Don Anselmo lleva boina, un polar oscuro que tiene toda la pinta de haber sobrevivido ya a muchos inviernos y un pin del escudo de su equipo clavado en el pecho. La insignia ha perdido brillo con el paso de los años pero mantiene intacta su inscripción: “Unió Esportiva Cornellà” . El anciano no logra recordar desde cuando la tiene, pero sí rememora con precisión el día que se la puso por última vez. Fue hace pocos meses, cuando el conjunto de su ciudad consumó su retorno a Segunda B. Hoy tenía motivos de sobra para volverla a sacar del cajón. El plantel verde recibe la visita del todopoderoso Real Madrid, en un partido de Copa del Rey que se jugará, para permitir el acceso a más gente, en el campo del vecino, el Espanyol. Don Anselmo verá el partido con su cuadrilla en el bar. Suele acercarse al terreno de juego para ver a los suyos, pero sus piernas no resistirían a la vastedad del Power8 Stadium. “Prefiero que lo disfruten los más jóvenes”.

En cada palmo de calle de Cornellà de Llobregat se palpa la emoción. No hay coro de personas reunidas en las plazas cuyo tema de conversación no acabe desembocando en el gran evento deportivo de esta tarde. Todo parece reducirse a lo mismo. Unos niños marroquíes se pasan el balón en un parque del barrio de San Ildefonso, cuando un coche que está parado en la esquina de enfrente baja la ventanilla y les pide indicaciones para llegar al estadio. Mientras uno trata buenamente de explicarse, el resto salta enloquecido a sus espaldas lanzando gritos. “¡Hala Madrid! ¡Hala Madrid!” Hoy hay pastel para todos. Para los de un bando y para los del otro. El mono-tema del enfrentamiento copero ya no cesará hasta que se levante un nuevo día en esta población situada en la periferia barcelonesa.

Hoy hay pastel para todos. Para los de un bando y para los del otro. El mono-tema del enfrentamiento copero ya no cesará hasta que se levante un nuevo día en esta población situada en la periferia barcelonesa

A todo esto, las agujas del reloj circulan rápido y los jugadores titulares del Cornellà y del Madrid ya están dispuestos sobre el césped, esperando el pitido inicial del colegiado. Tanto en los aledaños del recinto como en las gradas del mismo se ve un número mayor de camisetas blancas. Sin embargo, las más estruendosas son las verdes. Se hacen notar con ímpetu. Pese a haber sido reemplazados de hábitat, los cornellenses dan la sensación de sentirse más locales que nunca. Su equipo agradece el empujón anímico y empieza el enfrentamiento en tromba, con las uñas por delante e incluso probando el disparo. Sin embargo, son los pupilos de Ancelotti quienes golpean primero. Un gigante basta que sople levemente para que consiga desequilibrar al contrario. Varane, tras un salto elegante, marca a la salida de un córner y pone freno a la euforia de Goliat.

BLANCOS, TAMBIÉN

El gol del francés es celebrado por muchos, y es que el duelo de hoy no solo se presenta en forma de maravilloso regalo para los seguidores al fútbol regional, sino también para todos aquellos madridistas de Catalunya que pueden prescindir por un día de la tele para poder alentar a sus ídolos. En el Power8 los hay de muchas ciudades de la zona, incluida Cornellà, cuya historia permanece muy atada a la de España en su conjunto. Muchos de los habitantes que residen actualmente en ella son descendientes de españoles de otras comunidades del estado que a mitad del siglo XX se instalaron en el noroeste de la península en busca de una oportunidad mejor. Sin ir más lejos, Cornellà presumió en su día de tener a un alcalde que no había nacido en suelo catalán y que acabaría como Presidente de la Generalitat. José Montilla, natural de Córdoba, gestionó su ayuntamiento durante 19 años consecutivos. Extremeños, en este caso, eran los abuelos del grupo Estopa, otro de los grandes patrimonios culturales que esta pequeña y tradicionalmente obrera urbanización ha aportado al mundo. Quizás ahí tengamos algunas pistas para comprender por qué su consistorio es de los pocos que se opone a la consulta soberanista del 9N o que se escuche en sus barrios con más frecuencia el habla castellana que, por ejemplo, en algunas partes de la Ciudad Condal.

Bien sabe de lo que hablo Amalio, propietario de la Peña Madridista de San Ildefonso. Sacando pecho y bien equipado con la camiseta ‘merengue’ –“me la he puesto solo al levantarme”-, nos atiende desde el otro costado de la barra del bar de su recinto, al que todos conocen como La Esquinita del Bernabéu. “Somos la única peña del club que hay en Cornellà. Antes había una pequeñita por ahí en la Fontsanta, pero creo que ya la cerraron. En la página web del Real Madrid solo salimos nosotros”, espeta con orgullo. El local tiene dos salones con pantalla y un montón de mesas en las que jugar a las cartas y al dominó para así matar las horas previas a los partidos. Cuando es preguntado por el número de aficionados madridistas que tiene la ciudad, Amalio responde como si los tuviera contados uno a uno: “los culés aún nos superan, pero somos más que los pericos. Eso te lo digo yo”.

