Si de Massimiliano Allegri dependiera, estaría en su Livorno natal tomando café con sus amigos y charlando de todo menos de fútbol. El técnico de la Toscana es un hombre tranquilo y reflexivo, de un perfil bajo en comparación con otros entrenadores de élite. Allegri no levanta la voz, no deja grandes titulares ni tampoco es protagonista lejos del césped. A él todo eso le da igual. Cuando se habla de los mejores banquillos de Europa rara es la ocasión en la que Allegri sale en la ecuación y quizá se deba a ese perfil bajo. Pero estamos ante una injusticia terrible, porque ahora mismo, y desde hace varios años, no hay más de cinco entrenadores mejores que él en el continente. Ahí está su más del 70% de los partidos ganados con la Juventus, los cuatro Scudetti consecutivos (que serán cinco), cuatro Coppas y dos veces finalista de la Champions League. ¿Ganar con la Juventus en Italia es lo normal? Sí, evidentemente, pero después hay que hacerlo, como con el Bayern en Alemania.

No olvidemos que Allegri llegó a Turín como una solución de emergencia tras el adiós de Conte y que además no tuvo precisamente el apoyo de su afición, prácticamente nadie confiaba en él. Venía de hacerlo bien en el Milan, salvo su última campaña, pero Conte había puesto el listón por las nubes. Ahora, cinco temporadas después, nadie se acuerda del bueno de Antonio en Turín. Porque así es el fútbol, Allegri tenía una misión muy complicada, la de continuar la hegemonía en Italia y aspirar a ser campeón de Europa. En principio, su plan, tras ser despedido por el Milan, era el de no trabajar. Tan solo quería viajar y aprender inglés, lo que pasa es que cuando la Juve llama a tú puerta… Allegri ante todo es un entrenador inteligente y por eso, al inicio, no tocó el esquema de 3-5-2 de Conte, poco a poco sí fue introduciendo sus cambios y su sello. ¿Para qué iba a tocar algo que ya funcionaba? Se adaptó a lo que había y le salió bien.

El de Livorno reconoció en una entrevista a El País que él era mal estudiante y que “quería ser el director de la escuela, y no el estudiante”. Como director, ahora de un grupo de jugadores, no es de esos que persiguen al futbolista después de los partidos o los entrenamientos, sobre el césped es exigente pero mantiene una importante distancia entre las horas de trabajo y el descanso. De hecho, esa es su filosofía de vida. No se trata de esa clase de entrenador que se encierra en su casa tras una jornada de entrenamiento o tras un gran duelo y analiza cada movimiento, ahí es donde se recupera y lo da todo en las horas lectivas. Posiblemente la mayor cualidad del Allegri técnico sea que es un gran corrector. El de Livorno puede salir con un plan A y alterarlo a los quince minutos de encuentro, le da igual haber errado en su planteamiento o que el devenir del encuentro haya ido por otro camino. Allegri corrige y casi siempre acierta. Tras la derrota en el partido de ida ante el Atlético de Madrid, donde la Juve no supo ni por dónde le pegaba el viento, él tocó las teclas para el partido de vuelta y fue toda una apisonadora. Levantarle un 2-0 al Atlético en la Copa de Europa no es fácil, por mucho que seas la Juventus.

Como cada cierto tiempo, la figura de Allegri estará cuestionada y se le volverá a poner en duda, como otras tantas veces, al frente del banquillo de la Juventus. Cuando eso suceda, lo que hay que hacer es revisar varios de sus encuentros en la Champions o en la Serie A y asumir que se trata de uno de los mejores entrenadores del continente, por mucho que no se sienta el protagonista con sus victorias o porque prefiera estar en Livorno tomando café que revisando partidos en su céntrica casa de Turín.