Todo pensamiento, al convertirse en una decisión, tiene consecuencias. La premeditación ha llevado la firma de Peter Lim en la polémica destitución de Marcelino García Toral. No lo quería en su banquillo. En ese donde él sí que colocó a Pako Ayestarán, Gary Neville o Cesare Prandelli. Todos ellos, bajo el aprobado de su fiel amigo Jorge Mendes. Suena increíble, ¿verdad? Parece que en Singapur no guste que el Valencia levante algún título, después de más de una década sin hacerlo, o que se clasifique para la Champions League por segundo año consecutivo.

Cuando todo marchaba por su correcto cauce, aparece la triste tormenta.

Primero fue el fichaje frustrado de Rafinha. Tanto Marcelino como el director deportivo ‘ché’, Mateu Alemany, querían la llegada del centrocampista brasileño a la entidad valencianista. Apostaban por él, pese a su historial con las lesiones. Creían que podía apuntalar la línea de medios con mucha calidad. Sin embargo, Peter Lim es el jefe, él decide. Y en una reunión expresó que no veía con buenos ojos su fichaje; tan solo contemplaba una cesión, pero ni así. Marcelino se quedó sin un jugador que podría haber complementado a su imprescindible Dani Parejo.

Después apareció el Atlético de Madrid. El club rojiblanco quería hacerse con los servicios de Rodrigo Moreno por una cantidad cercana a los 60 millones de euros. A falta de diez días para que se cerrase el mercado, la noticia llegó al ya ex entrenador ‘ché’. Todo estaba ya muy avanzado. El propio delantero hispano-brasileño era consciente que su salida podía concretarse en cuestión de horas. La falta de liquidez en el Atlético, sin embargo, cambió el final de la historia. Tanto Rodrigo, que estaba pensando constantemente en su marcha, como Marcelino, preocupado por si su mejor baza ofensiva abandonaba la plantilla, se quedaron atónitos, pero aliviados, tras ese marcado día 2 de septiembre.

Luego fueron las ruedas de prensa. Marcelino no se ocultaba y expresaba su malestar, eso sí, con cierto punto de delicadeza en todo lo que decía. “Voy a seguir trabajando igual y siendo el mismo de siempre. Si Lim quisiera prescindir de mí, es cosa suya”. “El club me ha comunicado que no ha autorizado, ni le da el visto bueno a la incorporación de Rafinha, ni tampoco cedido. Me puedo sentir como cualquier persona a la que se le dice una cosa y luego se modifica. He respetado las decisiones de la propiedad”. “Intentamos cada día, a través del diálogo y la comunicación, buscar o recuperar el consenso para tomar decisiones respecto a la plantilla”. Estas fueron algunas de las frases que dejó Marcelino en las últimas semanas, bajo la atenta mirada de los periodistas. Siempre muy tranquilo, siempre sin una mala palabra, pero consciente de la situación extradeportiva que se estaba viviendo.

Peter Lim, conocedor de todo esto, decidió tomar la justicia por su mano. Un ‘aquí estoy yo’ en toda regla. Lo hizo con el refuerzo, uno de tantos, del joven Thierry Correia, al final del mercado. El proyecto necesitaba a un lateral derecho con experiencia, después de la baja de larga duración de Piccini, pero el dirigente asiático dijo que no. Prefirió invertir 12 millones en este jugador, con apenas cinco partidos de experiencia con el Sporting de Portugal.

De nada valen todos los méritos que ha hecho el entrenador asturiano al frente del Valencia. De nada sirve esa Copa del Rey levantada aquel 25 de mayo contra todo un Barça, con Leo Messi como referente. Tampoco esas dos clasificaciones consecutivas a la máxima competición continental. Antes de la llegada de Marcelino a la entidad ‘ché’, Mestalla no escuchaba el himno de la Champions. Solo silbidos, pañoladas o cánticos en contra del máximo accionista.

Cuando el mandatario, inversor y empresario asiático se dé cuenta de que en Valencia primero va el fútbol y después los negocios, quizás todo cambie radicalmente. Sin embargo, de momento habrá que seguir esperando. Lim y sus más allegados creen que el club ‘ché’ tan solo es como una sociedad más, donde la afición no importa. El valencianismo está en un segundo plano. Y lo peor no es esto, es la ilusión de toda una hinchada siempre exigente, que lo único que quiere es ver a su equipo triunfar como antaño.

Por esto y por muchas cosas más, tranquilo ‘Marce’. Te vas con la cabeza bien alta, después de todos los éxitos deportivos que has logrado en la capital del Turia.