¿Los dos equipos de fútbol más grandes de las Américas? ¿La rivalidad más grande de Argentina? ¿El mejor derbi del mundo? Todos los superlativos imaginables fueron usados en anticipación a los dos partidos que estaban previstos en Buenos Aires en noviembre 2018. Aun así, nadie se podía imaginar lo que terminaría ocurriendo. Los chicos de COPA90 para la serie ‘Derby Days’ estaban ahí para vivir cada instante.

Un enfrentamiento histórico. La primera final continental entre el equipo con más títulos nacionales, River Plate, y el equipo con más títulos continentales en América del Sur, Boca Juniors. Un derbi en la final de la copa más prestigiosa del continente, la Copa Libertadores de América. La última final de ida y vuelta. Más de 1,600 solicitudes para acreditación de prensa para el partido de ida. Todo el planeta estaba pendiente de ‘la final del mundo’ƒ.

¿Pero porqué tanta expectativa? La famosa pasión del hincha argentino. Hablar de fútbol en Argentina requiere el uso de un dialecto propio y cuando uno se refiere al ‘Superclásico’, la palabra que más se escucha es “la pasión”. En el Boca-River, esta pasión suele llegar al límite. Para la ‘Superfinal’, tanto los medios, la CONMEBOL, como los propios clubes incentivaron a los hinchas a demostrar esa pasión. Solo con ver el video que emitió la CONMEBOL con los presidentes de Boca y River, se entiende fácilmente que “la pasión” del futbol argentino era su método para promocionar este partido en todo el mundo.

Pero, ¿cuáles son los orígenes de esta rivalidad? Para asombro de muchos turistas que visitan Buenos Aires hoy en día, los clubes de Boca y River surgieron del mismo barrio de La Boca en los años 1900. Dos hermanos nacidos en las mismas calles. Los dos compartían tanto en sus orígenes que hasta tenían la misma raya diagonal en su camiseta. En 1908 se enfrentaron por primera vez, y el perdedor de ese encuentro, Boca, tuvo que cambiar su camiseta. Hoy en día Boca lleva una banda amarilla horizontal en su camiseta azul, mientras que River sigue teniendo su banda roja diagonal sobre fondo blanco.

En los años 1920, River Plate se mudó al suburbio más próspero de Núñez, donde construyó su estadio El Monumental y empezó a fichar a las superestrellas de su época, ganándose el sobrenombre de Los Millonarios. Además, crearon una filosofía de fútbol a la que siguen fiel, “ganar, gustar y golear” en cada partido. Boca Juniors, conocidos como Los Xeneizes, se mantuvieron fieles al barrio de La Boca donde construyeron La Bombonera. Su hinchada se jacta del ‘sentimiento’ de ser de Boca y de la mentalidad de “ganar a toda costa” de sus jugadores.

Con los años, la competencia entre hermanos ha creado una de las rivalidades más grandes del fútbol mundial. Un reloj en La Bombonera sirve de recuerdo de que Boca nunca ha descendido de categoría. River no puede decir lo mismo desde el desastre del año 2011. En cada oportunidad que tienen, los hinchas de Boca siempre se lo recuerdan con el famoso “fantasma de la B”. Sin embargo, los hinchas de River presumen del apoyo incondicional que le demostraron a su equipo durante esa temporada, algo que dicen evidencia que su devoción a su equipo es más fuerte que el ‘sentimiento’ del que tanto se presume en La Bombonera. El deseo mimético de René Girard en estado puro.

El último encuentro entre estos dos equipos en esta competición fue en 2015, en el infame partido de octavos de final en La Bombonera. El partido fue suspendido después de que los hinchas de Boca atacaran a los jugadores de River con gas pimienta cuando salían a jugar la segunda parte. Boca fue eliminado en los despachos. El país entero se sintió avergonzado de lo ocurrido. Mauricio Macri, presidente de Argentina y ex presidente de Boca, quería que esta final sirviese para demostrar al mundo que las cosas habían cambiado. Desgraciadamente, esta vez, antes de que el pitido del árbitro diera comienzo a ‘la gran final’, la rivalidad entre hinchas dio lugar a que quemaran una casa y destruyeran un McDonald’s. Los primeros indicios de peligro. Por precaución, se mantuvo la prohibición de entrada en los estadios a los hinchas visitantes.

Esta era la final que las dos hinchadas llevaban esperando todas sus vidas. ¿Llegaría River a conquistar a Boca en su competición predilecta? La primera prueba, un partido en casa del eterno rival con La Bombonera a reventar.

11/11/18: Boca – River

Después de retrasar el partido un día por culpa de un diluvio bíblico, los dioses del fútbol por fin consagraron a los hinchas el momento que tanto estaban esperando el domingo 11 de noviembre.

Un partido frenético, con varios momentos de infarto para cada hinchada, terminó en un empate a dos. Al no aplicar la regla del gol-doble fuera de casa, los dos equipos afrontaron el partido en el Monumental en igualdad de condiciones. El escenario estaba dispuesto para la confrontación decisiva.

Los niveles de intensidad alcanzaron una nueva cúspide en los días previos al segundo partido. El entrenamiento a puerta abierta de Boca en La Bombonera atrajo a 60,000 hinchas. Cabe destacar, que la capacidad máxima del estadio es de 49,000. La pasión estaba en su punto más alto.

