Recuerdo como si fuera ayer esa colocación sobre el terreno de juego. Esa facilidad para encontrar pases a la espalda de los defensas rivales que eran medio gol para compañeros como Anichebe o Robin van Persie. Hasta los ‘tackles’ aguerridos para lograr hacerse con el balón de manera agresiva, pero siempre limpia. Quizás sea uno de los primeros españoles que me vienen a la mente cuando me preguntan sobre el éxodo de futbolistas locales a un fútbol, una cultura y una manera de hacer las cosas totalmente distinta a la que estábamos acostumbrados en España.

Tras no triunfar en la Real Sociedad, Futbol Club Barcelona, Paris Saint-Germain y Glasgow Rangers, el guipuzcoano optó por emprender un viaje a Liverpool en busca de encontrar el protagonismo y regularidad que en esas etapas previas no había logrado. Le costó adaptarse a un fútbol tan físico como es el inglés, con jugadores mucho más fuertes, y un ritmo superior al que estaba habituado que complicaban su éxito en la Premier League. Su fuerte carácter y personalidad hicieron que el entrenador de los ‘tofees’, David Moyes, le entregara el brazalete de capitán después de tres años en el club y se convirtiera en dueño y señor del centro del campo. Según el periodista de La Media Inglesa Ilie Oleart, especializado en futbol inglés, “la época de Moyes fue de las más exitosas que se recuerdan en la historia del Everton, con un juego que, pese a ser muy directo, influyó en la manera de jugar de Arteta y le convirtió en un futbolista polivalente, lo que también se conoce como jugador total”. Todos los balones pasaban por él, ratificando así el liderazgo que llegó a desarrollar tanto en Liverpool con el Everton como más tarde en el ocaso de su carrera en Londres, con el Arsenal.

Corría el año 2009, un tiempo en el que su nivel y categoría penetraron tan fuerte dentro de la afición británica que pidieron nacionalizarlo con Inglaterra, para que jugase junto a ilustres como Frank Lampard y Steven Gerrard. Sabedor de ello, Vicente del Bosque convocó a Mikel con la ‘Roja’ por primera vez, momento idóneo para poder mostrarle a toda España el nivel que un futbolista poco mediático pero trabajador e incansable podía ser capaz de ofrecer. Semanas más tarde, aún así, Arteta se rompió el ligamento cruzado, una lesión que terminó lastrando el final de su carrera deportiva, justo cuando estaba a un paso de formar parte de la generación dorada de la selección española.

Antes de concluir su periplo como futbolista de élite, el propio Mikel ya pensaba en el futuro, uno en el que tenía bien claro lo que quería llegar a ser: entrenador. Un día cualquiera, el mismísimo Josep Guardiola llamó a su teléfono para que se sumergiera en un proyecto nuevo: ser 2º entrenador del Manchester City.

El vasco siempre le ha tenido un cariño especial al técnico de Santpedor, en gran medida por la oportunidad que éste le ha brindado. Así lo ha reconocido públicamente cuando le han preguntado por ello: “Valoro mucho donde estoy y la formación que llevo. He encontrado a la persona, el staff y el club adecuados para esta época de mi vida profesional. Comparto, desde la ‘cuna’ del Barça, muchas ideas con Guardiola, y no tengo prisa por ser primer entrenador”, declaraba Arteta en Marca hace cosa de un año.

A finales de diciembre de 2019, Arteta fue llamado para hacer valer su experiencia en los banquillos y dar un salto en su carrera, esta vez como primer entrenador del Arsenal, club en el que ya lo conocían bastante bien. Es muy probable que el estilo que Arteta quiera imponer ahora en sus jugadores sea el que aprendió siendo apenas un enclenque en la Masía, la academia del Barça. En este caso se trata de un estilo de juego posicional, un modo de jugar en el que actualmente muchos entrenadores creen que es la mejor manera posible de actuar para poder llegar al éxito.

 

“Está haciendo lo que puede con los jugadores que tiene. Estamos viendo un planteamiento bastante pragmático a medio camino entre Moyes y Guardiola”

 

Desde el primer día de su llegada a Londres, parece que el entrenador ha querido devolver al equipo ‘gunner’ el gusto por la tenencia del balón y la alegría que en otros tiempos desprendieron cuando jugaban juntos jugadores de la talla de Cazorla, Rosicky y Wilshere. Cierto es que el equipo actual cuenta con jugadores de un perfil distinto como lo son Xhaka o Torreira, pero el míster está dispuesto a revertir la situación de un equipo que siempre ha estado en la zona alta de la clasificación de la Premier League y que este curso merodea sin rumbo por la mitad de la tabla. Mikel tiene las ideas muy claras, quiere un equipo que ocupe la máxima anchura posible dentro del terreno de juego, y que sea capaz de atacar por los tres carriles -izquierdo, central y derecho- sin que el conjunto pierda la colocación y la estructura con la que pueda defenderse en caso de una pérdida en mitad del campo. Pese a ello, Ilie sostiene que “hoy por hoy, está haciendo lo que puede con los jugadores que tiene para lograr clasificar al equipo para Europa la temporada que viene. Estamos viendo un planteamiento bastante pragmático en el que combina una filosofía a medio camino entre Moyes y Guardiola.”

Otro de los factores importantes que posee Arteta y que ha aprendido de Guardiola es el de la confianza, pilar básico para que entren en sintonía plantilla y cuerpo técnico y todos los futbolistas puedan ser protagonistas, desde los más experimentados como David Luiz a los más jóvenes que recién debutan como Bukayo Saka. Además, la comunicación debe ser clara y concisa para que el vestuario asuma de manera correcta las ideas que desea transmitir el entrenador. La relación con cada futbolista es distinta y así lo describe el técnico: “Siempre digo que es como un cardiocirujano. Necesito entender los sentimientos. Rascar aquí y allí para saber que sienten los futbolistas. De esta manera, ellos confiarán en mí y entenderé por lo que pasan.”

Decía Leonardo Di Caprio en Inception que “ninguna idea es simple cuando se necesita implantarla en la mente del otro”. El significado de esa frase probablemente deambule por la cabeza de Arteta, a quién le espera mucho trabajo por delante. En caso que los resultados le acompañen y la directiva ‘gunner’ le brinde el tiempo necesario para poder trabajar a gusto. Quizás entonces, sólo quizás, sea capaz de transmitir a los jugadores esos conceptos tan recónditos que esconde una filosofía que, por el momento, es todo un misterio.