocer el Big data ni el desproporcionado peso mediático del fútbol actual, Zaluar recurrió a medios más caseros para que su minuto de gloria no cayera en el olvido.

zaluarCada 7 de septiembre Brasil conmemora el grito de Ipiranga (“Independência ou Morte!), con el que en 1822 certificó su emancipación de la metrópoli portuguesa. En esa fecha de 1956, y a pocos kilómetros del lugar en que se produjo tan histórico berrido, se produciría otro igualmente simbólico: Pelé gritó gol por primera vez en su carrera. Ajeno a su encuentro con la historia, el rechoncho Zaluar acudió esa tarde con el resto de sus compañeros del Corinthians de Santo André a la disputa de un festivo amistoso con el Santos. Después de presenciar la primera parte como suplente, saltó al terreno de juego cuando en el marcador ya lucía un 0-5. En el minuto 34, un jovencísimo rival agarró el balón en el centro del campo, dribló a un defensa en plena galopada, se presentó en el área de Zaluar y le filtró la pelota entre las piernas. Pelé, a sus quince años, acababa de gritar gol por primera vez en su carrera. Le seguirían, según la historiografía oficial, otras 1283 celebraciones.

Con el transcurrir de los años, la mente de Zaluar fue agrandando su participación en la génesis de un icono. Siempre que acudía a un partido de veteranos lucía una camiseta personalizada con el lema ‘Goleiro Rei Pelé 0001’. El mismo concepto adornaba las tarjetas de visita que repartía a la menor ocasión: “Zaluar Torres Rodrigues, goleiro do primeiro gol de Pelé. 07/09/1956”. Apenas una anécdota a pie de página para ese relato de fútbol y marketing que fue Pelé, aquel tanto se convirtió en el gran orgullo de la existencia de Zaluar. Valbuena parece menos impresionado por su cameo en el primer grito de Messi… Aunque, previsor, cuenta con un as en su manga: después de encajar aquella vaselina a las 20:46 del primero de mayo de 2005, el guardameta del Albacete se agachó, agarró el balón y se lo llevó a casa. Allí sigue.