Con cara de no haber roto nunca un plato. Así es Ander Guevara (Vitoria, 1997), un chico que a los 14 años dejó atrás su ciudad, sus amigos y su familia para cumplir un sueño: triunfar en el mundo del fútbol de la mano de la Real Sociedad.

Un cambio de tal calibre no es nada sencillo para nadie, y menos para jóvenes atletas que deben adaptarse a una transición con nuevas rutinas y obligaciones –las cuales deben afrontar solos, probablemente el factor más arduo del camino a la profesionalidad en el fútbol-.

Desde su debut en el Sanse la temporada 2016-17, a la edad de 18 años, Ander demostró tener un carácter ganador que le llevó a convertirse en el capitán y motor del equipo, aunque quizás no tuvo la suerte de otros futbolistas como Mikel Oyarzabal o Igor Zubeldia, que dieron el salto al primer equipo de un año para otro. El hecho de permanecer más tiempo en el filial blanquiazul le ha servido como estímulo para sentirse importante dentro del grupo y para adoptar la personalidad inmutable con la que ha ido jugando a lo largo de los años y que le ha permitido convertirse en un centrocampista muy completo.

El 26 de octubre de 2017, con apenas 19 años, el vitoriano fue convocado por Eusebio para disputar un encuentro de Copa del Rey en Lleida. Ese día quedó grabado en su memoria tras hacer su debut con el primer equipo, que recuerda con especial cariño. “Es lo máximo a lo que aspiras. Cuando entras en la Real, solo trabajas con ese objetivo, y después de tantos años, cuando te dicen que cuentan contigo para estar en el primer equipo, sientes una felicidad inmensa”, afirmaba agradecido el centrocampista en una entrevista concedida a los compañeros del Diario AS.

Aunque debutó la temporada pasada en Liga frente al Levante, este curso se ha consolidado en el centro del campo donostiarra –quizás favorecido por la baja de larga duración de Illarramendi y el cambio a una posición más defensiva como es la demarcación de defensa central de Zubeldia-.

Si bien es cierto que este año la Real Sociedad ha juntado un equipo atractivo con extremos que son puñales como Portu o Oyarbazal, interiores con recorrido y un toque preciso como Merino y Odegaard, sólo un futbolista logra que todo el esquema de juego propuesto por Imanol Alguacil tenga continuidad, orden y jerarquía, y ese es Ander Guevara.

El fútbol del joven jugador es simple. Podríamos definirlo como un facilitador de juego que no se complica nunca y cumple varios roles dentro del terreno de juego –se incrusta entre los centrales o busca entre líneas el balón para recibir de cara a portería y otorgar continuidad al juego realista- de manera que parece tener la visión y colocación sobre el terreno de juego de un veterano que corre con la ilusión de un crío que quiere comerse el mundo a través de su fútbol.

Sueño con estar muchos años aquí, ser importante y dar buen nivel. Y cuando me toque marcharme, que ojalá sea muy tarde, que la gente guarde un buen recuerdo de mí” , apuntaba el propio jugador vitoriano tras ser preguntado por su futuro en la Real Sociedad.

Tal y como dijo Gandhi, “la satisfacción radica en el esfuerzo, no en el logro. El esfuerzo total es una victoria completa”, y Ander tiene interiorizado que todo lo ocurrido hasta ahora le ha llegado en base a su perseverancia y esfuerzo incansable por conseguir su sueño, uno del que parece que no quiere despertar.

 


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Fotografía de Getty Images.