Le apodaron el ‘niño maravilla’ cuando apenas levantaba unos palmos del suelo en Tocopilla. Aunque esos apodos suelen convertirse en un peso extra que acompaña toda una carrera, Alexis Sánchez lo convirtió en sus alas. En un contexto de escasez, nació en 1988 quien años más tarde se convertiría en una de las grandes eminencias del fútbol chileno. Su madre trabajaba sin descanso y él aprendió desde niño que el balón podía ser tanto su refugio como una herramienta para cambiar su vida y la de los suyos.
Debutó a los 16 años en Cobreloa, y desde su primer contacto con el balón se vio un rasgo inconfundible: la ambición de un futbolista que no temía enfrentarse a rivales mayores, ni a retos más exigentes.
El salto a Colo Colo y luego a River Plate fueron pasos naturales para un talento que pedía a gritos reconocimiento. En esos dos clubes empezó a afinar su calidad y a probarse contra defensas más duros. Allí, compartiendo vestuario con jugadores de la talla de Radamel Falcao, empezó a forjar la versatilidad que lo caracterizaría: capacidad para adaptarse a distintas posiciones, olfato goleador y un instinto táctico privilegiado.
La joven joya cruzó el Atlántico en 2006, cuando el Udinese pagó 3 millones de euros por ella. Un préstamo posterior a Colo-Colo le permitió pulir su juego y consolidarse como promesa internacional, demostrando que podía brillar tanto en Sudamérica como en Europa.
Le apodaron el ‘niño maravilla’ cuando apenas levantaba un palmo del suelo en Tocopilla. Aunque esos apodos suelen convertirse en un peso extra que acompaña toda una carrera, Alexis lo convirtió en sus alas
Después de su exitosa travesía por Italia, el FC Barcelona recibía a Alexis Sánchez con los brazos abiertos, pagando 26 millones de euros, según datos de Transfermarkt. Allí nació una gesta insólita que se completaría unos años más tarde: unir en admiración a Pep Guardiola, meticuloso hasta la saciedad y maestro del fútbol total, y a José Mourinho, temperamental y calculador. Ambos coincidían en que el chileno era rápido, incisivo e imprevisible, que tenía una facilidad monstruosa para desequilibrar partidos y una chispa imposible de domar. En sus tres temporadas como ‘culé’, Alexis dejó su sello: campeón de Liga, Copa del Rey y Supercopa de España, y la sensación de que cualquier defensa europea debía sudar de lo lindo para poder frenarle.
En 2014 pisaría la Premier League por primera vez cuando el Arsenal pagó 42,5 millones de euros por un jugador que ya había alcanzado la madurez futbolística. Pronto se convirtió en el ídolo indiscutible de los aficionados y en la pieza clave del ataque ‘gunner‘. Su versatilidad para moverse por distintas posiciones, su capacidad para generar juego y su precisión a la hora de definir lo convirtieron en una amenaza constante. Durante su etapa en Londres, Alexis registró 80 goles y 45 asistencias en 166 partidos oficiales, dejando una marca imborrable en la historia reciente del club.
Tras dejar el Arsenal, Alexis aterrizó en Old Trafford por 34 millones de euros, con el cartel de estrella y la expectativa de brillar en uno de los clubes más exigentes del mundo. No tardó en darse cuenta de que el fútbol no se mide solo por talento: también requiere paciencia, adaptación y resiliencia. Aunque la Premier ya lo conocía, el Manchester United representaba un desafío distinto: un club con presiones descomunales y una exigencia constante que podría destruir incluso a los más fuertes. Su etapa con los ‘red devils’ no se tradujo en números extraordinarios (5 goles y 9 asistencias), pero le permitió madurar aún más como futbolista, enfrentar la adversidad y mantener viva esa ambición que lo había llevado desde Tocopilla hasta los grandes escenarios del fútbol mundial.
Alexis logró algo insólito: unir a Guardiola y a Mourinho en una misma admiración. Ambos coincidían en que el chileno era rápido, incisivo e imprevisible
Después de Inglaterra, Alexis volvió a Italia para reencontrarse con él mismo en el Inter de Milán. En el Giuseppe Meazza recuperó la alegría de jugar: cada desborde, cada diagonal y cada ruptura eran un recordatorio de por qué desde pequeño lo llamaban “niño maravilla”. Disputó 30 partidos, anotó 15 goles y repartió 11 asistencias, aunque no fue siempre titular indiscutible. Su inteligencia táctica y capacidad para generar espacios para Lautaro Martínez y Lukaku lo convirtieron en un recurso estratégico en un Inter que conquistó el Scudetto en la campaña 2020–21.
En agosto de 2022, Alexis Sánchez firmó con el Olympique de Marsella, un salto hacia lo inesperado. Allí aterrizó con 34 años, libre, con hambre de balones y libertad. Fue una temporada breve, pero intensa: 35 partidos en Ligue 1 en las que celebró 14 goles y dio 3 asistencias. Al finalizar su contrato con el Marsella, regresó al Inter de Milán como agente libre.
En 2024, Alexis volvió a Udinese, su primer equipo europeo, firmando un contrato por dos años. A pesar de no haber contribuido con goles ni asistencias desde mayo de ese mismo año, ahora el Sevilla ha decidido abrirle sus puertas. El club andaluz lo ha incorporado como agente libre, confiando en su experiencia para reforzar el ataque. Su fichaje se concretó en el cierre del mercado de verano, con un salario significativamente inferior al que percibía en etapas anteriores de su carrera, lo que facilitó su incorporación en el contexto económico actual del club. Se espera que su experiencia en equipos de élite sea un aporte valioso.
Su fichaje ha sorprendido a todos los que siguen el fútbol de cerca, un movimiento inesperado que recuerda por qué este juego siempre tiene algo nuevo que ofrecer. Como ha señalado recientemente Lamine Yamal en una entrevista con RTVE: “Siempre me ha gustado el mercado porque salen fichajes raros de última hora como el de Alexis Sánchez por el Sevilla”. Y qué cierto que es: el ‘niño maravilla’ sigue vivo, listo para encender el Sanchez Pizjúan, inspirar a nuevas generaciones y recordarnos que aún le queda magia por dar.
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Fotografía de portada de Getty Images.