¿Podría Boca revivir el “fantasma de la B” y hacer la vuelta olímpica en El Monumental? La ‘Superfinal’ estaba a la vuelta de la esquina.

24/11/18: River – Boca

El día D había llegado. Solo faltaban horas antes del partido que decidiría ‘la final del mundo’. Los hinchas rebosaban las calles, cantando, agitando sus banderas, creando el espectáculo que el mundo quería ver. Y entonces la tragedia sucedió. Al acercarse el bus de Boca al Monumental, la falta de organización policial permitió que ciertos hinchas de River lo atacaran. Destrozaron los cristales y gas pimienta se filtró por las ventanas rotas. Imágenes muy impactantes empezaron a circular. Pablo Pérez, que iba a ser el capitán de Boca ese día, sufrió daños en un ojo y se podía ver como Carlos Tévez estaba a punto de vomitar. Había muchos más afectados. La pasión había sobrepasado todos los límites. La violencia había estropeado la fiesta que todo el mundo quería ver.

¿Y ahora qué?

La imagen de todo lo ocurrido dejó un sentimiento de tristeza generalizada en Argentina. Más de tres horas después del supuesto comienzo del partido, se aplazó al día siguiente. Los hinchas habían tenido que esperar todo ese tiempo en la grada. ¿Porque había ocurrido? ¿Porque la CONMEBOL había intentado forzar los jugadores a disputar la final sabiendo que no estaban en condiciones? Pero la farsa no se había terminado. Al día siguiente los hinchas volvieron a hacer el viaje hasta El Monumental pensando que el partido se jugaba, para que la CONMEBOL volviera a suspenderlo. ¿Se podría haber gestionado peor este evento histórico? ¿Quién tenía en cuenta la incertidumbre que sufrían los jugadores y los hinchas? Las reuniones entre la CONMEBOL y los presidentes de los clubes concluyeron en una decisión aún más polémica. El segundo partido de la final de la Copa Libertadores de América, nombrada en honor a los que en su momento liberaron el continente, se jugaría en España. Y para colmo, seria en el Santiago Bernabéu, estadio del Real Madrid, club al que la misma corona española que conquistó gran parte de América, otorgó el título de ‘real’ en 1920. En un anuncio para una cerveza argentina en la previa del Boca-River, un español dice “A ustedes les saqueamos las canciones de la grada, les fichamos a los jugadores y les imitamos la pasión. Pero no hay manera de traernos el partido.” ¿Como se puede jugar un partido tan arraigado en su contexto cultural fuera de Argentina? Había ocurrido lo inimaginable. El anuncio termina con las palabras “Orgullosos de lo nuestro”. A América del Sur, a Argentina y ante todo a los hinchas de Boca y de River les habían robado su gran final. ¿Tiene el mismo valor este partido sabiendo que muchos de los hinchas que le dan tanta importancia no pudieron asistir?

09/12/18: Madrid

Casi 360 horas después del supuesto comienzo del partido del Monumental y a más de 695 horas después del supuesto comienzo del partido de La Bombonera, los dos hermanos se volvieron a enfrentar. El Superclásico que parecía que no se quería terminar acabó empatado 1-1 en el tiempo reglamentario. Luego un golazo de Juan Fernando Quintero y un gol a puerta vacía de Gonzalo ‘Pity’ Martínez le dieron la victoria a River por 3-1 en la prórroga. Los jugadores lo festejaron en el campo del Bernabéu mientras, a 10,043 kilómetros, los hinchas llenaron la plaza del Obelisco en Buenos Aires. Por fin, había campeón de la Copa Libertadores 2018.

El pitido final concluyó lo que supuestamente iba a ser la última final de Libertadores en los campos de los equipos participantes, pero resultó siendo la primera final jugada fuera de América desde los inicios de la Copa Libertadores de América en 1960.

Algunos dicen que el fútbol es un idioma universal, pero cuando se está hablando de una rivalidad local como la del Boca-River, ¿se puede traducir el dialecto local y exportar tal partido a otra parte del mundo? ¿Se puede generar la misma pasión en Madrid por un Boca-River que en Buenos Aires? Los miles de hinchas que tenían entradas para El Monumental pero que no pudieron permitirse viajar hasta Madrid te dirán que no. Los jugadores de River que soñaron con festejar su victoria en su propia cancha te dirán que no. Hasta los telespectadores que querían ver una fiesta histórica en El Monumental te dirán que no. El partido del Bernabéu nos dio un campeón, pero queda la sensación de que este partido, que se jugó a tantos kilómetros de donde empezó esta rivalidad hace 110 años no era la ‘Superfinal’ que todos esperábamos. El cambio de sede tuvo como consecuencia que el ‘Superclásico’ que todo el mundo quería ver, fuese un poco menos ‘súper’ y un poco más como ‘El Clásico’. Nos toca soñar que algún día una final de Copa Libertadores volverá a enfrentar a Boca y River, y que esta vez se juegue en el lugar donde surge esta rivalidad, en Buenos Aires. Donde los hinchas te hacen sentir que esto es mucho más que un clásico cualquiera, sino el mejor derbi del mundo. Después de todo lo ocurrido, nos quedamos con un sentimiento: este Superclásico no termina aquí.