Que Suecia se haya colado en los octavos de este Mundial de Rusia es una razón más para amar el fútbol. Se podrían buscar explicaciones en cambios estructurales, pero más allá de deducciones optimistas sería difícil encontrar algo más. Se cayó en la fase de grupos de la Eurocopa de 2016, se retiró la ‘generación Ibra’ y todo siguió igual. Trabajo y paciencia son los dos elementos con los que ha convivido futbolísticamente la nación nórdica.

Trabajo debido a que, si existió paciencia para romper con una generación y no una idea, es porque atrás habían unos chicos que habían ganado la Eurocopa sub-21 con un planteamiento calcado al actual basado en el talento defensivo y el sacrificio. Aquello se produjo en 2015 y fue mérito del técnico Håkan Ericson, hijo de Georg ‘Åby’ Ericson. Si el mundo se hubiese parado antes del Mundial de los Estados Unidos, la última victoria de Suecia en un Mundial hubiese sido con ‘Åby’ al mando en el Mundial de 1974 ante Yugoslavia. Así se las gasta la mítica familia Ericson, natural de Norrköping. El mismo enclave en el que por 1776 se representó ‘Romeo y Julieta’ por primera vez en Escandinavia. ‘Little Manchester’, así es apodada la ciudad sueca. El mismísimo Sir ‘Bobby’ Charlton aplaudiría que se le apodase como Teatro de los Sueños al Nya Parken, estadio del IFK Norrköping. La razón de peso para que así fuese sería la Allsvenskan conseguida por el IFK en 2015 teniendo como técnico a Janne Andersson, seleccionador actual de Suecia. Todo queda en una ciudad del oeste de Suecia. Otra vez, Inglaterra asomando la cabeza por Escandinavia. En relación a ello y como última referencia a la influencia colonizadora, quizá otro ingrediente que influyó en el devenir de Suecia fue el éxito de Islandia en 2016 para no buscar fuera y seguir apostando por la arraigada escuela inglesa.

Toca preguntarse qué ocurrió para que, sin Zlatan, las cosas hayan ido igual o mejor. Recordemos que con Ibra al frente Suecia fue capaz de alcanzar las eliminatorias en los dos Mundiales que disputó la estrella. La primera mejora que se divisa en el plantel de Janne Andersson es que se trata de un mejor equipo con individuales más discretas. Más allá del increíble trabajo táctico de Andersson, se ha llegado a este punto del cuadro por factores tales como una menor presión, una infinita capacidad de sufrimiento labrada en el tiempo y el cambio radical de valores en relación a Zlatan que supone disociar estrella (Forsberg) y líder (Granqvist). Con una generación campeona de Europa se podría haber buscado a alguien que volviese a deslumbrar, pero se buscó o se encontraron con que quien lo provocaría sería el equipo. Pocos jugadores con un gran ego han sido titulares con Janne.

 

Granqvist: ‘’Le tenemos mucho respeto a Ibra, pero yo no me sé estar quieto en el terreno de juego cuando pretende decidir por él solo, aunque provoque una confrontación’’

 

Donde no cabe duda que existe cambio es en el campo táctico, en el campo de las ideas. El ejemplo más claro es que Hamrén llegó a la Eurocopa de 2016 volviendo a un repliegue y juego hacia Ibra que no se había trabajado porque en su llegada como entrenador prometió una Suecia ofensiva. De una forma, a priori, incomprendible, quiso traer de vuelta la esencia de un denostado Lagerbäck que más tarde triunfaría con Hallgrímsson en Islandia. Hamrén, contigo empezó todo.

A Rusia se ha llegado con las ideas claras, con las que Suecia compitió a Italia, Holanda, Francia y Alemania desde 2016. Planteamientos que se cimentan sobre una versatilidad táctica encomiable con cinco nombres como protagonistas: Granqvist, Lindelöf, Forsberg, Toivonen y Berg. Cambio gigante conforme a 2016 con aquel Martin Olsson – Zlatan Ibrahimovic.

El entramado defensivo se basa en un recogido y poblado 4-4-2 plantado con un bloque medio y bajo con momentos de presión alta que acaba en ocasiones. Un bloque que ataca, sobre todo, las dudas del rival. Sobre todo por lo cerebral que resulta su presión, que busca anticipar o esperar según la situación.

 

Andersson: ‘’El trabajo de Ola Toivonen y Marcus Berg es el ejemplo perfecto de porque estamos aquí’’

 

Buscar al rival es efectivo debido a que Berg, Toivonen y Forsberg forman un triángulo al presionar, con Ola cubriendo al pivote, Emil al receptor y Marcus el espacio. Todo ello siempre y cuando seleccionen presionar sobre los 3/4, momento en el que enjaulan al rival en la salida de balón y que, sobre todo, permite un ataque rápido debido a que pasan a formar con un 4-3-3 con uno de los dos volantes incrustados en la medular. Tal disposición permite que se cierren los triángulos de pases y ayuda a que Larsson (o Svensson) se incorpore y sume pases horizontales para que el balón no vuelva más rápido de lo que viaja. Todo ello se puede llevar a cabo debido a que dosifican realmente bien tales presiones, ya que en el resto de partido manda el bloque medio o bajo con un 4-4-2 al uso que bascula realmente bien.

De aquí surgen otra vez los nombres propios, como Claesson o Forsberg con innumerables recuperaciones cerrando el espacio interior o Augustinsson y Lustig confiscando el área en paralelo a un impoluto Ekdal tanto por alto como por bajo, como si se tratase de un tercer central. Recursos de Janne Andersson que serían en vano sin el talento en las dos áreas. En la propia empezando con un Olsen que tapa mucho y terminando por un Granqvist imperial con y sin balón, que sencillamente gana cada duelo que se le presenta ya sea por tierra, mar o aire. Rompe líneas y destroza posesiones rivales. Con los mencionados duelos ganados (el que más ante Corea del Sur) por Granqvist se empezó a ganar partidos y con Lindelöf a guardar el resultado tanto por sus dotes por alto como en el desplazamiento en largo. Un respiro para Suecia, redondeado por Forsberg, Toivonen y Berg. Uno lanza, otro prolonga y Marcus dispara. Si estuviese Ibra quizá la Suecia de Janne Andersson se podría permitir soñar más fuerte. O no, simplemente todo seguiría igual. Como hasta ahora.