Una parada a un remate a bocajarro de Adán. Un minuto de circulación de balón sin prisa pero sin pausa en el descuento de un partido como visitante en el Santiago Bernabéu. Un balón en el balcón del área con dos opciones de pase para el poseedor: un delantero en el corazón del área y otro compañero habilitado a escasos metros a la derecha. Un pase al primero. Un gol. Tres puntos. La gloria de derrotar a un gigante en su feudo. 

Ese párrafo anterior esquematiza lo sucedido en el tramo final de la sonada victoria del Real Betis Balompié frente a un Real Madrid que no parece atravesar su mejor momento. Pero hoy no hablaremos de eso aquí. Más bien pondremos el foco en la magnífica gestión psicológica que realizó el conjunto verdiblanco sobre el césped del Santiago Bernabéu. Pero, ¿a qué nos referimos con “gestión psicológica”? Al modo en que el Betis supo manejar los diferentes momentos que atravesó el partido sin por ello mermar su rendimiento. No faltan los ejemplos de conductas verbales y no verbales que así lo corroboren, ni de detalles que muestran una planificación al dedillo de lo ocurrido sobre el campo por parte de su cuerpo técnico, ni estadísticas que pongan de relieve el acierto de los verdiblancos. 

Pero no, no me malinterpreten. En ningún caso nos estamos refiriendo ni insinuando que el Betis ganó el partido exclusivamente por realizar esa gestión psicológica mejor que el conjunto merengue. En ocasiones he leído a compañeros de profesión decir que el factor psicológico explica hasta un 70 por ciento del rendimiento deportivo, lo cual no deja de levantarme cierta sensación de espanto. Lo postura que sí argumenta este artículo es cómo el Betis supo atravesar los diferentes momentos del partido en demasiadas ocasiones como para no aplaudir el desempeño psicológico de los de Quique Setién.

El caso del guardameta Antonio Adán fue quizá el más representativo por su regularidad a lo largo de los 95 minutos que duró el encuentro. El portero, objeto de silbidos por parte de la que un día fue su afición pese a que muchos le consideraran un enemigo por historias que no vienen a cuento en este artículo, dio un recital no solo en el apartado técnico (la ejecución de las paradas), táctico (toma de decisiones por ejemplo a la hora de iniciar en corto, en largo o buscando a su lateral) y físico, sino que demostró saber autorregularse de maravilla tanto ante los aciertos propios -como la colección de paradas sobre el césped- como ante el error ajeno tanto de compañeros verdiblancos como de rivales merengues. No es inhabitual ver en el césped a un portero recriminar con gestos y aspavientos a sus compañeros errores de marca que acaban suponiendo una ocasión rival, pero probablemente Adán supo interpretar ayer que no era día para agitar los nervios sino para mantenerse templados y unidos, especialmente a medida que avanzaba el cronómetro y se iba a acercando la borrasca de oportunidades madridistas que tuvieron lugar en la recta final del encuentro. En estas, como insinuábamos unas lineas más arriba, también cuidó sus interacciones con los rivales, evitando un plus de motivación para los atacantes blancos (si pueden volver a ver el partido, verán su gesto de complicidad con Modric en la primera parte o con Cristiano en la segunda mitad). Incluso se le vio sereno en plena recta final del encuentro cuando era blanco de los silbidos de la afición local en cada saque de meta. Las cámaras de televisión llegaron incluso a captar su imagen con un gesto de calma que parecía decir “es lo que toca” en una ocasión en la que aún no había recogido el balón para colocarlo en el área de meta. 

Hubo muchos más ejemplos del espectacular despliegue a nivel psicológico de los verdiblancos sobre el Bernabéu. El imponente porcentaje de acierto en la toma de decisiones, la insistencia bética en adaptar su propuesta a las diferentes circunstancias del partido sin por ello traicionar su planteamiento ni perder de vista el objetivo, e incluso la resiliencia mostrada ante situaciones inesperadas como la lesión de Camarasa. Y por supuesto, la planificación y gestión del partido de Quique Setién y su equipo, jugando sus cartas a la perfección y enviando un mensaje idóneo a sus jugadores a través de los cambios. 

Habrá quien diga que el Real Betis pudo perder perfectamente, o que en los momentos clave el azar jugó en su favor como en los lanzamientos a la madera de Carvajal y Bale. Y no les faltará una parte de razón. Pero seguramente la lección que dejó el Real Betis sobre el Bernabéu fue otra: Que en el fútbol, mantener el foco en aquello que puedes controlar, es estar un paso más cerca de la victoria que tu rival. El Madrid, tan letal otras veces en esa ‘zona Cesarini’, se olvidó del juego pensando en el gol, mientras que el Real Betis, pese a jugar frente al Campeón de Europa y de Liga, pese a haber sido sometido a una segunda parte de las que suelen hacer hincar la rodilla a cualquiera que el Madrid tenga enfrente, pese al cansancio físico y mental de un partido tan exigente, se centró en lo que realmente dependía de él. En su juego.  

Y lo hicieron del primero al último. Esto es, empezando por Adán.