Fernando Vázquez siempre ha sido un tipo algo visceral. Bajo su menuda apariencia y sus gafitas de catedrático, se esconde un técnico de ideas firmes, intenso a pie de campo y, si la situación lo requiere, contestón con el cuadro arbitral. Ese último rasgo, durante la etapa que recién empezaba en el Celta en aquel 2004, le costó tener que seguir varios de los encuentros de su grupo desde la grada. Cuando ‘el Profe’ se pasaba de la raya y era expulsado, quién le cogía con soltura el relevo en la sala de mandos no era ningún compañero de su staff, sino uno de los jugadores de su plantel.

“Su contratación sigue la apuesta de fútbol de Luis Enrique: planteamiento atractivo para el aficionado y oportunidades a los jóvenes de la casa. Aunque ahora presionan más arriba” GUSTAVO LÓPEZ

En el ocaso de su carrera y relegado a ya no estar con frecuencia en el once inicial celeste, Eduardo Berizzo, todavía futbolista de aquel Celta, parecía buscar la manera de no sucumbir en el banquillo al frío de las gélidas noches gallegas. Y cuando el colegiado de turno invitaba cordialmente a Vázquez a iniciar su itinerario hacia el palco, el argentino veía la ocasión perfecta para sacudirse de las bajas temperaturas. Con pantalones cortos, las medias bajadas y el jersey de entrenamiento colgándole de los hombros, el central saltaba a la banda, se rodeaba la boca con las manos -para que sus gritos fueran de mayor alcance- y se ponía a espolear y a corregir a sus compañeros. “Siempre tuvo voz de líder. Se veía a venir que acabaría de míster” asegura a ‘Panenka’ Gustavo López, que compartió durante cinco años vestuario con el ‘Toto’. Esas fueron las primeras ocasiones en las que Berizzo se sintió general en Vigo.

Presentado como nuevo entrenador del Celta este verano, y con el objetivo base de mantener un año más a la institución en Primera, los inicios de su proyecto están siendo esperanzadores. Tras seis jornadas transcurridas, ya dobla en puntos a su antecesor en el cargo, que por estas mismas fechas del año pasado solo acumulaba seis puntos en el casillero. Nos sabemos de memoria ese cuento de que la liga es una carrera de fondo y que hasta junio no se pueden sacar conclusiones de ningún tipo. Pero el ‘Toto’ ha empezado fuerte. Llegó para que el adiós de Luis Enrique fuera lo menos traumático posible. Tras dos meses de aventura, ahora algunos creen que puede incluso superarle. “Todo los celtistas soñamos con algo así. La inercia del equipo está siendo espectacular pero no tenemos una bola de cristal para saber qué pasará de aquí a final de curso. La pinta que tiene, eso sí, es más que buena”, reflexiona un López al que ahora, cosas de la vida, le toca analizar las evoluciones de su compatriota des del otro costado de la trinchera, como comentarista deportivo.

DÉJÀ VU ILUSIONANTE

Si uno decidiera informarse sobre la trayectoria de Berizzo como futbolista celeste en Wikipedia, podría cometer el error de creerse que su etapa en Galicia fue un episodio oscuro y alborotador. En la enciclopedia digital se pone mucho énfasis en una pelea que tuvo lugar en el último año del central en la entidad, y que enzarzó al de Cruz Alta con Jandro, actual futbolista del Girona. Según algunos, aquel triste espectáculo precipitó la marcha de Berizzo, que colgaría las botas en 2006 tras jugar una última temporada en Cádiz. Pero Gustavo López no piensa de la misma manera. “Si Eduardo se marchó, fue porque creyó que su ciclo en el club ya había terminado, como acaba pasando con todos los profesionales. Aquella discusión nada tuvo que ver”, aclara. Lo cierto es que, especulaciones aparte, parece innegable que la relación entre el futbolista y la grada viguesa fue de lo más especial. Balaídos siempre le premió por su entrega y por un carácter muy particular que cuanto más le alejaba de las aficiones rivales más le acercaba al calor de la propia.

Su carrera nació futbolísticamente en las inferiores de Newell’s Old Boys, aunque una vez ya empezaba a afeitarse por su propia cuenta, tuvo que emigrar hasta México para probarse en la élite. Sus actuaciones con el Atlas de Guadalajara le reportaron reconocimiento, y de allí dio el salto a un equipo del que se ha escrito menos de lo que se debería. Ese River Plate que, en los pocos meses que van desde el inicio de 1996 al final de 1997, alcanzó una de las rachas de éxitos más memorables de su historia, levantando cuatro títulos de forma consecutiva. Francescoli, Ortega, Gallardo, Sorín, Salas o Crespo fueron los estandartes de aquellos logros hoy añorados en Buenos Aires. Y Berizzo consiguió destacar junto a todos ellos, lo que le condujo a saltar el charco por primera vez y recalar en el Olympique de Marsella, última estación antes de caer con las botas en Vigo.

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Berizzo en su etapa como jugador del Celta

Su currículum en los banquillos tampoco pudo ser bautizado profesionalmente en su país de origen. Entre 2007 y 2010, el ‘Toto’ se estrenó en la selección chilena ejerciendo de mano derecha de Marcelo Bielsa, quizás la mente pelotera que más le haya influido en su libreta. Y fue el mismo Chile quién después de aquello le acogió para que se hiciera valer a nivel de clubes. Durante tres años estuvo dirigiendo el cuerpo técnico del club O’Higgins, con el que logró alzarse con la liga el curso pasado. Méritos suficientes para que se le abrieran las puertas del Celta de nuevo.

“Lo que más me gusta es que consigue propagar su valentía al equipo. Su contratación va en la línea de dar continuismo a la apuesta de fútbol de Luis Enrique: planteamiento atractivo para el aficionado y oportunidades a los jóvenes de la casa. Aunque ahora se presiona todavía más arriba”, resume Gustavo López. Han pasado diez años desde que Berizzo le tomaba el relevo a Vázquez en su malas tardes. Aquella estampa se repite de nuevo. Solo que el argentino hoy no manda con tacos en las suelas, sino que lo hace vistiendo con polo oscuro y un reloj en su muñeca izquierda. Un déjà vu de lo más ilusionante para los celtistas, de momento. Da la sensación de que Berizzo nunca se fue de Vigo.