El Cagliari es, a todas luces, el equipo nómada de la Serie A italiana. Salpicado por infinidad de escándalos, sus aficionados ya no saben qué hacer para disfrutar de una típica jornada futbolera como locales.

Corría el año 1970 cuando el Cagliari disfrutaba de la mejor temporada de su historia. El equipo levantaba su primer y único Scudetto, Gigi Riva era el máximo goleador de la liga y muchos de sus jugadores eran convocados con la Azzurra para disputar el Mundial 1970, donde la selección de Italia accedió a la gran final. Para rematar el júbilo sardo, la isla de Cerdeña inauguraba el nuevo y esplendoroso campo de Sant’Elia.

Orgullosos de su nuevo estadio, los aficionados del Cagliari disfrutaban de una moderna arquitectura que albergaba todo tipo de deportes y tenía una capacidad de 70.000 espectadores. La preciosa isla de Cerdeña ya disponía del colofón deportivo que le faltaba a una tierra llena de atributos. En medio de esa euforia futbolística, pocos auguraban que 43 años después se verían sin un campo en condiciones donde disputar sus partidos.

Y es que tan sólo 20 años después de su inauguración, fue imprescindible remodelar las instalaciones del Sant’Elia. Las estructuras del estimado campo empezaban a ceder por el peso de los aficionados y el campo se sometió a una obligada renovación para albergar en 1990 el Mundial de Italia. Los años seguían pasando y la arquitectura del Sant’Elia cada vez quedaba más desfasada respecto al resto de estadios de la Serie A. Tanto, que se ponía en peligro la integridad física de quienes ocupaban las gradas. Diez años más tarde el simbólico campo fue cerrado por poner en peligro la seguridad pública.

Un club nómada

Desde entonces hasta el día de hoy, el Cagliari ha sido un club nómada. La clausura del Sant’Elia forzó al equipo a disputar partidos lejos de la ciudad italiana, e incluso en numerosas ocasiones tuvieron que jugar fuera de la isla. Para los aficionados era toda una odisea llegar a animar a su equipo. En los anales del club quedará grabada la imagen que una tarde protagonizó el conjunto sardo jugando en el estadio Nereo Rocco de Trieste, a mil kilómetros de su antiguo campo. La escasa asistencia al partido hizo parecer que ese partido, contra el Nápoles, se jugaba a puerta cerrada. Cosas del destino, el Cagliari ha visto como esto ha acabado siendo una realidad.

Al contrario de lo que podría suponer para los jugadores sardos jugar sin afición, el campo a puerta cerrada ha servido como talismán

Ante el enfado de la afición sarda, el presidente del club, Massimo Cellino, aseguraba que estaba en marcha la construcción de un nuevo estadio. Éste iba a alzarse en el mismo sitio donde hasta entonces se situaba el viejo Sant’Elia. Por motivos que se desconocen, desde el año 2007 hasta hoy, dicha construcción no se ha iniciado.

Cansados los jugadores y aún más los aficionados de deambular por los campos de toda la península itálica, se encontró una acelerada solución en la misma Cerdeña. Massimo Cellino decidió que el Is Arenas -situado cerca del antiguo estadio, en la localidad de Quartu Sant’Elena– sería la nueva casa del Cagliari a partir del 1 de abril de 2012, hace ya un año. Pero cuando parecía que se apaciguaban los problemas del club, llegaron de nuevos, mucho más graves.

Is Arenas

La realidad es que el Is Arenas nunca complació a los seguidores del club como lo hizo en su día el Sant’Elia. Un estadio que en un principio no cuenta ni con gradas para los aficionados no puede caer en gracia a socios que llevan años persiguiendo su equipo por toda Italia. La construcción de un graderío con capacidad para albergar a poco más de 12.000 aficionados presentaba un alivio para quienes deseaban sentirse como en casa viendo al Cagliari. Pero de nuevo, los movimientos de Massimo Cellino se demostraron equivocados.

Varios actores se opusieron a que en el Is Arena se jugaran partidos de fútbol. En primer lugar, la organización medioambiental WWF de Cerdeña advirtió al alcalde de Quartu del peligro que suponía el complejo para la fauna selvática del cercano Parque Natural de Molentargius. En segundo lugar, la policía indicó que la aglomeración de personas en ese punto de la ciudad no era segura. Por todo esto, la Comisión Provincial de Vigilancia indicó que el partido que debían disputar ese mismo fin de semana el Cagliari y la Roma se jugaría a puerta cerrada.

Para no perder la costumbre, el Cagliari se muda. A partir de la próxima semana, los Rossoblu jugarán como locales en el Nereo Rocco de Trieste

Con ánimo de establecer un acercamiento con los aficionados sardos, Celino incitó a ignorar dicha imposición y pidió a la hinchada local que acudiera al estadio para animar al equipo. Sabiendo que esto podía significar daños en la seguridad de quienes ocuparan las gradas, el partido nunca se llegó a jugar y la Roma ganó los tres puntos en los despachos.

El verdadero problema

Ya hacía tiempo que la Federación Italiana se preguntaba cuál era el origen de los repetidos problemas que tenía el Cagliari por asentarse definitivamente en un estadio en condiciones. Las respuestas llegaron este mismo mes de febrero. La Guardia Forestal Italiana arrestó al presidente Massimo Cellino, al alcalde de Quartu, Mauro Contini y al asesor de obras públicas, Stefani Lilliu. ¿El motivo? La malversación de fondos destinados a la construcción del nuevo estadio.

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El caso Is Arenas ha provocado que en las últimas jornadas de la vigente competición liguera el Cagliari vuelva a disputar los partidos a puerta cerrada. El estadio sigue sin estar preparado para acoger a aficionados. La curiosa imagen que ofrece el campo cuando el equipo juega como local es el reflejo de más de diez años de mala gestión y engaños a los seguidores del club. Cada dos semanas, las gradas completamente vacías del Is Arenas observan silenciosas el partido y un centenar de cabezas se asoman por los alrededores de la cancha intentando ver alguna acción de juego.

Efecto talismán

Pero al contrario de lo que podría suponer para los jugadores sardos jugar sin afición, el campo a puerta cerrada está siendo un talismán para el Cagliari. Un empate con el Milan, y las victorias frente al Torino, la Sampdoria y la Fiorentina son el resultado de la buena racha que ha propiciado un estadio totalmente vacío. Mientras los jugadores se reivindican a base de resultados, la afición sigue reclamando un estadio propio. Y en la sombra de los goles, sigue imputado un presidente presuntamente corrupto.

Durante esta última semana, una nueva noticia. Para no perder la costumbre, el Cagliari se muda. Los aficionados sardos podrán ver en vivo los partidos que restan de temporada en el Nereo Rocco de Trieste, como ya ocurriera la temporada pasada y en donde, curiosamente, la Juventus cantó su último alirón. Vivir con una mochila a cuestas se ha convertido en rutina para la afición ‘rossoblu’.