En una humilde casa del Véneto, concretamente en Sarmede, un pequeño pueblo de apenas 3000 habitantes, Bruna dio luz al pequeño ‘Giovannino’. Era 1956 e Italia, en pleno desarrollo social y económico, vivía tiempos difíciles. Más para una familia humilde como los De Biasi, que subsistían gracias a un almacén de ramos en el centro de Sarmede. La abuela, los padres, dos tías y los dos hermanos menores de Giovanni vivían en un piso encima del almacén. El pequeño Giovanni pasó su infancia rodeado de naturaleza, jugando con su hermano Max, y aún hoy recuerda como el profesor de su escuela, un ex-francotirador, le hizo aprender el himno nacional o el Va, pensiero –una ópera de Verdi que los italianos adoptaron como oda a la unidad y las libertades del pueblo-. Giovanni De Biasi creció en una periodo en el que la economía del país iba en aumento, en lo que los historiadores acabaron denominando Il Miracolo Económico. Italia pasó de país agrícola a una potencia industrial.

Sarmede está a menos de 40 kilómetros de Treviso y en el club de dicha ciudad Giovanni empezó su carrera como futbolista. Fueron 15 años en diversos clubes italianos, pero el mayor de los De Biasi nunca destacó sobre el terreno de juego. En 1990 decidió colgar las botas y empezar su aventura como técnico. Tras 23 años en los banquillos De Biasi puede presumir de ser un entrenador tocado por una varita pues ha cosechado más éxitos que sinsabores en el futbol transalpino. En lo más alto de su curriculum siempre estará el doble ascenso consecutivo con el Modena, al que llevo de Serie C a Serie A, lugar que no pisaba desde hacía 38 años. Pero no solo en el norte de Bologna es aclamado, en Torino De Biasi encontró su club fetiche. Un ascenso a Serie A y dos salvaciones milagrosas han escrito una historia mágica entre el ‘Toro’ y Giovanni. Tras casi toda una vida en Italia, con tan solo un corto éxodo a los mandos del Levante, De Biasi afrontó en diciembre de 2011 un reto distinto en su carrera. Aceptó tomar las riendas del combinado nacional de Albania por dos años, con el Mundial de Brasil 2014 en el horizonte.

RECUPERADOS POR LA CAUSA

El reto era complicado y los precedentes nada halagüeños. La última referencia era el grupo de clasificación hacía la Euro de 2012, donde el combinado del Adriático solo fue capaz de quedar por delante de Luxemburgo consumando una fase clasificatoria desastrosa.

albaniaDe Biasi se puso pronto manos a la obra y su figura fue clave para que jugadores importantes como Mërgim Mavraj o Edgar Çani, que habían renunciado a ir a la selección, aceptasen la llamada del nuevo seleccionador. La capacidad de persuasión de Giovanni también consiguió que Migjien Basha, internacional por Suiza en categorías inferiores pero albanés de nacimiento, decidiese alinearse con los rojos y negros.

En un combinado en el que no destaca ningún gran nombre y donde muchos de los internacionales juegan en ligas secundarias o en divisiones menores De Biasi ha conseguido crear un equipo competitivo que se la jugará en tres días con dos partidos fuera de casa. Capaz de ganar en Oslo y de conseguir victorias ante Eslovenia o Chipre, el equipo de las águilas ha despertado la ilusión en un pueblo que nunca ha vivido una alegría futbolística y que ve como su equipo puede defender el segundo puesto del grupo que otorga una plaza para la repesca mundialista. De los 6000 aficionados que acudieron al debut oficial del seleccionador ante Chipre a los 15000 que animaron al equipo en el empate ante Noruega han pasado nueve meses, muchas horas de dedicación y una dosis de milagro De Biasi.