A más de 1.000 kilómetros de Lima, en la provincia de Calca, entre el murmullo del río Vilcanota y la intimidante presencia de cerros verdosos, está el estadio Reverendo Padre Manuel Jesús Ampuero. Aquel recinto, cuya geografía no tiene nada que envidiar a los que acostumbramos a ver por televisión, reúne integrantes de los distintos 12 centros poblados del distrito de San Salvador, para presenciar encuentros de alto voltaje físico debido a los casi 3.000 metros sobre el nivel del mar que existe en la región. En este remoto lugar, el fútbol se cree una herramienta de unidad y también un instrumento social que históricamente se le ha sido negado o excluido a raíz de la centralización del deporte nacional en la capital. “Ver salir un [Paolo] Guerrero, sería un gusto, un orgullo del pueblo. Pero lamentablemente no hay esa clase de escuelas [de fútbol] aquí”, dice Hernán Mayta Roca, capitán de la selección Santuario del Señor de Huanca, uno de los equipos invitados.

Y es que Perú, en sus únicos cinco Mundiales disputados, contó con tan solo 22 jugadores nacidos en provincia de los 98 profesionales convocados para los diferentes certámenes. Ante evidente hegemonía de futbolistas capitalinos en todas sus plantillas mundialistas, pudiese con total justicia formularse la siguiente pregunta: ¿Es esta la selección de Perú o de Lima?

La respuesta aparenta simple en teoría, aunque en práctica, la Federación Peruana de Fútbol (FPF) ya respondió frente a las curiosas estadísticas. “En el 2018 como parte del Plan Centenario, se crearon 25 centros de desarrollo en 25 regiones del Perú. Estos centros estaban conformados por cuatro personas, las cuales eran un administrador y tres entrenadores. Ellos tenían que recorrer durante cinco o seis meses toda su región, es decir provincias y caseríos, cazando talentos sub-12 y sub-14. ¿Para qué? Para luego nosotros como Federación ir a estas regiones y hacer una evaluación y selección de 20 o 30 chicos”, explica Edder Benites Estrada, coordinador regional y preparador físico de la Unidad Técnica de Menores-FPF.

Estos 20 o 30 jóvenes alimentan las divisiones menores de los clubes profesionales y muchos de ellos incluso llegan a defender los colores de su país. De hecho, en este último campeonato sub-20 en Chile, Perú contó con ocho jugadores de provincia. Por su parte, la sub-17, que se prepara para el Sudamericano y el Mundial de la categoría, tiene previsto gozar de un considerable número de jugadores nacidos fuera de Lima, como es el caso de Carlos Ruíz, oriundo de Iquitos y quien ha anotado ocho goles en los 24 partidos amistosos que esta selección juvenil disputó en todo el año pasado. Mientras tanto, la selección sub-15 llevó cinco de 20 jugadores, procedentes de distintos centros de desarrollo en el Perú, al Torneo Internacional de Fútbol Juvenil en Córdoba, Argentina. Estas cifras son gratos resultados del llamado Plan Centenario, cuyos pilares se dividen en cuatro: desarrollo deportivo en las regiones, reforma de clubes y campeonatos, infraestructura y reputación de marca FPF.   

“Lo que se busca finalmente es que el chico se desarrolle en su provincia, que no tenga que venir hasta Lima”, agrega Benites. Si bien el trabajo de descentralización por parte de la FPF da sus primeros pasos y frutos a nivel nacional, la posibilidad de convertirse en futbolista profesional sigue siendo menor en provincia que en la capital. Para combatir colosal problema, diferentes líderes, ingenian modos para producir futbolistas oriundos de sus respectivas regiones, de cierto modo, motivados por el saldo que viene originando la mencionada reforma deportiva. “Nuestro objetivo es crear jugadores del campo y de las comunidades, gente que no tiene posibilidades”, apunta Eulogio Jara Laura, dueño del estadio y gestor del encuentro entre el equipo de Humachurco y la selección del Santuario Señor de Huanca.

Los torneos o encuentros, como el de esta ocasión, están en su gran mayoría compuestos por jugadores entre los 14 y 19 años, edades fundamentales para la formación técnica, física y táctica de un joven futbolista. A estos enfrentamientos, además de miembros de los distintos centros poblados, llegan diferentes representantes de los equipos profesionales de la provincia para llevarse consigo información sobre un posible y futuro fichaje. “Invitamos semilleros de Cienciano y [Real] Garcilaso. Vienen a jugar con nosotros y de ahí escogen a los mejores”, agrega Eulogio.

Iniciado el juego, Luis Soto Colque, quien viene narrando partidos de fútbol en quechua por más de 15 años, fue el encargado de llevar las acciones del compromiso a todas las comunidades restantes. De esta manera, los partidos realizados en esta localidad son emitidos en casi toda la región andino sur, poniendo el nombre de las jóvenes promesas en el radar de los equipos provincianos. Y a su vez, acto no menos importante, fomentar el deporte de qué mejor manera que en la lengua autóctona. “En la región del Cusco, el 70% es quechua hablante. No podemos ser excluidos de no escuchar las transmisiones de fútbol en quechua”, dijo Luis, quien narró dicho encuentro para Radio La Merced de San Salvador.

Mientras los minutos transcurrían, unas cuantas polleras y camisetas del Cienciano y Real Garcilaso coloreaban la pequeña tribuna. El partido daba la bienvenida a sus primeras entradas fuertes causando la pifia y risa del público. Entre el roce continuo y las eminentes faltas de ambos equipos, un jugador se distinguía por su control dirigido y habilidad para escabullirse entre los rudos defensores. Su diestra anotó uno de los dos goles con que el Humachurco empató con el Santuario del Señor de Huanca. Después de haber terminado el partido y haberlo elegido como el mejor jugador de los más de 90 minutos que se disputaron, fui a preguntarle: “Si te dijera ‘mañana vas a jugar en Cienciano’, ¿qué significaría esto para ti?”. Llevando su mirada hacia el cielo serrano, Jhon Mamami Pérez, de 19 años, no se lo pensó: “Sería una alegría para mí, un logro en mi vida”.

 


Fotografías de Kervy Robles.