La repesca no es un hecho insólito para Portugal. Más bien se ha convertido en un episodio al que la selección lusa parece haberse acostumbrado. Cristiano Ronaldo jugará este viernes otra repesca -y ya van tres- como santo y seña de la selección portuguesa. Sellar la participación en el Mundial de Brasil se ha convertido en algo esencial. Porque no validar el billete mundialista podría acarrear una hipoteca de hasta dos años. El Balón de Oro del presente curso pero también el del año siguiente dependen en buena parte de la eliminatoria ante Suecia.

Cristiano ya ha recordado en reiteradas ocasiones que los premios individuales no son su principal preocupación. Pero por dentro la ambición que le ha llevado a ser quien es, con la dosis de egoísmo y avaricia que se le pide a un delantero de sus características, no es tan fácil de disimular. El portugués ha quedado en cuatro ocasiones en segundo lugar en la lucha por ser nombrado el mejor jugador del mundo. Y, lejos de conformarse, se ha cargado de razones -sus números mejoran temporada tras temporada- para intentar volver a ocupar el primer puesto.

En este contexto y con Messi esta vez algo rezagado en la lucha por el galardón más glamuroso del fútbol, en la pugna final por la estatuilla dorada se han quedado solos Cristiano y Ribéry. Ambos disputarán, este viernes, el primer partido de la repesca para el Mundial. Y lo harán sabiendo que el que no tenga presencia en la máxima cita deportiva del próximo año perderá mucha ventaja respecto a su rival.

El gol como estado de ánimo

La delicada situación que vive Portugal como colectivo contrasta con el gran momento que atraviesa Cristiano Ronaldo como goleador. Ha firmado el mejor arranque de la temporada y lidera un Real Madrid cuya mejor arma sigue siendo una pegada brutal. El ‘7’ madridista suma ya 16 goles en Liga y 8 en la Champions. Desmenuzar estas cifras intimida aún más: en lo que va de curso se ha adjudicado cuatro ‘hat-tricks’ y cinco dobletes.

Pero por si acaso todo esto no es suficiente para recibir el deseado galardón, aun puede Cristiano dar un golpe sobre la mesa. Para empezar, ganando el duelo a vida o muerte a Ibrahimovic, otro titán del área en estado de gracia. El sueco es el segundo máximo goleador de la Liga de Campeones, sólo por detrás del que puede ser este viernes su verdugo. Dejando a un lado todas estas premisas, que no son más que suposiciones frente a la siempre imprevisible FIFA de Joseph Blatter, ¿qué sería de un Mundial sin uno de los mejores jugadores del mundo? Aunque claro, casi sin poder evitarlo, uno acaba destapando de nuevo el eterno debate, que empieza justo donde acaba este artículo. Si Messi ha ganado cuatro Balones de Oro con méritos discretos en la selección…