“Lo que para otros son migajas para nosotros es el banquete de nuestra vida”.

Younes Mohamed, presidente del Club 
de Balonmano Ramón y Cajal ceutí, en declaraciones a Marca en 2019, cuando se estrenó la eliminatoria previa de la Copa.

 

A 90 minutos de la gloria, abanderados de la ilusión, 20 equipos del fútbol regional se medirán este miércoles a partido único en la eliminatoria previa de la Copa, persiguiendo una victoria que les permitiría enfrentarse a un club de Primera dentro de dos semanas (a excepción de los cuatro que jugarán la Supercopa (Atlético de Madrid, Real Madrid, Barcelona y Athletic Club). Son 20 clubes que buscaran ampliar su entrada en Wikipedia. O escribirla, ya que solo ocho de los 20 equipos tienen hoy entrada en Wikipedia: el Aldeano riojano, el Atarfe Industrial andaluz, el Jaraíz extremeño, el Laguna canario, el Mora castellanomanchego, el Nalón asturiano, el Unami castellanoleonés y el Club de Futbol Joventut Mollerussa catalán, que recibirá al Penya Independent ibicenco a las 20:30 en el Municipal de Mollerussa, 25 kilómetros al este de Lleida.

El Mollerussa es el único de los 20 equipos que ha pisado la Segunda B junto al Hernani, que compitió en la categoría de bronce en la 91-92 y la 92-93. El Mollerussa es el único de los 20 equipos que ha pisado la Segunda División, aunque su paso por la categoría de plata fue tan fugaz que casi ni dejó rastro: al escribir ‘Mollerussa Segunda División’ en Google solo aparecen 67 resultados, siete páginas. Solo fue un año, a finales de la década de los 80 (88-89). “El Mollerussa consiguió un hito histórico al ascender a la Segunda División. Nunca una ciudad de 8.500 habitantes había logrado que su equipo de fútbol llegara tan alto”, acentuaba el Mundo Deportivo del lunes 16 de mayo de 1988, bajo el título Mollerussa fue una fiesta, retratando un ascenso “contra toda pronóstico, con el que no pensaban ni los más hinchas seguidores del modesto conjunto leridano”. Tras ganar al Mirandés con dianas de Antonio Pantoja y Javier Horcajada, el club incluso salió en portada: “El Mollerussa ya está en Segunda”.

Nacido en 1919, y rebautizado con el nombre actual a mediados de los 50, el Mollerussa coronaba así su cima más alta, su cumbre, y ponía la guinda a una época gloriosa. Tras una vida en el fútbol territorial, la temporada 79-80 subió a Primera Catalana, la 82-83 a Preferente, y la 83-84 a Tercera División, bajo la presidencia de Joan Miró. Tres años en Tercera bastaron para dar el salto a Segunda B. Un año en Segunda B (87-88) bastó para dar el salto a Segunda, con solo un millar de socios y con la publicidad de Prefabricats Pujol que sigue luciendo en su camiseta blanca, con pantalón azul. Aquel 1988, el Mollerussa, orgulloso e inesperado protagonista de una proeza sin precedentes, fue distinguido como mejor entidad deportiva de Catalunya, aunque la categoría de plata fue demasiado para el conjunto catalán. Desde principios de temporada.

El equipo, acompañado por un bus de hinchas, se bautizó en Segunda cayendo por 2-1 ante el Eibar, que regresaba a la categoría tras tres largas décadas. Marcaron Eusebio Zabalza y José Ignacio López Rekarte, hermano de Aitor, leyenda ‘txuri-urdin‘, y Luis María, con pasado en Primera en la Real, el Barcelona y el Dépor, antes de que Joaquín García Lara maquillara el resultado, firmando el primer gol del Mollerussa en Segunda. En las once primeras fechas, el cuadro catalán apenas pudo arañar dos empates: un 2-2 con el Rayo Vallecano en la segunda jornada y un 0-0 con el Alzira en la octava, ambos en el Municipal de Mollerussa. Los dramáticos resultados provocaron el cese de Carles Viladegut, tras perder por 3-0 contra el Castilla de Vicente del Bosque, con goles de Jesús Rosagro, José María Salmerón y José Luis Caminero. Rosagro sería el tercer máximo goleador del curso, solo superado por Pepe Mel (21, Castellón) y Quique Estebaranz (23, Racing de Santander). El Zamora fue Zaki, cancerbero del Mallorca.

 

El Mollerussa es el único de los 20 equipos encuadrados en la ronda previa de la Copa que ha pisado la Segunda División, aunque su paso por la categoría de plata fue fugaz, solo pudo disfrutarla un año

 

El primer triunfo no llegó hasta la decimotercera fecha: el 30 de noviembre de 1988, en Salamanca. “¡Nunca es tarde, Mollerussa!”, decía la crónica de Mundo Deportivo, aún en blanco y negro. Jesús Orejuela avanzó al conjunto de El Helmántico, pero el equipo de Ricardo Moreno, sustituto de Viladegut en el banco, remontó con dos goles de Joseba Roteta y el citado Lara. “Ahora no podemos lanzar las campanas al vuelo. Aún con estos dos positivos, la salvación está muy cuesta arriba. Quedan 50 puntos y debemos conseguir 30 para alcanzar el objetivo”, asentía Moreno en rueda de prensa. Pero el equipo solo lograría siete puntos más. La siguiente victoria, de hecho, no se produjo hasta 1989. Hasta el 8 de enero, fecha de la decimoctava jornada: ante el Lleida (1-2), el vecino rico, y con un doblete de Leonardo Azcona, que sería el pichichi del equipo con seis tantos, justo por delante de Antonio Maya (3) y José Luis Fernández Ruiz y Lara (2). “¡Siniestro total!”, decía Mundo Deportivo, sorprendido por la derrota del Lleida, antes de reivindicar que “el Mollerussa se resiste a ‘morir'”. “El equipo urgellense le hizo un flaco favor a su ‘hermano’ ilerdense”, decía un pie de foto.

