A diez minutos del Centro Histórico de Cusco, en el distrito de Wánchaq, un joven César Ccahuantico creció con la esperanza de que algún día pudiese jugar al fútbol profesional. Una meta difícil de lograr, porque si bien Cusco es uno de los departamentos más poblados de Perú, nunca se caracterizó por engendrar atletas oriundos destacados, en gran medida por la centralización del deporte en el país. Ccahuantico, sin embargo, trabajó para ser una excepción.

Ccahuantico, a los 15 años, ya competía en la Copa Perú -campeonato nacional en el cual miles de equipos buscan un único cupo directo a primera división- con el Deportivo Garcilaso. Su condición física privilegiada lo establecía como un volante de contención en proyección. De modo que, tras varias temporadas, Ccahuantico se trasladó a Puno para defender al Alfonso Ugarte, entidad con mayores aspiraciones. Poco después, Ugarte, con el propósito de celebrar el aniversario de su tierra, organizó un partido de exhibición contra Cienciano y como era de esperar, Ccahuantico destacó. Carlos Daniel Jurado, entonces entrenador del equipo cusqueño, lo invitó a la pretemporada en vísperas a su primera participación en una Copa Libertadores. Era el año 2002. Una vez más, Ccahuantico impresionó.

“Jurado me consideraba en el equipo A y B. En los partidos de entrenamiento me daba mucha confianza, pero yo no tenía en mente salir convocado. Era imposible jugar la Libertadores porque no tenía experiencia, no tenía partidos en primera y había muchos jugadores en mi posición”, cuenta César Ccahuantico.

Desde la tribuna del estadio Garcilaso de la Vega, Ccahuantico vio el debut continental victorioso de Cienciano ante el 12 de Octubre paraguayo. La próxima jornada: una fecha doble de visita a Bolivia y Brasil. Para ello, Ccahuantico viajó como el integrante número 19, de los 18 habilitados para cada encuentro. Esto por si ocurría alguna emergencia. Frente al Oriente Petrolero, Cienciano registró su primera derrota y expulsión. Surgían posibilidades de un estreno para Ccahuantico.

“Jurado me dice: ‘Ahora es tu oportunidad, ahora quiero verte. Es ahora o nunca. O te regresas caminando a Perú’”, explica Ccahuantico.

Pese a que el marcador fue desfavorable contra el Gremio de Porto Alegre, la atención se centró en un muchacho de 22 años cuyo ascenso absoluto fue excepcional: de la Copa Perú a la Copa Libertadores. Los cusqueños amantes del fútbol, y acostumbrados a mitos locales, empatizaban con Ccahuantico, porque su historia era palpable. Creíble.

Para el 2003, Cienciano clasificó a la Copa Sudamericana con Ccahuantico como uno de los máximos referentes en la nómina cusqueña. Cómo olvidar que aquel equipo venció a Universidad Católica de Chile, Santos de Brasil, Atlético Nacional de Medellín y el propio River Plate de un Marcelo Gallardo aun en actividad, en una súbita final. El título significó el primero en el palmarés internacional para un club peruano. El galardón simbolizó el reconocimiento público para Ccahuantico, que ya se había consolidado como una figura emergente.

“Me sentía el representante del pueblo, porque el pueblo me hacía sentir su cariño. Las autoridades, los niños, sabían de mis raíces. Me sentía un digno representante de mi tierra. La prensa me bautizó como ‘El Cholo Ccahuantico’”, recuerda el protagonista.

Cabe mencionar que cholo es un término discriminatorio, presente tanto en el vocabulario de las distintas clases sociales como en las discusiones entre diferentes grupos étnicos. Durante la entrevista, sin embargo, Ccahuantico confiesa que dicho apodo jamás le afectó.

Después de tal inolvidable campaña, Ccahuantico apareció en el radar de los (hoy relegados) Tecos de Guadalajara. Mientras corrían los rumores, un evento extradeportivo se concretó. En el 2008, un grupo de asaltantes enmascarados robó más de 80.000 dólares al club Cienciano. Según la investigación policial, Ccahuantico recibió llamadas telefónicas por parte de la banda delictiva momentos antes del hurto, las cuales lo convertían en un virtual sospechoso. Dos años más tarde, Ccahuantico fue señalado como cómplice primario de aquel crimen.

“El caso concreto era que si yo había dado algún dato para que se perpetrase el robo al club. Yo dije que no, porque efectivamente no tenía nada que ver en ese tema. Yo y mis abogados pedimos si la policía tenía un audio que probara lo contrario”, rememora Ccahuantico.

En vista de que su primer abogado faltó a numerosas citas judiciales, Ccahuantico debía cumplir una prisión preventiva y esperar un fallo desde el Centro Penitenciario Quencoro. En Perú, el robo agravado puede ser penalizado, según la naturaleza del delito, con condenas de entre 12 y 20 años. Ccahuantico fue sentenciado a cumplir siete.

Para permanecer activo, Ccahuantico organizó torneos entre los diferentes pabellones. Los reclusos se emocionaban al verlo jugar, pero el fútbol no era su única distracción aquellos días. Ccahuantico recuerda adentrarse en la literatura, por ejemplo, leyendo las novelas del ruso Fiódor Dostoyevski. Luego de un poco más de tres años en Quencoro, el jugador fue puesto en libertad.

“Lloraba de alegría, empecé a saltar, salí al pasadizo del pabellón y grité: ‘’¡Soy libre carajo!’. En mi celda tenía mi cocinita, mi televisor, mi radio… Entró la gente y no me dejaron ni un mondadientes”, cuenta Ccahuantico.

Ccahuantico volvió al fútbol competitivo con el Atlético Minero de Matucana de la segunda división en el 2014. El tiempo no transcurrió en vano. Aquel mediocampista de un despliegue envidiable y agresividad inmejorable en la marca estaba lejos de su mejor versión. El momento crucial de la verdad se consumió al cabo de un tiempo, en un choque entre dos viejos conocidos: Deportivo Garcilaso, equipo que defendía, y Cienciano, su ex club.

“Cuando entro al estadio, lo más lindo y que nunca voy a olvidar fue que ambas tribunas empezaron a aplaudirme. Los del Garcilaso decían ‘Ccahuantico tú eres del Deportivo’ y los de Cienciano decían ‘Cholo quítate esa camiseta, tú eres rojo’. Ahí tomo la decisión de no seguir”, confiesa Ccahuantico.

Colgados los botines, inauguró después academias de fútbol en su natal Cusco, con el certero objetivo de fomentar el talento oriundo. A su vez, inició una nueva carrera en la radio y en la televisión. Nueve años después de su sentencia, Ccahuantico admite que para salir de la cárcel estudió su caso al derecho y al revés y que tal tarea generó en él una vocación por la ley, la cual hoy cursa, y misma que determinó un fin anticipado a su etapa futbolística.

“A mi nadie me va a devolver los mejores años de mi carrera profesional, porque yo pierdo la libertad a los 28 años, pero siempre tuve el cariño de la gente. Por ahí una vez me subí a un taxi y me dijeron ‘Cholito, no te preocupes, tú siempre serás la insignia del Cienciano»