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Mientras tanto, llegan novedades desde el Power 8. Óscar Muñóz, el ariete del equipo de Jordi Roger que en las vísperas del encuentro había asegurado a los medios que dudaba de si podría incluso llegar a pisar el área rival, se lleva un balón resbaladizo, deja atrás a los dos centrales y la pega con toda su ilusión ante Keylor Navas. Con el tanto del empate, estallan de nuevo los cánticos de la gente. Hay partido. Incluso en la zona de prensa del recinto muchos han dejado por un momento de teclear y aplauden la resistencia del modesto. Cornellà es una olla a presión que cree en el milagro. Y lo será durante un buen rato, hasta que de nuevo Varane, al final del primer tiempo, vuelva a poner las cosas en su sitio.

“El Cornellà tiene una cuenta pendiente con su primer equipo. Ojalá se aproveche el buen momento y que la entidad se asome al lugar que le corresponde”, comenta el exjugador Dani Solsona

El aspecto que tiene el graderío es inmejorable. Horas antes del inicio del duelo, el club vendedor de las localidades hacía oficial que, ante la gran demanda de entradas, iban a abrir el anillo superior del estadio, algo que no suele pasar en los fines de semana en los que juega el Espanyol. Cuando la entidad de Sánchez Llibre llegó a la región, ahora hace tres años, lo hizo con el reto de atraer hacia su institución a parte de la población local. Dani Solsona, residente en Cornellà de toda la vida y mito en su día del equipo blanquiazul, confirma aun así el bajón de abonados con el tiempo: “durante el año de inauguración del campo, el número de socios subió exponencialmente. Mucha gente de los barrios cercanos aprovechó la ocasión para sacar un pase y así poder ver fútbol de Primera. Pero ahora la expectación se ha deshinchado un poco, y estamos otra vez en los números habituales”. Sin embargo, parece innegable que la llegada del club perico a la ciudad ha modificado su entorno por completo. Calles cortadas, policía por todas partes, aglomeración en las bocas del metro cada quince días… 25.000 personas no pueden pasar desapercibidas. Menos en Cornellà, una población familiar y poco acostumbrada a los ajetreos.

En el barrio de La Riera, de callejuelas estrechas y pequeños comercios, muchos se quejan del alto peaje que deben pagar al estar tan cerca del terreno de juego. El año pasado se organizaron algunas caceroladas vecinales para protestar contra el incivismo de las ‘Brigadas Balanquiazules’, grupo ultra del Espanyol, que suelen alargar la fiesta en los días de partido hasta altas horas de la madrugada. “Pese a ello, creo que la adaptación del nuevo club a la ciudad está siendo positiva. Más visitantes significa más opción de hacer caja para la gente de aquí”, resume Solsona.

Pero a estas horas todas las miradas que se dirigen al Power 8 desprenden positivismo. El conjunto verde, para el gozo de su masa social, se mantiene peleón y atrevido también en el segundo tiempo. Pero los minutos empiezan a pasar factura a las piernas de sus futbolistas; para muchos de ellos hoy no ha cambiado nada, y durante la mañana han ocupado su puesto de trabajo como hacen cada día, ese que necesitan ya que no pueden vivir solo del fútbol. En el seno del Madrid, se lleva más lo de las sesiones de relajación y masaje cuando hay enfrentamiento. La crueldad de la lógica se acaba imponiendo. Primero anota Chicharito y luego lo hace Marcelo. El electrónico señala un 1-4 que ya no cambiará hasta que el colegiado señale el camino a los vestuarios.

“La Unió Esportiva Cornellà tiene una cuenta pendiente con su primer equipo. Lleva años manteniendo una de las mejores canteras del país (en ella se han cultivado tipos como Jordi Alba o Víctor Ruíz) pera falta que eso se note también en su combinado profesional. Ojalá se aproveche el buen viento que sopla últimamente y que la entidad consiga asomarse al lugar que le corresponde por afición e historia, concluye Solsona. La marea verde que rodea el club también sueña con que esta oportunidad histórica dé sus frutos en el futuro, cuando los focos y el calor mediático vuelvan a los de siempre. Cornellà presumió en su momento de un alcalde que acabó como Molt Honorable. También lo hizo de un par de hermanos que han vendido discos de oro o de un periodista que rompe moldes, Jordi Évole. Pero estos días le toca presumir de equipo de fútbol.