A mediados de curso, el Mollerussa apareció en Don Balón. “Mollerussa. La cenicienta de Segunda”, tituló Pedro Riaño. En un despiece afirmaba que “Mollerussa puede presumir de ser el pueblo más pequeño de España capaz de tener un equipo en Segunda. Hasta ahora a Mollerussa se la conocía por su discoteca, Big Ben. Ahora es un nombre asociado al fútbol”. Sobre esos años, el texto decía que “el club, sin apenas recursos financieros, empezó a contratar jugadores de categorías superiores, ofreciéndoles fichas modestas, pero asegurando, por otra parte, ocupaciones laborales. La mayor parte de los componentes del equipo trabajan en empresas regentadas por directivos. De ahí que no sorprenda comprobar que la plantilla está formada por camareros, albañiles, administrativos, fontaneros, etcétera”.

Riaño acentuaba que “tras el furor que supuso el ascenso a Segunda el Mollerussa es hoy un equipo en franca decadencia. Solo un milagro podrá salvar a los de Lérida del descenso”, y que la situación del equipo era “casi irreversible. Las derrotas se van acumulando, y el sueño de una noche de verano, cuando los 8.500 habitantes de la capital del Pla d’Urgell salieron a la calle para festejar el ascenso de su equipo, se ha convertido e la triste realidad de un crudo invierno”. “La Cenicienta no encontró esta vez al Príncipe azul de los triunfos”, concluía el reportaje.

El día 5 de marzo llegó el tercer y último triunfo, y el primero en Mollerussa, con un 1-0 contra el Barcelona Atlético en la vigesimocuarta jornada. Ruiz celebró el gol que ajustició al cuadro ‘culer’, en el que jugaban un Tito Vilanova de 20 años y un Albert Ferrer de 18. Tras aquella victoria, el Mollerussa despidió la liga con 12 derrotas y dos empates: contra el Castilla en Mollerussa (1-1, con gol de Azcona) y contra el Sestao en Euskadi, ya en la última fecha. Según decía la previa de Mundo Deportivo, “este encuentro significa el adiós del Mollerussa a la categoría, al que llega con solo diez puntos y el triste récord de ser el equipo que menos puntos ha hecho en toda la competición. El equipo debía llegar a los 15 puntos para evitar esa posición, pero ha quedado bastante peor. Se da la circunstancia de que el Lleida ha sido el conjunto de Primera División que menos puntos ha hecho en toda la historia de la competición [13 puntos en la 50-51, aunque volvería a jugar en Primera en la 93-94], por lo que ahora los dos equipos más fuertes de Ponent disfrutarán de ese doble farolillo rojo”. “Otros envidiarían haber llegado a jugar en estas categorías”, argumentaba el texto.

Y ese es el sentimiento que prevalece hoy en Mollerussa, tres décadas más tarde. Acompañando al Lleida, el Alzira, que también viviría su única temporada en Segunda, y el Barcelona Atlético, el Mollerussa perdió la categoría de forma incontestable, hasta el punto de que cuesta hallar números tan desoladores en la historia de Segunda (solo once puntos, solo 19 goles a favor, 0,5 por partido, y hasta 75 en contra, casi dos por partido), pero la ciudad sonríe al pensar que, por lo menos, pasó por ahí. El viaje apenas duró unos días, y acabó de forma abrupta, demasiado rápido. Pero el Mollerussa y Mollerussa conquistaron cotas inimaginables. Pisaron la luna. Y pisaron Mollerussa el Castellón y el Rayo Vallecano, campeón y subcampeón. Y el Tenerife y el Mallorca, que también ascendieron a Primera tras batir al Betis y el Espanyol en la promoción de permanencia. Y el Recreativo de Huelva, el Figueres, el Deportivo de La Coruña, la UD Las Palmas, el Xerez, el Sabadell y el Real Burgos, además de todos los mencionados.

Después de tres temporadas en Segunda B (89-90, 90-91 y 91-92), el equipo cayó a Tercera en 1992 y en 1993 enlazó un segundo descenso para volver definitivamente al balompié territorial, donde ha permanecido desde entonces. Y donde, seguramente, reside su lugar, teniendo en cuenta que Mollerussa no llega ni a los 15.000 habitantes. En el epílogo de los 90 ni siquiera llegaba a los 9.000, la mitad de Amorebieta. Aquel curso en Segunda fue, pues, mucho más de lo que podía soñar la ciudad. Apenas fue una temporada, dura, dolorosa, pero inolvidable a fin de cuentas. Una son más que ninguna. Uno es más que cero. Y la ciudad aún recuerda ese año, así como todos los nostálgicos del fútbol. Decía, en Youtube un hincha de Las Palmas: “Recuerdo aquel Mollerussa porque mi UD Las Palmas estaba en Segunda aquel año. Habiendo jugado en Primera División en 22 de los 24 años anteriores, recuerdo perfectamente lo raro que sonaba por la isla enfrentarse a aquel equipo, y la gente tomaba aquello como un ejemplo claro de que se había caído muy bajo y de nuestra debacle. Desde entonces, cada año me preocupo de cómo queda el Mollerussa en su respectiva categoría”.

Hoy el Mollerussa compite en Primera Catalana, la primera categoría regional, y este miércoles, 30 años después de participar por última vez en el torneo del KO, peleará por ganar al Penya Independent y poder revisitar y rememorar esos años en los que el balompié español descubrió su nombre y el de su pequeña ciudad.

 


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Fotografía cedida por el CF Joventut Mollerussa.