Sólo ha habido dos porteros de Costa Rica en la historia de la Liga. Luis Gabelo Conejo y Keylor Navas. A ambos les separan 26 años pero les une una misma trayectoria. De hecho, uno parece empeñado en continuar la senda que dejó el primero y ensanchar así su historia, la de un país y un sueño mundialista. Para asegurarse de ello, el destino juntó hace tiempo a los dos personajes de la trama, cuando uno tenía 14 años y el otro estaba alrededor de la cuarentena. Uno se moría de ganas de aprender a ser portero y otro se había convertido en un referente del futbol costarricense gracias a un Mundial y el Albacete.

Cuando Conejo y Navas se conocieron todo costarricense aun retenía en su retina el Mundial de Italia del 1990. El país centroamericano se presentó como debutante a la cita, consciente que era el mejor candidato para abandonar el certamen sin apenas deshacer las maletas. Encuadrado en el grupo de Brasil, Escocia y Suecia, Costa Rica jugó con lo puesto y resultó ser una de las revelaciones del torneo gracias, entre otras cosas, a la gran actuación de su portero. Conejo tuvo una brillante carta de presentación al mundo y la usó para aterrizar en la liga española. Una de las mejores generaciones del Albacete a las órdenes de Benito Floro le esperaba para hacer realidad el ascenso a Primera División. Años después, cuando por fin conoció al pequeño e ilusionado Navas en las categorías inferiores de la selección de Costa Rica, Conejo –entrenador de porteros– debió explicarle lo bien que le trataron en tierras manchegas. Quizá también llegó a contarle que encajó siete goles en su visita al Camp Nou en una noche en la que Stoichkov no tuvo piedad de él.

navasKeylor Navas no dudó en seguir sus pasos, así que después de despuntar en el Saprissa de su país natal tuvo claro cuál sería el siguiente paso que debía dar, el Albacete. Nada pudo evitar el descenso del ‘Alba’ la temporada 2010-11, pero precisamente esto fue lo que dio la opción a Navas de marchar cedido al Levante, donde pudieron conocer la naturaleza de un guardameta que siempre llamó la atención por su fortaleza espiritual. Vivió a la sombra de Gustavo Munua durante todo un año y trabajó para esperar su oportunidad. En su soledad recurrió a Dios, figura que le ayudó a afrontar una situación difícil, como tantas otras se habría encontrado antes. La práctica religiosa es esencial en la vida del costarricense y el fútbol no le ha apartado nunca de su convicción, sino que le ha ayudado a creer. Por eso se arrodilla antes de todos los partidos sobre la línea de meta y abre los brazos para rezar segundos antes de que empiece el encuentro. Lo ha hecho siempre y lo hará en cada uno de los partidos que dispute deseando que aparezca un ángel en cada uno de los postes que defiende.

Como si se tratara de una broma de mal gusto, empezó la vigente temporada encajando siete goles en el Camp Nou, igual que años atrás había hecho Conejo, convertido en el máximo defensor de esta joya que él mismo ha ido puliendo con los años. En el partido siguiente ya dejó la portería a cero y desde entonces no ha hecho más que dar puntos al conjunto granota. La tenacidad está recompensando a Navas con un año inmejorable. Los números dicen que es el mejor portero de la Liga, situado al nivel de Courtois y Valdés y su futuro apunta a los grandes de la Liga, incluso de Europa. No en vano, el arquero percibe actualmente uno de los salarios más bajos de su plantilla y la cláusula de recisión está alrededor de los 10 millones de euros.

Tras su andadura en el Albacete, Conejo volvió a poner rumbo a Costa Rica, pero la carrera de Navas apunta mucho más alto que la de su maestro. Su nombre empieza a aparecer en todas las quinielas de aquellos que buscan un portero con garantías y a la vuelta de la esquina está el Mundial de Brasil, en el que el país centroamericano participará ocho años después. Hace 24 años y en un escenario parecido Gabelo Conejo escribió el nombre del país caribeño en la historia de los mundiales. Keylor Navas intentará repetirlo este verano.